1.6.10

TULUM. LA CIUDAD DE LOS DIOSES DESCENDENTES

Por: Carlos E. Casero



Conocida en la antigüedad con el nombre de Zamá, que venía a significar amanecer o salida del Sol, hoy la conocemos con el nombre de Tulum que en lengua maya significa muralla, en clara referencia a la histórica muralla que la rodeó desde tiempos pretéritos (exceptuando el lado dirección Este y que está abierto al Mar), y que llegaba a alcanzar en algunos puntos hasta los cuatro metros de altura. Desde su estratégica posición costera ejercía de un claro observatorio natural desde el cual se podía contemplar fácilmente la salida y puesta de distintos cuerpos celestes, entre los que destacaría principalmente el planeta Venus. Tulum según todos los vestigios encontrados fue una de las principales ciudades mayas entre los siglos XIII y XIV, gracias sobre todo a la explotación de sus recursos marítimos que la convirtieron en un importante nudo de intercambio comercial con otras ciudades-estados del interior. También se benefició del hecho de haber sido el punto de embarque en dirección a la próxima Isla de Cozumel, la segunda más importante meta de peregrinaje en el antiguo mundo maya después de Chichén Itzá, donde cientos de peregrinos entregaban sus ofrendas en el templo de la diosa Ixycel.


Después de la llegada de los españoles en el año 1.518, la ciudad fue quedando poco a poco abandonada hasta ofrecernos su actual aspecto, donde destacan principalmente el edificio conocido como El Castillo y el Templo del Dios Descendente. El Castillo es la edificación más alta de toda el área, estando ubicada sobre un acantilado de doce metros de altura sobre el mar Caribe y se cree fue realizado durante varias etapas de construcción. El templo situado en la parte superior posee varios cuartos abovedados y en su fachada exterior aparecen dos columnas con la forma de serpientes emplumadas.
La totalidad de los edificios que actualmente podemos contemplar en Tulum y que fueron capaces de albergar a más de mil personas durante su periodo de máximo esplendor, pertenecen al periodo de ocupación prehispánica que los especialistas han denominado postclásico tardío (1.200 - 1.550 a. C.), sin embargo, existen algunos elementos que evidencian periodos más tardíos y que en algunos casos podrían remontarse a 400 o 500 años a. C.

Plano-guía del área arqueológica de Tulum.


Los arqueólogos y especialistas en el mundo maya coinciden en casi su totalidad en que, Tulum al igual que Chichén Itzá, fueron importantes centros de observación astronómica y que ambas a la vez fueron dedicadas a Kukulkán como representación de la Estrella de la Mañana, el planeta Venus o Señor del Alba, pues emergía por el horizonte desde el oriente con el resplandor del Sol. Tal vez por ello muchos de estos mismos especialistas identifican al Señor del Alba o planeta Venus con la figura descendente de una deidad alada que está representada en varios edificios de la ciudad de Tulum, y que incluso da nombre a uno de los principales edificios, el Templo del Dios Descendente, donde se puede apreciar una estas figuras sobre la entrada principal.
No sólo en Tulum, sino en otras ciudades mayas se pueden observar estas deidades con alas que salen de los costados y que dirigen su vuelo o descenso hacia abajo (Cobá, Sayil, Cichén Itzá, etc). Estos dioses son muy comunes entre el conjunto de pueblos mesoamericanos, y han sido interpretados en ocasiones como representaciones del Sol, otras de fuerzas de la naturaleza como lo sería el rayo e incluso con la abeja, uno de los animales más sagrados de las culturas indígenas americanas. Los mayas usaban un solo término para denominar a la tierra y a la abeja, “cab”, siendo la principal deidad de la tierra y la fertilidad la diosa Cabinal, la encargada de proteger las colmenas. El respeto y culto hacia estos pequeños insectos era tal en el mundo maya que, si encontraban una abeja muerta inmediatamente era enterrada para que retornase de nuevo a la tierra.

Distintas representaciones de los conocidos como "Dioses Descendentes".


Para los antiguos mayas la miel que producían las abejas era un producto básico, tanto para su consumo particular como para su comercio. La abeja llegó a ser venerada y representada bajo el nombre del dios Ah Muzencab (el que cuida la miel de la abeja), apareciendo como un dios descendente que está boca abajo y que parece caer en picado desde el cielo.


Todos los mitos y tradiciones como los que son recogidos por los Libros del Chilam Balam, una recopilación de tres volúmenes de antiguos manuscritos indígenas de la zona del Yucatán y que comparten muchos de sus pasajes con otros no menos antiguos mitos aztecas de la creación, otorgan un papel muy destacado a la figura de Ah Muzencab, la deidad de las abejas, miembro integrante de los “bacabs”, grupo de cuatro dioses hermanos encargados de sostener el Universo desde cada uno de los puntos cardinales y así evitar que se venga abajo. Es precisamente Ah Muzencab junto al pueblo de los “bolon-ti-ku” (habitantes del inframundo) quienes provocan el Diluvio cuando atacan al pueblo de los “oxlahun-ti-kú” (habitantes del cielo), de cuyas consecuencias derivó la extinción de una raza de hombres no inteligentes creados por los dioses que también narra otro de los textos más importantes mesoamericanos, el Popol Vuh, relato mítico de la creación de origen quiché-maya, donde entre otras aseveraciones podemos encontrar que los primeros dioses mayas vinieron de las estrellas, estos a su vez continuaron comunicándose con las estrellas mientras permanecieron en nuestro mundo, y al final, terminaron por regresaron a las estrellas.

No comments:

Post a Comment