11.2.16

No existio el matriarcado


 

 

¿Existe el matriarcado... y el patriarcado?: Feminismo y antropología.

 "Anular el matriarcado basándose en que las mujeres no gobiernan, a pesar del hecho de que ellas juegan un papel central en otros aspectos, siempre me ha sonado a androcéntrico, rozando la misoginia." 
Peggy Reeves Sanday, antropóloga.

"Si soy feminista y antropóloga (...) los colegas antropólogos me acusarán de etnocentrismo y las compañeras feministas de relativismo exagerado, de poca convicción política."Britt-Marie Thurén, antropóloga.



¿Existe el matriarcado?


Joan Manuel Cabezas, antropólogo, explica que lo que existe en occidente es un mito sobre el matriarcado, fruto de la burguesía occidental europea, y cuyo principal ideólogo fue Bachofen, (jurista y antropólogo suizo) con la publicación en 1861 del libro El Derecho de la Madre."

Según Bachofen, en los inicios de los tiempos hubo una época de gran tiranía sexual de los hombres, el ‘Hetairismo’, que causó que algunas mujeres se rebelaran y establecieran un matriarcado o ‘geritocracia’, en la que ellas sometían a los hombres, establecían la familia y los obligaban a casarse (de aquí nace el prejuicio aún presente de que las mujeres son las que obligan a los hombres a formar una familia o el mito de las Amazonas, como fantasía proto-masoquista de los hombres). 


Así surgió el mito del matriarcado “en el que se relaciona a las mujeres con la sociedad salvaje y primitiva, con la naturaleza, y que se contrapone al patriarcado que se asocia a la sociedad civilizada, política, industrial. Este mito también sirve como argumento para la dominación de los ‘salvajes’ de los pueblos que se estaban colonizando”

Según Cabezas ahora pasamos a ver el matriarcado que todavía existe en algunos pueblos del mundo, un matriarcado no como dominación por parte de las mujeres, sino de un sistema donde los dos sexos cooperan y se reparten el poder y las diferentes funciones sociales, con roles que no están ligados al hecho de ser hombre o mujer. Las mujeres, por supuesto, tenían poder, y esto se refleja en las diosas de diversas culturas, como las chinas Ma Tsu o Kuan Yin, las egipcias Isis o Nut o las griegas Demeter o Hera. Hay múltiples ejemplos de sociedades matriarcales a lo largo de la historia, como los Igbo en Nigeria, o los Bashi en el actual Congo."


Amadiume es una antropóloga africana que estudió su propia cultura (Igbo de Nnobi en Nigeria). Su libro documenta que antes del siglo XIX, la cultura Nnobi exhibía un fuerte principio matricéntrico/matrifocal en la organización familiar; madres e hijxs formaban distintas unidades económicas autosuficientes. Su sistema de género permitió crear la institución de las "hijas masculinas" (hijas que heredaban el patrimonio del padre y su linaje) y las "marido femeninas" (el matrimonio entre mujeres). Tras el colonialismo británico, el alto estatus social de la mujer fue suprimido por los sistemas occidentales de religión, educación y gobierno basados en principios patriarcales. De esta manera, la autora critica el actual etnocentrismo de los estudios sociales occidentales sobre la situación de las mujeres africanas.

Henrietta L. Moore también denunció el etnocentrismo de la Antropología y del Feminismo: la situación de las mujeres no puede medirse con parámetros occidentales porque lo que en occidente es valorado como dador de poder, en otra cultura puede no ser relevante para el estatus.

La antropóloga Peggy Reeves Sanday, quien ha vivido durante años entre los Minangkabau de Indonesia, opina de igual manera:

"Demasiados antropólogos han estado buscando una sociedad en la cual las mujeres controlan todos los aspectos de la vida cotidiana, incluido el gobierno”, dice Reeves. “Este modelo (y una perspectiva muy occidental sobre el poder) no encaja muy bien cuando observas culturas no occidentales, como los Minangkabau. En Sumatra Occidental mujeres y hombres se relacionan más como socios que desean alcanzar el bien común que como competidores gobernados por el egocéntrico interés propio. El prestigio social lo obtienen aquellos que promueven las buenas relaciones siguiendo la costumbre y la religión.”

Reeves ha pasado 21 veranos y algunos períodos sabáticos en una aldea Minangkabau. Los cuatro millones de Minangkabau, uno de los mayores grupos étnicos de Indonesia, viven en las montañas de Sumatra Occidental. Su organización social se basa en la convivencia de la costumbre matrilineal y una filosofía llamada Adat, en la que las ideas principales se expresan en el proverbio: 
“el crecimiento de la naturaleza debe ser un maestro.” 
Los Minangkabau creen que los individuos deben nutrir el crecimiento de los humanos, los animales y las plantas para lograr una sociedad fuerte. La idea de “nutrir” implica un énfasis de lo maternal en la vida cotidiana. 
“Mientras que Occidente glorifica la dominación masculina y la competencia, los Minangkabau glorifican a su mítica Reina Madre y la cooperación. Bundó kanduang es el título que significa "nuestra madre" y se refiere a la antepasada común de cada clan, así como a la madre biológica de la propia, y que coloca a las mujeres mayores en el centro social, emocional, estético, político y económico de la vida diaria, junto con sus hermanos.
A la pregunta de “quién manda”, los Minangkabau respondían invariablemente que la pregunta era incorrecta, que en su sociedad hombres y mujeres se complementan “como la uña y la carne”. Con la entrada del Islam, tras un período de lucha entre ambas creencias, se llegó a un acuerdo según el cual eran complementarias la una de la otra. Ejercer el poder mediante el uso de la fuerza o una actitud de dominación es la antítesis de la ética Minangkabau. El poder es desde un poder-crear lazos sociales y buenas relaciones.
Por influencia de los antropólogos, muchos de estos escritores evitan usar el término "matriarcado", sustituyéndolo por otros términos como gilania, matriz, matrístico, matricentral o matrifocal, para así evitar cualquier connotación de ginecocracia.

Yo prefiero retener el término "matriarcado", por cortesía y respeto al pueblo Minangkabau (...).

A Britt-Marie Thurén, también antropóloga, lo que no le gusta es hablar de patriarcado "porque me gusta más hablar de jerarquías o dominación basada en género: eso varía mucho en el espacio y en el tiempo, y está cambiando constantemente." 
"Como antropóloga me muevo en debates feministas con personas de otras disciplinas, veo muchas veces que dan ciertas cosas por hechas del patriarcado, y parten de realidades europeas. Entonces es mi obligación como antropóloga decir que no es necesariamente así y mostrar otros ejemplos. Pues una de las cuestiones fundamentales es saber cómo se reproduce el poder, cómo se reproducen diferentes circunstancias que hacen que unas categorías, los hombres, las clases sociales, tengan más poder y más posibilidades que otras."



El patriarcado es más o menos universal. Esto hay que matizarlo de muchas maneras, pero en algún sentido, en casi todo el mundo en muy pocas excepciones (y las excepciones dudosas) las mujeres normalmente tienen menos posibilidades que los hombres de su misma sociedad, de su misma categoría social, etc. Eso es triste, es por eso por lo que me he hecho feminista. 




Un hombre del público me dijo en una conferencia: "Entonces lo que estas diciendo es que el patriarcado es inevitable, si siempre ha existido y esta en todas partes no hay más remedio" (puso cara de contento ante esta constatación). Pero dije que no, porque hay cosas que nunca ha habido en el mundo y que en un momento dado empiezan a existir, como la agricultura. Los seres humanos estuvimos viviendo miles de años sin agricultura, ¿Por qué no va a empezar a suceder algo parecido con las relaciones de género? 

Podemos tener una esperanza de la evidencia abrumadora...

Más matriarcados:
 

http://www.aibr.org/antropologia/boant/entrevistas/MAR0301.html

Amadiume, Ifi, "Male Daughters, Female Husbands: Gender and Sex in an African Society." 
 
--


El matriarcado. Un mito antropológico

Representación de Diosa-Madre


Hace unos meses asistí a un curso sobre Políticas de Igualdad. Mi perplejidad se hizo patente cuando escuchaba hablar del patriarcado como contraposición a un supuesto y anterior matriarcado tomado como real (que habría existido realmente) y cómo esa tesis era aceptada como buena por muchos de los asistentes. Si uno intenta indagar seriamente en el tema se dará cuenta de que el matriarcado no existió de forma real sino que es un mito antropológico (creado por algunos teóricos de la antropología por sus deducciones pero que nunca llegó a existir en la práctica). Para adentrarnos en el supuesto matriarcado o gobierno de las mujeres en la sociedad, en algún momento y en algún lugar de nuestra humanidad hemos de recurrir a la Antropología y a la segunda mitad del siglo XIX.

En el siglo XIX la Antropología incluía un amplio campo de estudio desde la paleontología del cuaternario al folclore europeo, pasando por el estudio comparado de los pueblos aborígenes. En su segunda mitad se desarrollaron los llamados “evolucionismos”. El campo de estudio era el mencionado anteriormente pero el enfoque teórico para afrontarlo partía de que así como las especies evolucionaban de organismos sencillos a otros más complejos, las sociedades y las culturas de los humanos debían seguir el mismo proceso de evolución hasta producir estructuras complejas como su propia sociedad. 
 
El paso desde peces a reptiles, reptiles-aves y reptiles-mamíferos, primates superiores-homínidos y de la evolución de estos al hombre primitivo y de éste a las ciudades-estado (pasando por una evolución en sus creencias religiosas, en sus modelos sociales de gobierno con un inicial matriarcado en culturas de adoración a una diosa madre como las calcolíticas mediterráneas y de Oriente Próximo en oposición a una posterior evolución a tipos patriarcales que se darían en una amplísima zona donde se produjeron invasiones de indoeuropeos coincidiendo con la llegada de la Edad del Hierro; albergaría desde nuestra Península Iberia hasta el Indostán incluido), y de éstas a las civilizaciones hasta llegar a la actualidad.

Esa imagen que triunfó durante un tiempo en la historiografía no se sostiene desde hace unos 90 años (por la década de los años veinte del siglo XX). Rescatado quizá hace escasas décadas por grupos feministas a los que les encajaría genial un inicial gobierno de las mujeres en el que los hombres estarían subordinados por las armas, éstos se rebelarían contra ellas y ostentarían el poder subsumiendo a las féminas y desde entonces están conspirando para explotar y degradar al sexo femenino. Teoría disparatada cómo trataré de explicar a lo largo de estas líneas. Personalmente considero un error el enfoque de generar una guerra de sexos por mucho que hayan estado (que lo han estado y aún continúan en muchos aspectos) subyugadas las mujeres.

En un principio la Antropología se interesó por las mujeres casi exclusivamente por su importancia en los temas de parentesco, dentro de los que se incluye la polémica sobre si existió o no un sistema de organización social en el que las mujeres detentaran el poder.

Bachofen

Bachofen (1861), basándose en la mitología y en el derecho clásicos, sostiene la existencia de un matriarcado o ginecocracia y lo sitúa en un estadio de evolución humana anterior al patriarcado. Según el estudioso suizo, este matriarcado primitivo "se marchitó con el victorioso desarrollo" del patriarcado. Confunde “el gobierno de las mujeres” con la matrilinealidad o pertenencia exclusiva de la descendencia a la línea de la madre, como sucederá en los escritos de todos los antropólogos que, hasta Malinowski, sostendrán la existencia de un matriarcado primitivo.
Para Bachofen, la existencia de divinidades femeninas es prueba de que las mujeres dominaron la sociedad en algún momento de la historia porque, a su juicio, la tradición mítica refleja con fidelidad la realidad social y sus leyes.
Sin embargo, el culto a las diosas no implica necesariamente un estatus superior para las mujeres “de carne y hueso” y, mucho menos, que el poder estuviera en sus manos. Por el contrario, el culto a las divinidades femeninas puede interpretarse como una exaltación de las funciones reproductoras de las mujeres, fenómeno éste que se produce en el orden patriarcal que considera a las mujeres en tanto productoras de hijos.

Podríamos interpretar estos mitos como un recurso patriarcal para justificar que el poder se halle en manos de los varones, porque, al fin y al cabo, ya lo tuvieron antes las mujeres. Los mitos que narran la existencia de matriarcados primitivos podrían funcionar como legitimadores del poder masculino porque, de acuerdo a estos relatos, si las mujeres perdieron su estatus y sus privilegios fue por no saber gobernar con diligencia y justicia. Así, algunos mitos amazónicos cuentan que los varones vivían subyugados a las mujeres, las cuales poseían peligrosas vaginas dentadas. Los hombres se liberaron de la opresión femenina al arrancarles a las mujeres los dientes de sus vaginas y convertirlas en penetrables, podríamos añadir. Otros mitos, como el letuama y el macuma narran que las mujeres poseían los saberes de la caza, la pesca y la fecundación hasta que los hombres se rebelaron y vencieron al matriarcado, embarazando a las mujeres.


El Matriarcado (Bachofen, 1861)


Otras pruebas, irrefutables para Bachofen, de que los matriarcados existieron son "el mayor culto ofrecido a la luna, más que al sol, la preferencia mostrada por la tierra concipiente más que por el mar fecundante, por el lado oscuro de la muerte en la naturaleza más que por el luminoso del ser, por los muertos más que por los vivos, por la tristeza, duelo o luto, más que por la alegría (..)". Sin embargo, debemos tener en cuenta que la atribución de características femeninas a la tierra, la luna, la noche y la muerte y la concepción del cielo el sol, el día y la vida como masculinos es propia de los sistemas patriarcales que establecen una jerarquía en la que lo feminizado de la Naturaleza es inferior, oscuro, misterioso y peligroso y lo masculinizado es superior, luminoso, claro y dador de vida.

El matriarcado aparece dibujado por nuestro autor como íntimamente ligado a lo religioso, a la religiosidad oscura y lírica que rodea la adoración de deidades femeninas porque "...siempre que la mujer está situada en la cumbre, tanto de la vida como en el culto, se preservará el misterio con todos los cuidados". Es el misterio que envuelve la religión ginecocéntrica el arma que usaron las mujeres para arrebatar el poder concedido por las leyes naturales al más fuerte con "...manos más débiles".

Este matriarcado primigenio habría sido derrocado por el patriarcado cuando los varones descubrieron la paternidad, es decir al conocer su contribución biológica a la reproducción de la especie, que se traduce en el encumbramiento del masculino sol como astro más poderoso y venerado. El autor explica este cambio de gobierno recurriendo a la Orestíada de Esquilo, donde se narra cómo el derecho paterno vence al derecho materno tras enfrentarse, porque según las palabras de Apolo en esta obra: "Del hijo no es la madre engendradora/ es nodriza tan sólo de la siembra/ que en ella sembró. Quien la fecunda/ ése es su engendrador (...).
Lewis Morgan

El evolucionista Lewis Morgan estudia a los matrilineales amerindios iroqueses, en los que creyó encontrar el prototipo de ciudad matriarcal a la que Bachofen se refería. La organización social de estos pueblos permite a las mujeres controlar la economía cuya base es la horticultura Pero no puede hablarse de matriarcado porque, como han demostrado investigaciones posteriores, los representantes políticos son única y exclusivamente varones, luego la capacidad de decidir sobre asuntos que conciernen a toda la sociedad está vetada para las mujeres.

Del mismo siglo y perteneciente a la misma escuela teórica que Morgan, Maine, con su libro Ancient Law, en el que no sigue un planteamiento evolucionista, afirma la prioridad histórica del patriarcado sobre el matriarcado. Basándose en el derecho romano y en la India antigua, Maine considera que la primera comunidad humana fue la de los parientes agnados o hermanos que cohabitan con sus mujeres y su descendencia, o dicho de otra forma, afirma que la primera familia fue de tipo extenso patrilocal.

Malinowski

El debate sobre la existencia del matriarcado se cierra con Malinowski (sobre los años 20 del siglo XX) que aclara la confusión evolucionista entre matriarcado y matrifocalidad (descendencia perteneciente a la línea materna de manera exclusiva y residencia del matrimonio en el lugar de nacimiento de la mujer). Aunque es cierto que en las sociedades con matrilinealidad o matrilocalidad (residencia del matrimonio en el lugar de nacimiento de la mujer) las mujeres disfrutan de un estatus más alto que en las sociedades patrilineales (con descendencia de pertenencia exclusiva a la línea materna) o patrilocales (con residencia del matrimonio en el lugar de origen del varón). 
 
Esto no significa que el poder lo detenten las mujeres. Ahora bien, no es lo mismo para una mujer ser “la extraña en casa de extraños”, como ocurre cuando prevalece el principio de patrilocalidad, que vivir en el asentamiento donde se crió y donde vive su familia. De la misma forma, es distinta la cantidad de poder que puede ejercer una mujer cuya descendencia pertenezca a su linaje que otra mujer cuyos hijos pertenezcan al varón. Sin embargo incluso en estos casos el poder lo acaba detentando el hermano de la mujer, el sobrino de la tía, pero sigue estando en manos de hombres las decisiones económico-sociales y a día de hoy sigue sin demostrarse un solo caso de matriarcado en el mundo (ni actual ni del pasado).

La polémica sobre la existencia del matriarcado se retomó con el surgimiento de la Antropología del género y, en la actualidad, algunos sectores del feminismo sostienen que “el gobierno de las mujeres” primigenio fue una realidad y no sólo un mito.Teniendo en cuenta que las sociedades recolectoras/cazadoras de las que hoy se tiene noticia no son ni siquiera igualitarias, el patriarcado o sistema en que los varones poseen mayor poder y autoridad parece presentarse como la forma organización social que ha acompañado a los humanos desde que lo son.

Gorila de lomo plateado (Macho Alfa)

Las especies evolutivamente más cercanas al “homo sapiens” que pueblan hoy nuestro planeta (gorilas, chimpancés y orangutanes), observaremos que su organización es patriarcal y nuestros orígenes no debieron ser muy distintos a su situación actual. No afirmo que el patriarcado se lleve en los genes y por tanto, sea inderrocable, sino que el sistema de organización social de los grandes simios que también son seres culturales y con cierta capacidad de abstracción (aunque desde mi punto de vista no son capaces de significar esa abstracción o el simbolismo) como el de todas las sociedades humanas conocidas, el patriarcado. Si se puede sostener que todas las sociedades humanas son patriarcales sin que ello implique esencialismo, no debe parecer un determinismo biológico indicar como dato significativo para la antropología que las sociedades de otros primates cercanos (los gorilas, por ejemplo tienen un cociente intelectual de 70, como los humanos con deficiencia mental leve) también son patriarcales. Como se ha podido comprobar para el fenómeno de la agresividad masculina, Naturaleza y Cultura se hallan en una continua relación de retroalimentación pero la Cultura tiene el peso determinante. Por lo tanto en practicamente todas las culturas conocidas se tengan estructuras patriarcales tiene más que ver con una estrategia adaptativa que no con la sumisión de la mujer a lo largo de la historia (aunque la realidad nos indica que han ido de la mano).



Opino como Marvin Harris cuando decía en el capítulo “El macho salvaje” de Vacas, cerdos, guerras y brujas aquello de que el sexo que controle la tecnología de la defensa y de la agresión para la autosupervivencia del grupo será quien domine. Y que yo sepa en todas las culturas del mundo siempre se ha otorgado este control al sexo masculino. Se podría esperar si las mujeres han controlado la educación de los niños/niñas que formaran niñas solidarias y agresivas a la par que niños tímidos, obedientes, trabajadores y recompensándoles por ser pasivos y no agresivos. Las mujeres monopolizarían la dirección de los grupos locales, serían las responsables de las relaciones chamánicas con los sobrenatural, Dios sería llamado ELLA y se esperaría que la forma de matrimonio ideal fuese la poliandria (con una sola mujer controlando los favores sexuales y económicos de varios hombres).

Pero la guerra es la que acaba con todas estas posibilidades y obliga por los enfrentamientos armados a generar varones feroces para garantizar la supervivencia de ese grupo. ¿Acabando con la guerra acabaremos con la creación educativa de individuos agresivos que ya no son necesarios para la superviviencia del grupo? ¿Para conseguir esto tendríamos que acabar con tantos comportamientos sociales en los que sin ser conscientes premiamos ese tipo de individuos y los legitimamos socialmente y consideramos bobos y pasmados precisamente a los no agresivos? ¿Qué tipo de hombre, en general acaban eligiendo o prefieren las mujeres como su pareja?¿Al agresivo-chulito que genera la dominación?¿Al pasivo-tímido que no genera problemas? ¿Qué opináis? No obstante, lo que está claro es que el matriarcado como tal no deja de ser un mito antropológico, rescatado recientemente.


Chema García
 
 
 
 
-------------------------------------------------
 
Según el historiador Javier García del Toro:
“Nunca ha existido matriarcado en la historia”
 
Con motivo del día de la Mujer Trabajadora , el profesor Javier García del Toro, aborda en un escrito el tema del matriarcado en la prehistoria, aportando datos de hallazgos regionales que, en su opinión, contribuirían a echar por tierra que haya existido matriarcado en algún momento de la historia. 

Según el profesor, nunca ha existido matriarcado, se trata de un montaje falso, realizado en función de datos erróneos. 
Para ello pone como ejemplo el caso de una diadema de oro del año 2000 a . C., encontrada en la localidad de Cehegín, que hablaría de alguna manera de una especie de Matriarcado, de una consideración muy alta hacia la mujer en las sociedades primitivas. 

Estas consideraciones partían de la base –erronea según él- de que “para muchos historiadores está bien claro que quienes llevan collares, pendientes o diademas…, sólo pueden ser mujeres”, por ello, a menudo, se afirmaba que era una mujer la portadora de estos objetos, “sin estudiar siquiera el diformismo sexual osteológico de los cadáveres”. 

Circunstancias parecidas, contribuyeron, en su opinión, a fundamentar la creencia de que, en deteminados períodos históricos, existió un matriarcado. Esta afirmación sería, en su opinión, un error, ya que, en el caso de la diadema, ésta sería en realidad, una corona y pertenecería a un hombre. 

El profesor afirma que la mujer ha sido, sobre todo durante la historia antigua, simplemente “un instrumento que habla y una máquina de parir”. García del Toro afirma que, lo que sí existe, es una línea matrilíneal de parentesco, ya que en la prehistoria existían la poliandria y la poligamia, por lo que la línea de parentesco sólo podía establecerse a través del vientre materno. La mujer, era, en realidad, sólo “un depósito seguro de parentesco”. 

El profesor alude a otros testimonios regionales como el de las representaciones de danzas femeninas en los Grajos de Cieza y la Risca de Moratalla, considerados como testimonios de cierto grado de matriarcado. Según García del Toro, estas representaciones no poseen inequívocamente ese significado. Por el contrario, puede tratarse de representaciones de desnudos cuya finalidad sea exclusivamente representar a la mujer como objeto sexual. 

Para apoyar esta tesis de la escasa consideración que se tenía a la mujer en épocas pasadas, García del Toro alude a los collares de hierro de epoca romana que se obligaba a llevar a las esclavas, “exactamente igual que se haría con una vaca”. “Es una historia interminable –asegura el prehistoriador-: a la vaca se le siguen sus pasos por medio del cencerro, para que no se pierda, pues se trata de una propiedad de valor. Por la misma razón, a la mujer se le colgaba un collar de hierro con el nombre del propietario”. 

En caso de que intentase huir, se le grababa a fuego, en su propio cuerpo, la palabra FVG (‘fugite', huída). Para García del Toro, casos como estos no son más que la prueba palpable de que “la mujer siempre ha tenido que huir: hace tiempo del dueño o amo, y hoy del maltratador. Aunque ahora existe otro collar –éste con chip- para denunciar a la policía a su maltratador”.

19.1.16

Jade cong and bi mistery - CHINA

Jade Cong,China, Neolithic period, Liangzhu culture, c. 2500 B.C.E., 3.4 x 12.7 cm © 2003 Private Collection, © Trustees of the British MuseumJade Cong, c. 2500 B.C.E., Liangzhu culture, 3.4 x 12.7 cm, China © 2003 Private Collection © Trustees of the British Museum

Ancient China includes the Neolithic period (10,000 -2,000 B.C.E.), the Shang dynasty (c. 1500-1050 B.C.E.) and the Zhou dynasty (1050-221 B.C.E.). Each age was distinct, but common to each period were grand burials for the elite from which a wealth of objects have been excavated.

The Neolithic Period, defined as the age before the use of metal, witnessed a transition from a nomadic existence to one of settled farming. People made different pottery and stone tools in their regional communities. Stone workers employed jade to make prestigious, beautifully polished versions of utilitarian stone tools, such as axes, and also to make implements with possible ceremonial or protective functions. The status of jade continues throughout Chinese history. Pottery also reached a high level with the introduction of the potter’s wheel.

Neolithic Liangzhu culture

A group of Neolithic peoples grouped today as the Liangzhu culture lived in the Jiangsu province of China during the third millennium B.C.E. Their jades, ceramics and stone tools were highly sophisticated.

Cong

They used two distinct types of ritual jade objects:
a disc, later known as a bi, and a tube, later known as a cong.
The main types of cong have a square outer section around a circular inner part, and a circular hole, though jades of a bracelet shape also display some of the characteristics of cong.

They clearly had great significance, but despite the many theories the meaning and purpose of bi and cong remain a mystery. They were buried in large numbers: one tomb alone had 25 bi and 33 cong. Spectacular examples have been found at all the major archaeological sites.
Jade Cong, c. 2500 B.C.E. 49 cm high
Jade Cong, c. 2500 B.C.E., 49 cm high, China © Private Collection © Trustees of the British Museum

The principal decoration on cong of the Liangzhu period was the face pattern, which may refer to spirits or deities. On the square-sectioned pieces, like the examples here, the face pattern is placed across the corners, whereas on the bracelet form it appears in square panels. These faces are derived from a combination of a man-like figure and a mysterious beast.

Cong are among the most impressive yet most enigmatic of all ancient Chinese jade artifacts. Their function and meaning are completely unknown. Although they were made at many stages of the Neolithic and early historic period, the origin of the cong in the Neolithic cultures of south-east China has only been recognized in the last thirty years.
Cong were extremely difficult and time-consuming to produce. As jade cannot be split like other stones, it must be worked with a hard abrasive sand. This one is exceptionally long and may have been particularly important in its time.
Jade disc, or bi, Liangzhu culture, c. 2500 B.C.E., 18 cm in diameter
 
Jade disc, or bi, Liangzhu culture, c. 2500 B.C.E., 18 cm in diameter © Private Collection, © Trustees of the British Museum

Bi

Stone rings were being made by the peoples of eastern China as early as the fifth millennium B.C.E. Jade discs have been found carefully laid on the bodies of the dead in tombs of the Hongshan culture (about 3800-2700 B.C.E.), a practice which was continued by later Neolithic cultures. Large and heavy jade discs such as this example, appear to have been an innovation of the Liangzhu culture (about 3000-2000 B.C.E.), although they are not found in all major Liangzhu tombs. The term bi is applied to wide discs with proportionately small central holes.

The most finely carved discs or bi of the best stone (like the example above) were placed in prominent positions, often near the stomach and the chest of the deceased. Other bi were aligned with the body. Where large numbers of discs are found, usually in small piles, they tend to be rather coarse, made of stone of inferior quality that has been worked in a cursory way.
We do not know what the true significance of these discs was, but they must have had an important ritual function as part of the burial. This is an exceptionally fine example, with the two faces very highly polished.


Suggested readings:
J. Rawson, Chinese Jade from the Neolithic to the Qing (London, The British Museum Press, 1995, reprinted 2002).
J. Rawson (ed.), The British Museum book of Chinese Art (London, The British Museum Press, 1992).
The British Museum logo


© Trustees of the British Museum


-----------------------------------------


  Ritual implement (cong), approx. 3300–2200 B.C.E. China; Jiangsu province or Zhejiang province. Nephrite. C0urtesy of the Asian Art Museum, The Avery Brundage Collection, B60J603.

What is this object? Where does it come from?

Cong (pronounced tsong) are unusual jade objects found among the graves of the Liangzhu culture in the eastern province of Jiangsu, around Lake Tai, near present-day Shanghai. Cong are tubeshaped objects consisting of a circular tube shape with protruding square corners. They appear in short segments (like this piece) or in longer pieces with decorative sections along the length of the object.

What was it used for?

Cong tubes, along with the bi discs (see image below) that are often found with the cong, are some of the most enigmatic objects in ancient Chinese culture. They are the principle jade objects found in Liangzhu culture sites. Many interpretations have been given. Later Zhou and Han texts refer to the ritual use of cong and bi  representing the earth and the heavens, but we can’t assume this was their original meaning. Some scholars have suggested that the round/square shape may have developed from a bracelet shape. While it is unclear what their function is, cong are found in the tombs of people who must have held some important position or rank within the society.
Ritual implement (bi disc), approx. 3300-2200 B.C.E. China; Jiangsu province or Zhejiang province. Nephrite. Courtesy of the Asian Art Museum, The Avery Brundage Collection, B60J957.

Cong often carry minutely incised decorations showing mask-like faces. In this case, there is a small face on the corner of the cong, made up of two round eyes and a curved, oval shape suggesting a nose or mouth. Above the face are two rows of incised lines. Some scholars have suggested that these splitface designs might have influenced the later design of taotie masks on the bronzes from the Shang dynasty (approx. 1600–1050 BCE).

How was it made?

Jade is extremely hard and cannot be carved. It must be worn away with using drills or saws. Jades such as this would have taken a long time to create. Some scholars have suggested that these jades were heated, in order to be worked with such fine lines. Others have suggested they were ritually burned as part of the burial process. Burning or heating might account for the lighter color of some jade cong.

11.11.15

Misteriosos origenes de la civilizacion humana

RELIQUIAS DEL PASADO
La niebla espesa y gélida
Irrumpe sobre las ruinas venerables.
Jirones de vapor se condensan y disipan,
juguetones, en sus estancias quietas.
Hielos, escarcha y rocío,
lluvia, viento y frío,
se afanan en zapar los sólidos sillares.
Sus paredes esconden,
como testimonio mudo del ignoto origen,
tesoros de sabiduría,
reliquias de incalculable valor.
¿Quién hará hablar a las piedras?
¿Quién abrirá la boca de los muertos?
¿Quién descorrerá el velo del olvido?

En el canto I del Purgatorio de "La Divina Comedia" Dante escribe:
"Me volví a la derecha y me hallé enfrente
del otro polo, y vi en él cuatro estrellas
que sólo ha visto la primera gente.
Gozaba el cielo de sus llamas bellas:
¡oh viudo septentrión, pues que privado
tú por siempre jamás has de estar de ellas!".

Algo después, continúa con el siguiente párrafo:
"Y el guía: ¿Qué contemplas allá arriba?
Yo contesté: Las tres vivas centellas
cuyo ardor a este polo tanto aviva.
Y entonces, él a mí: Las cuatro estrellas
que viste esta mañana están abajo,
y éstas subieron donde estaban ellas".

Muchos estudiosos de la obra de Dante coinciden en señalar que el otro Polo no puede ser más que el Polo Sur; que las cuatro estrellas harían alusión a la Cruz del Sur; que las otras tres a su lado estarían constituidas por el Triangulum Australis; y que la primera gente serían antecesores que conocieron una bóveda celeste diferente a la que conocemos hoy día en el hemisferio Norte.
Todo ello despierta inquietantes interrogantes:
Dicho pueblo primigenio, ¿vivió realmente en el hemisferio Sur, en las antípodas de Europa, tal como parece señalar estos versos?
Y si realmente dicho hipotético pueblo existió y contemplaba un horizonte estelar diferente al nuestro, ¿cómo lo pudo saber un sabio florentino del siglo XIII? ¿Acaso disponía de unas fuentes de conocimiento hoy perdidas, o fuera del alcance del público general? Recordemos que no fue fue hasta el siglo XV cuando los portugueses atravesaron el cabo de Buena Esperanza, pudiendo observar las citadas constelaciones del Hemisferio Sur.
Son numerosos los relatos que hablan de un pueblo de dioses, ángeles o titanes que habitó el mundo hace más de diez mil años.  El libro egipcio de los muertos dice así:
“¡Oh Thot!
Respóndeme, ¿qué sucedió con
Los dioses a los que Nut dio vida en otros tiempos?
… Han engendrado guerras, desencadenado desastres,
Cometido calamidades, creado demonios,
Hecho estragos y destrucciones;
Pero también, al lado de estas Obras del Mal,
Realizaron grandes cosas”.

¿Sería ésta la raza a la que se refiere Dante en su "Divina Comedia"?
Piri Reis, autor del célebre mapa que aparece en pantalla, explica que lo había confeccionado a partir de una serie de mapas muy secretos y viejos que seguramente sólo él conocía en Europa, y que eran a su vez copias de otros aún más antiguos.
Este mapa ha levantado mucha polvareda, por una serie de circunstancias curiosas:
Obsérvese que la línea costera que aparece en la parte inferior de la pantalla coincide con la existente en realidad entre el cono sur americano y el litoral de la Antártida.
Por otro lado, África y Latinoamérica se encuentran separadas por la distancia correcta (lo que indicaría un conocimiento de la "longitud" geográfica). Y, lo que es más sorprendente: la proyección cartográfica se asemeja a la siguiente, con un punto focal situado en Egipto.
Son numerosos los científicos que, o bien han negado la autenticidad del mapa, o han despachado estas similitudes con el argumento de que son simples casualidades. Pero es imposible utilizar este calificativo con el siguiente mapa de Orontius Fineus, de 1531. Éste es de una autenticidad innegable. Su autor influyó sobre el famoso cartógrafo Mercator.
Aquí observamos que la tierra austral que él representa (300 años antes del descubrimiento de la Antártida) tiene una forma muy similar al continente helado, está correctamente encarada (con una desviación de 20º en relación a la realidad), y dibuja un perfil de las costas meridionales de África, América y sus islas principales de sorprendente perfección.
Es más, el relieve de la tierra austral es totalmente correcto, como podemos comprobar al comparar la orografía del mapa y del subsuelo antártico.
Éste es un hecho que ha llevado a algunos a validar este documento como un auténtico mapa con al menos 9.000 años de antigüedad. Sólo en el período conocido como Óptimo Holocénico, o en fechas en las que la Antártida estaba lejos del polo Sur, sus montañas podrían haber estado al descubierto para ser cartografiadas. En la actualidad son invisibles, pues están ocultas por una gruesa capa de hielo y nieve.
Pero hay un detalle que demuestra de forma incontestable la validez y la antigüedad del citado mapa. Obsérvese el extremo Sureste del continente Asiático. Éste es idéntico a como sería hace 12.000 años, cuando el subcontinente de Sunda todavía estaba emergido. Actualmente, de éste sólo subsisten las islas constitudidas por el archipiélago indonesio.
Y si todo ello no fuera suficiente para avalar la verosimilitud del origen antiquísimo de dichos documentos, obsérvese este mapa de África, con origen en la Geografía de Ptolomeo. En él se presenta, con total precisión y rigor, las fuentes del Nilo blanco y del Nilo azul.
No son pocos los que se sorprenden del conocimiento que los antiguos tenían del interior del África negra: en concreto, del nacimiento del Nilo Blanco, de las llamadas "Montañas de la Luna", y del pueblo de los pigmeos (llamados "akka"); tierras que fueron exploradas -por parte de occidentales- a partir de la segunda mitad del siglo XIX.
Aristóteles dice así:
"Las grullas van hasta los lagos situados más allá de Egipto, de los cuales nace el Nilo; por aquellas tierras viven los pigmeos, y esto no es fábula, sino la verdad pura".

El explorador inglés Richard Burton se preguntaba, en su célebre obra "Las montañas de la Luna", cómo es posible que tanto los hindúes como los griegos hayan colocado estos territorios en su lugar correcto, en unas áreas hasta entonces inexploradas por el hombre blanco.
Hay un aspecto todavía más curioso, y significativo, que podemos encontrar en la geografía de Ptolomeo: el norte de África aparece jalonado por unos ríos y unos lagos, numerosos e inmensos, que existieron en la realidad hace 9.000 años, durante el período conocido como Óptimo Holocénico. ¿Nuevamente una casualidad?
Es bien sabido que los antiguos fueron unos soberbios astrónomos. Antes mencionamos la incongruencia de que sociedades como los dogón africanos o los maya mesoamericanos, que a duras penas se encontraban en un estado neolítico de civilización, tuvieran tan amplios conocimientos astronómicos.
Todas las sociedades antiguas se han interesado, de un modo u otro, por los ritmos celestes, por fenómenos atmosféricos terribles o maravillosos, por ciertas peculiaridades del firmamento...
Es curioso que numerosas sociedades del mundo, alejadas en el tiempo y en el espacio, hayan fijado su atención en idénticos cúmulos estelares, signos zodiacales o fenómenos astronómicos. Las Pléyades, la agrupación estelar de Orión, la estrella Sirio, el planeta Venus, etc., son algunas de las luminarias que aparecen una y otra vez en los mitos y en las representaciones artísticas de los pueblos antiguos.
Todas las culturas se han preocupado por estudiar el movimiento de los astros en la bóveda celeste. No faltan, incluso, los que –como Giorgio de Santillana- deducen de ello que los antiguos tenían un buen conocimiento del fenómeno conocido como "precesión de los equinoccios"; es decir, del movimiento aparente de las constelaciones por el horizonte durante el equinoccio vernal, a lo largo del tiempo, por efecto del bamboleo del eje de rotación terrestre.
Diferentes culturas del mundo se han preocupado por estudiar los ciclos del Sol, la Luna y los planetas: los equinoccios, los solsticios, las fases lunares, los eclipses... Fenómenos que, en todos los rincones del planeta, han marcado de un modo u otro las vidas de millones de seres.
Culturas del mundo entero han diseñado y construido imponentes recintos para estudiar los fenómenos celestes, o para consagrarlos de una u otra manera. Curiosas alineaciones de monumentos o hitos se corresponden con la salida del Sol en los solsticios o equinoccios. Multitud de yacimientos arqueológicos dan fe de ello.
Nuevamente cabe preguntarse. Este extendido interés por la Astronomía, en muy diferentes sociedades, con diferentes niveles de desarrollo tecnológico, ¿es fruto de su desarrollo autónomo, o es consecuencia de un fenómeno de difusión cultural?
No sólo tenemos pruebas culturales para dar fe de la verosimilitud de esta tesis. Existen numerosos testimonios, en forma de marcadores, hábitos, costumbres o reliquias materiales que demuestran que, efectivamente, tal fenómeno de difusión cultural debió existir realmente.
Los ejemplos son numerosísimos. Y las coincidencias hablan por sí solas.
ALARGAMIENTO DEL CRÁNEO.
Sociedades de todo el mundo han practicado una actividad tan aberrante como deformar el cráneo de sus hijos, para mantenerlo anormalmente alargado.
CERBATANA-BUMERÁN.
La cerbatana, con diseño muy similar, está extendida por América y el Sudeste de Asia.
El bumerán era un instrumento de caza extendido por Europa, América y Australia. Su diseño tan peculiar hace improbable su invención por separado en diferentes partes del mundo.
DINGO.
El primer perro conocido en Europa era idéntico al dingo australiano. Éste llegó a Australia en barco. ¿Quién lo llevó?
MAÍZ.
Autores antiguos como Plinio describen el maíz con total precisión. Los africanos y los asiáticos ya lo conocían a la llegada de Colón al Nuevo Mundo. Los habitantes de Asia Central cultivan primitivas variedades de maíz, diferentes a las americanas. ¿Cómo es posible, si según la doctrina oficial éste tiene origen en América?
Antiguas palabras españolas, como "mazacote" o "mazapán", tienen un prefijo que alude al "maka" sánscrito; literalmente “maíz”. La lengua nahuatl (azteca) dispone asimismo del término "maza" (que significa puré de maíz).
Además, numerosos mitos americanos afirman que los antepasados encontraron el maíz en el interior de una montaña, llamada Tonacatepetl en México, Paxil en Guatemala y Tambo Toco en Perú. ¿Ello quiere decir que el maíz americano tiene origen foráneo? ¿Y si es así, quién lo llevó a América?
MANOS EN NEGATIVO.
Distintos pueblos han dejado una huella (en positivo o en negativo) de sus manos en las cuevas y los templos del todo el mundo. Muchas veces éstas fueron marcadas por mujeres, lo que denota una tradición matriarcal. Las más antiguas (de hace unos 25.000 años) las encontramos en Europa y Extremo Oriente; las más modernas (de hace unos 10.000 años) en Sudamérica.
MOMIFICACIÓN.
La momificación, con técnicas diferentes, la encontramos en el norte de África, en Asia y en América.
ALARGAMIENTO DE OREJAS.
El alargamiento de orejas es común entre polinesios, asiáticos y nativos americanos. Los moais de la isla de Pascua representan con claridad las “orejas largas” de los constructores de estos soberbios monumentos.
PARCHÍS.
El parchís es antiquísimo. Tiene carácter ritual, y es practicado en todo el mundo. En la India se llama "pachisi"; entre los aztecas era conocido como "patolli".
SACRIFICIOS.
En todo el mundo se realizaban sacrificios humanos en tributo a su dios principal. Eran comunes en las culturas precolombinas, pero también en las germánicas y célticas, así como en Canaán, Polinesia y el Sudeste de Asia.
BARCAS DE TOTORA.
La barca de totora es un tipo de construcción naval generalizado en el mundo. En todas partes tiene un diseño muy similar.
TATUAJE-TREPANACIÓN DEL CRÁNEO.
El tatuaje y la trepanación del cráneo son unas prácticas muy extendidas..
La trepanación es explicada por motivos terapéuticos o religiosos. En el primer caso, para extirpar tumores; en el segundo caso, para abrir -supuestamente- un tercer ojo.
TABACO.
El caso del tabaco es parecido al del maíz. Teniendo un origen pretendidamente americano, han sido descubiertos restos de tabaco en centenares de momias egipcias. Se piensa que era utilizado como desinfectante.
El cultivo y el consumo de tabaco es y ha sido tradicional en todo el Sudeste Asiático, mucho antes del descubrimiento de América. Sociedades tan "primitivas" como los semang de las islas Andamán o los nativos de Nueva Guinea Papúa lo consumían con anterioridad a la llegada de los europeos. Alfred Wallace, primer visitante occidental de Dorey, en Nueva Guinea, da fe de ello.
PATATA-BONIATO
Los nativos de Polinesia y del Sudeste de Asia cultivaban la patata y el boniato –también con supuesto origen en América- antes de la llegada del hombre blanco. Así lo testimonia el descubridor de Hawaii, James Cook.
Éstos son algunos de los muchísimos marcadores sociales y culturales que demuestran la existencia de contactos remotos entre sociedades muy distantes entre sí en el tiempo y en el espacio. Pero las coincidencias no acaban aquí. Las homologías son también observables en los corpus míticos, la simbología y los restos materiales de diferentes partes del mundo.
Un ejemplo lo tenemos en un relato muy característico que tiene como protagonistas un dragón, un héroe y una princesa:
"Cierto país es devastado por un monstruo o dragón acuático, que vive en el mar o en un lago. El dragón destruiría la entera población si no se le dotara regularmente de una víctima, generalmente una doncella virgen. Muchas de ellas han perecido de este modo, llegando el momento de sacrificar la hija del propio rey. Ésta es expuesta al monstruo, pero he aquí que llega un joven de humilde familia, que con arrojo y valor mata al monstruo, salva a la doncella, y como premio recibe del rey la mano de la princesa".
Esta historia la encontramos en Japón, en Vietnam, en Escandinavia, en Escocia, En Grecia o en Senegambia... Estamos hablando, por supuesto, de la leyenda de San Jorge y el Dragón.
En Japón el héroe es llamado Susa-no-wo, y la princesa recibe el nombre de Inada. En Grecia los principales protagonistas son, respectivamente, Perseo y Andrómeda. Distintos caracteres, pero una misma historia.
¿Sólo una casualidad? Como podemos observar a partir de las siguientes imágenes, el mito del dragón (o de la serpiente con alas de pájaro) es universal: lo hallamos en prácticamente todas las culturas del mundo.
En algunas, como en Europa, tiene connotaciones negativas; en otras, como en Asia, su papel es más positivo. Sea como sea, se trata de un residuo de una tradición muy remota que ha subsistido en muy distintos lugares.
Pero éste no es el único ejemplo:
ÁNGEL
DIOS BARBUDO
ATLANTES
DIOSAS MADRES
ESPIRALES
LABERINTOS
OMPHALOS
SVASTIKA
ESTRELLA DE SALOMÓN
RUEDA SOLAR
PILARES
PETROGLIFOS
Una homología universal especialmente interesante es la del símbolo conocido como MERU. Representativo de la montaña mítica en la que, según los hindúes, se encuentra el paraíso primordial (también llamado Jardín de Brahma), simboliza el centro del gran mandala que aparece en numerosas representaciones de diferentes religiones y culturas.
Éste, curiosamente, tiene gran similitud con los círculos que caracterizan a la Atlántida descrita por Platón. La palabra sánscrita “mandala” significa literalmente “círculo”. En el centro de éste hay un punto (o “bindu”) que representa el monte MERU, la montaña mítica que está en mitad del Universo. Así pues, el mandala es el contenedor circular del espacio sagrado, como podemos observar en numerosos símbolos de todo el mundo.
Ahora, más que nunca, es lícito preguntarse: ¿qué pueblo -si existió- difundió por las cuatro esquinas del mundo similares pautas simbólicas, religiosas y culturales?

4. ENIGMAS
Un mar embravecido
lame las cicatrices de la Tierra.
Por doquier encontramos
horrendas llagas de desolación,
supurantes de nostalgia y melancolía.
Las olas, compasivas,
restañan el dolor de la herida mal curada.
Con delicadeza, alivian el sufrimiento,
de un mundo huérfano,
y, generación tras generación,
se esfuerzan en borrar el recuerdo
de aquellos caminantes
que tan profunda huella dejaron
en los anales del tiempo y del espacio.

Destacados autores han dado vueltas y vueltas a supuestos misterios que proliferan en el resbaladizo campo de la Antigüedad.
Erich Von Däniken, Charles Berlitz, Juan José Benítez... Son sólo algunos de los que en un momento dado pusieron de moda el análisis fantástico de la Historia.
Creyeron ver naves espaciales en los relieves de sepulcros mayas; operaciones a corazón abierto en las piedras de Ica; pistas de aterrizaje en las estepas polvorientas de Nazca; o bulbos luminosos en ciertas representaciones egipcias.
Los especialistas serios, sin mucha dificultad, han desacreditado estas tesis revisionistas, y por ende, cualquier intento de formular teorías a partir de ciertas "analogías", o simples coincidencias más o menos superficiales.
Sin embargo, los supuestos "misterios" no se acaban aquí. Los encontramos repartidos por todo el mundo:
Aviones, con diseño moderno -e incluso aerodinámico- que no van a ninguna parte.
Enormes bolas de perfección absoluta que no se sabe para qué sirven.
Descomunales mensajes grabados en tierra que representan seres extraños, o figuras imposibles, sin que tengamos idea de a quién van dirigidos.
Peo esto no es todo; aún no hemos encontrado respuesta para los siguientes hechos:
AMÉRICA
Es harto conocido el mito de Viracocha en el continente americano. Tanto éste, como el Quetzalcoatl azteca, o el Kukulkán maya, son hombres-dioses, de considerable altura, que vinieron del extranjero, portando largas túnicas, calzando sandalias, y luciendo vistosas barbas. Éstas, como es sabido, resultan extrañas para la raza amerindia.
Estos soberbios arquitectos de estructuras ciclópeas eran hombres sabios y pacíficos educadores. Enseñaron a los nativos a dotarse de leyes, labrar la tierra y tallar la piedra verde (el jade).
Los etnólogos y antropólogos tradicionales descartan este mito, al considerar que menoscaba el protagonismo o el mérito de las culturas indígenas en la conformación de sus respectivas civilizaciones.
Pero la verdad es que son centenares los testimonios que los pueblos antiguos de América han dejado acerca de estos antiguos pobladores, que, según el mito, estarían detrás del inicio de la civilización en el hemisferio occidental.
Aquí contemplamos numerosas representaciones de “barbudos” precolombinos. Algunos con barba de chivo y rasgos orientales; otros completamente europoides y barba poblada; los hay con barba postiza, como la empleada por los antiguos egipcios; y también podemos encontrar imágenes de tipo caricaturesco.
Además, no son extraños los restos humanos que dan fe de la existencia de un pueblo de cráneo dolicocéfalo, de tipología europoide, en esta parte del mundo. Su antigüedad es a veces milenaria.
Los viracochas, hombres blancos de larga túnica y poblada barba, no estaban solos. Estaban acompañados por hombres y mujeres de otras razas, generalmente en posición de igualdad. En estas imágenes observamos representaciones precolombinas de negroides, europoides y mongoloides, todos en supuesta armonía entre sí.
En esta otra imagen, un europoide portando un turbante, azota con un látigo a un nativo americano.
La iconografía mesoamericana parece dar a entender que la forzada convivencia entre caucasoides, negroides y mongoloides por un lado, y nativos americanos, por otro, tuvo un fin abrupto cuando los primeros fueron exterminados, de forma sangrienta, por los segundos.
Aquí vemos a negroides y caucasoides en posiciones grotescas, tras ser posiblemente torturados.
Pero éstos no son los únicos testimonios que revelan, en América, realidades ignotas para las que la ciencia oficial no tiene explicación.
Tras el mito de El Dorado, la mítica ciudad de Manoa (que dio nombre a la capital de la Amazonía brasileña, Manaos), se ocultan multitud de tradiciones que nos hablan de ciudades perdidas en la selva, o en las neblinosas cimas de los Andes, habitadas por hombres y mujeres de rostro pálido y cabello rojo.
El español Juan de Castellanos describió con los siguientes versos, a mediados del siglo XVI, a los habitantes de la ciudad perdida de Manoa:
"Porque también afirman indios viejos
haver vecinos por aquel paraje
que en barbas y cabellos son bermejos...
Esto decían y muchas otras cosas".

Lo cierto es que la selva ha engullido a numerosos aventureros que, como el coronel británico Percy Fawcett, fueron en su búsqueda. Este explorador, inmortalizado en el cine en la figura de Indiana Jones, de Steven Spielberg, desapareció cuando andaba tras los restos de una civilización perdida, fabulosamente antigua, en el corazón profundo de América del Sur.
El reino legendario del Dorado, si es que no tiene nada que ver con enclaves como Tihuanaco o Sacsahuamán, en los Andes, no ha sido encontrado todavía. Pero hoy se sabe que la verdadera cuna de la civilización en América no se encontraba ni en Méjico ni en Perú, sino en plena selva amazónica.
Los hallazgos que dio a conocer el explorador y aventurero francés Marcel Homet así parecen atestiguarlo.
Existen otros restos arqueológicos y reliquias que invitan a replantearse la Historia tal como ésta nos ha sido explicada.
Estas figuras, talladas en una estela de la ciudad maya de Copán, representan indudablemente a dos elefantes montados por sendos hombres, por mucho que los arqueólogos convencionales nos traten de convencer de que se tratan, en realidad, de una pareja de guacamayos.
Éstas no son las únicas representaciones de elefante en la iconografía precolombina.
Aquí tenemos otros restos, constituidos por placas y monedas, tanto de piedra como de oro, que los estudiosos se han negado a estudiar, alegando que son falsificaciones. Aquí volvemos a encontrar la figura de un elefante.
Algunos de ellos, pertenecientes a la colección Crespi, de Ecuador, fueron recopilados por un misionero que ejercía sus funciones en la selva. Antes de su muerte, acaecida en 1982, aseguró que tales piezas le fueron confiadas por los indios del lugar. La ciencia oficial se ha negado a tomar en consideración estos objetos.
En definitiva, ¿cómo es posible que existan tantas y tan variadas representaciones del elefante en América? Recordemos que su pariente cercano, el mamut, desapareció en este continente con el fin de la era glacial, hace aproximadamente 12.000 años.
¿Estaríamos hablando de reliquias simbólicas de un pasado ancestral, introducidos en América por un pueblo foráneo de barbudos, proveniente de las selvas de Asia, único lugar donde existen elefantes domesticados?
AUSTRALIA
Ahora veamos esta representación que el explorador George Grey hizo de una figura pintada en una cueva del Kimberley Range, en el Norte de Australia. Compárese con una figura similar encontrada por el francés Marcel Homet en la cueva de Chulín (Argentina). Son muy parecidas.
Ambas figuras portan lo que parece un halo, pero que se podría tratar, en realidad, de un turbante, tocado muy común en diversas culturas del mundo.
Esta figura sería característica de los espíritus "nimi", los dioses del "tiempo de los sueños", o de la creación, que enseñaron a los aborígenes australianos a pintar sus célebres pinturas sobre roca, llamadas "wandjina".
¿Serían los "nimi" los hombres que pilotaban este barco? Pintado sobre corteza también en el norte de Australia, es anterior a la llegada de los primeros europeos. Como es ostensible, representa un buque con doble mástil, una puerta en el costado, y lo que parecen unos botes, similares a los empleados por los antiguos barcos balleneros.
La actividad ballenera no es extraña entre los polinesios y los habitantes de las islas del Sur de Indonesia, como ésta de Lamalera.
Son numerosas las representaciones de barcos en el Sudeste de Asia y el Área del Pacífico, similares a estas del Norte de Europa.
Lo que no es tan normal es la presencia de una puerta en el costado. La única embarcación de la que hay noticia, antes del siglo XX, con características similares, es la descrita en el mito del Diluvio bíblico:
"Hazte un arca de madera de ciprés. Haz compartimentos dentro de ella, y calafatéala por dentro y por fuera. La harás así: trescientos codos de largo, cincuenta de ancho, y treinta de alto. Pon la puerta del arca a su lado, y hazle tres pisos".
Hombres que portan turbante, que pilotan barcos balleneros con puertas en un costado... ¿Podrían tener algo que ver con el siguiente dibujo sobre corteza con origen en Australia?
Aquí aparece un personaje que calza sandalias, con cabello lacio, atacado por un calamar gigante. Los aborígenes australianos, pueblo de tierra firme como pocos, ¿como podían conocer a este fabuloso animal, el bocado favorito de la ballena gris, que vive en aguas profundas?
Sólo un pueblo marinero, y más concretamente ballenero, podría haber conocido al enorme cefalópodo que aparece en esta ilustración. ¿Tal vez el representado por este petroglifo, caracterizado por calzar botas, vestir manga corta, y tener cabeza de ave?
¿Sería dicho pueblo marinero, y más concretamente ballenero, el que dibujó los mapas que, con el transcurrir del tiempo, llegaron a manos de Piri Reis y Orontius Fineus? ¿Aquellos en los que la Antártida, y en general todo el Hemisferio Austral, aparecen perfilados con inaudita perfección?
Pero estos “príncipes navegantes” también harían acto de presencia en el Hemisferio Septentrional.
EUROPA
Ahora obsérvese esta placa circular, llamada comúnmente "disco de Phaistos". Este documento de al menos 3.700 años de antigüedad fue encontrado en Creta por una expedición italiana en el año 1908.
Si bien se localizó en un estrato arqueológico contemporáneo al tipo de escritura cretense conocido como "linear A", como es evidente, no tiene nada que ver con esta última.
Por otro lado, en el disco de Phaistos aparecen una serie de figuras y caracteres que, más que con el ámbito mediterráneo, tienen numerosos puntos en común con las culturas mesoamericanas.
DIVERSAS IMÁGENES
MAÍZ
La más chocante es sin duda la representación de esta mazorca de maíz, claramente perfilada y dibujada. Ello no nos debe extrañar si tenemos en cuenta que el escritor romano Plinio el Viejo, en su Historia Naturalis, describe así esta planta:
"En los últimos diez años ha sido introducido en Italia, procedente de la India, un tipo de mijo que tiene un color negro, con un grano grande y con un tallo como el de una caña. Crece hasta siete pies de altura, con pelos muy grandes -son llamados la crin- siendo el tipo de cereal más prolífico".

Así pues, el disco de Phaistos da fe de la existencia en Europa de una serie de rasgos culturales y tecnológicos que fueron compartidos por otras sociedades situadas al otro lado del Atlántico. ¿O tal vez dicha placa fuera un vestigio de otra sociedad muy anterior, madre de las culturas del Viejo y del Nuevo Mundo?
ÁFRICA
Es harto conocida la discusión sobre la auténtica edad de la esfinge de Gizeh. Mientras los egiptólogos convencionales le atribuyen una antigüedad algo anterior a las pirámides de la IV dinastía, cifrada en algo más de 4.500 años, los análisis geológicos parecen demostrar que su pauta de desgaste se acerca más a la erosión por efecto del agua, que a la erosión eólica.
Teniendo en cuenta que la esfinge ha estado cubierta, durante la mayor parte de su Historia, por gruesas capas de arena, un proceso erosivo tan severo se hace francamente difícil; especialmente en un clima tan árido como el del norte de Egipto.
Es por ello que numerosos geólogos se inclinan por sostener que la esfinge sólo ha podido adquirir su forma actual en un período climático mucho más húmedo y lluvioso que el actual, lo que nos lleva al menos al Óptimo Holocénico, 9.000 años atrás; cuando el Sahara era un vergel, y en sus sabanas y praderas ramoneaban grandes rebaños de vacas…
Como éstas que aparecen en las pinturas del Tassili, en el centro de este inhóspito desierto. Dichos animales eran criados por pueblos que, en esos lejanos tiempos, practicaban la ganadería, y que estaban dotados de una rica cultura, con atuendos y peinados refinados y sofisticados.
Su civilización comprendía –posiblemente- el uso de la escritura, llamada tifinag, que ha subsistido hasta nuestros días…
ASIA
Con la excepción de las soberbias civilizaciones del Indo y de la antigua China, el continente asiático ha sido desdeñado por la historiografía occidental, negando su papel central como foco de cultura y civilización.
Recientes hallazgos han hecho tambalear esta visión etnocéntrica. Hoy se sabe que numerosos rasgos civilizatorios tuvieron lugar en Asia milenios antes que en otros continentes.
Los primeros indicios de agricultura han sido hallados en Nueva Guinea, y son al menos cinco mil años anteriores a los que podemos encontrar en el llamado Creciente Fértil.
Los primeros ejemplos de trabajo del bronce han sido localizados en Tailandia, no en el medio Oriente, como se creía.
La primera cerámica la encontramos en el Sur de China y en Japón. 
La primera escritura pudo tener lugar en China, en fechas muy anteriores que en Mesopotamia o Egipto.
Pero es que además, en el Sudeste Asiático se han encontrado restos arqueológicos, acompañados por monumentos megalíticos muy similares a los que podemos encontrar en Europa, con un significado y un origen completamente desconocido.
Estos indicios nos hacen dudar de la doctrina oficial acerca de los orígenes de la civilización. Las contradicciones entre las tesis dominantes y las hipótesis alternativas las podemos encontrar incluso en numerosas obras de referencia, que si en algunas páginas se aferran a las explicaciones ortodoxas, en otras recogen otros hallazgos que desmienten las primeras.
Últimamente están apareciendo algunas posturas que empiezan a cuestionar, aunque con timidez, la doctrina imperante
La arqueología es una ciencia conservadora. Es de todos sabido. Pero algunas evidencias desbordan las expectativas más osadas de los estudiosos del mundo antiguo.
¿Cómo pudieron tallar los antiguos estas figuras de diorita, o de jadeíta, con tanta perfección, haciendo uso de sus primitivos instrumentos de piedra o cobre?
Los egipcios llegaron a moldear, por dentro y por fuera, jarros y vasijas de duros materiales pétreos. ¿Cómo lo hicieron? Con la tecnología actual ello es hoy día una tarea imposible.
¿Cómo pudieron tallar y dar forma los artistas precolombinos a estas sofisticadas calaveras de cristal de roca? Harían falta años y años de un trabajo paciente y minucioso para lograr, con sus rudos instrumentos, este magnífico resultado.
¿Cómo pudieron los egipcios hacer encajar con tanta perfección este hueco en un bloque de granito?
¿Cómo pudieron pulir y abrillantar, con sus escasas herramientas, estos supuestos sepulcros para bueyes sagrados?
¿Cómo pudieron los orfebres andinos fabricar platino, que exige un punto de fusión de 1770 grados centígrados, cuando ni siquiera conocían el fuelle?
¿Qué civilizaciones desconocidas desarrollaron estos misteriosos signos e inscripciones, repartidos por distintos continentes, sin que estén asociados a culturas reconocidas por la ciencia actual?

5. NUEVAS EVIDENCIAS
En el alto cielo
las nubes algodonosas dibujan
caprichosos diseños de vapor y viento.
Son retratos oníricos
de un mundo imaginario
poblado de fantasías y difusos recuerdos.
Ecos de un pasado muy lejano
que con el transcurrir del tiempo
ha poblado de dragones y sirenas
el abigarrado mundo de los sueños.

A mediados de los años 90 se realizó en Yonaguni, al este de Taiwán, un hallazgo que podría revolucionar el estudio de la Historia antigua.
Fue encontrada una estructura  subacuática de 120 metros de largo, 40 de ancho, y 20 de alto. Está conformada por bloques y paredes talladas en ángulo, orificios alineados, escaleras, muros, calzadas pavimentadas, esculturas, inscripciones, túneles, canales y terrazas escalonadas.
Tiene una orientación Este-Oeste en su eje más alargado, y se localiza a 23º30' de latitud norte, muy cerca del Trópico de Cáncer, lo cual tendría una importancia enorme para una cultura que practicara el culto solar.
Según el geólogo japonés Masaaki Kimura, esta estructura sumergida es indiscutiblemente antrópica, y su antigüedad sería, como mínimo, de unos 8.000 años.
Son muchos los geólogos que han objetado que este monumento responde a causas naturales. Lo más probable, según se piensa hoy día, es que fuera efectivamente una estructura natural retocada por la mano del hombre. Pero es indiscutible la intervención antrópica, especialmente cuando observamos que en sus proximidades se encuentran sumergidos monumentos como este ónfalo...
... Tan similar a estos otros que es posible encontrar en Japón o Corea. Y también en Brasil.
Pero es que además en todo el mundo hallamos ejemplos de estructuras con escalones irregulares, parecidas a Yonaguni...
O bien núcleos rocosos tallados, o incluso excavados, por el ser humano... Con un sentido que se nos escapa hoy día.
Otro detalle repetido es la presencia de agujeros excavados en la roca, parecidos a los que podemos observar en la superficie de Yonaguni. Los arqueólogos los llaman "copelas". Su significado es asimismo desconocido.
El simbolismo del templo escalonado ha persistido en el tiempo, incluso entre ciertos círculos de ocultistas. Esta pintura de Max Ernst, de 1935, ilustra sobre un lenguaje simbólico que únicamente ciertos "iniciados" parecen comprender.
Más recientemente, en una expedición submarina a cargo del científico cubano Manuel Iturralde, del Museo de Historia Natural de La Habana, con la colaboración de la ingeniera rusa Paulina Zelinsky, se ha localizado una inmensa metrópolis sumergida a 650 metros de profundidad, cerca de la península cubana de Guanahacabiles.
Imágenes captadas con sónar y cámara de vídeo permiten identificar claramente estructuras ortogonales, edificios e incluso esfinges. Dichos científicos hallaron cámaras cuadradas rodeadas de gruesas paredes, estatuas, o elementos megalíticos con figuras geométricas. Ambos consideran que su origen es indiscutiblemente antrópico.
Y no podemos olvidar el descubrimiento, efectuado hace ya algunos decenios, de las calzadas sumergidas de Bimini, o de estos restos enfrente de las costas libias, sumergidos a gran profundidad.
Pero para encontrar indicios de las andanzas de estos “príncipes navegantes”, no hay que ir demasiado lejos… Los encontramos, en Europa, muy cerca de casa… En nuestros inveterados “megalitos”.
Es común pensar que estos intrigantes monumentos, en ocasiones con un tamaño desproporcionado, son característicos de Europa. Pero la verdad es que los podemos encontrar en todo el mundo…
En África…
En América…
En Asia, tanto en Palestina, como en Extremo Oriente…
Y por supuesto, en Europa…
En ocasiones, la maestría de los antiguos supera todo lo imaginable. A los incas se les atribuye unas artes constructivas que, muy posiblemente, son mérito de otras culturas muy anteriores.
Técnicas similares, como el encaje de piedras con múltiples ángulos, han sido aplicadas en otros lugares…
Los expertos contemporáneos se han planteado numerosas hipótesis para tratar de explicar cómo los antiguos pudieron construir tan soberbios y descomunales monumentos. A veces acarreando piedras de más de doscientas toneladas a largas distancias.
Este monolito, por ejemplo, pesa 1.100 toneladas, lo que habría requerido una fuerza humana, para moverlo, equivalente a 16.000 hombres.
Lo mismo cabe decir de este obelisco inacabado de Asuán, con un peso de casi 1.300 toneladas.
Pero eso no es todo. Los encajes entre las diferentes rocas ciclópeas son tan perfectos, que ningún objeto, por pequeño que sea, puede atravesarlos…
La perfección de su talla salta a la vista si empleamos modernos instrumentos de medida, como el nivel o la escuadra…
Es notable el hecho de que tanto los antiguos egipcios como las culturas andinas emplearon parecidas técnicas para elaborar y colocar los bloques… Éstos son de similar factura.
Pero es aún más llamativo que los antiguos constructores debieron emplear muy potentes herramientas para pulir, serrar, perforar o trepanar la roca.
Algunos expertos señalan que, a la vista de los restos que nos han llegado, su velocidad y potencia debían ser superiores a los instrumentos de los que hoy disponemos.
Éste es el proceso que los romanos empleaban para tallar las rocas… Largo, laborioso, tosco y, sobre todo, primitivo… ¿Cómo es posible que los antiguos pueblos andinos, y los egipcios, dispusieran de técnicas infinitamente más potentes? La ciencia actual no tiene respuesta para ello.
La pirámide, el túmulo o la stupa representan tres versiones de un mismo símbolo: la montaña sagrada.
Distintos pueblos han erigido pirámides para enaltecer su culto a los dioses. Allí se han celebrado ceremonias, o se han enterrado reyes. En cualquier caso, la pirámide cobra una importancia central en las religiones de todo el mundo.
Las hay de tamaño descomunal…
… Y también otras que representan meramente un símbolo, como estos bloques piramidales de los alrededores de Ena, Japón.
Las encontramos en América…
En África…
En Canarias…
En Europa…
En Asia…
En Polinesia…
Algunas son de tierra; otras son de piedra; las hay escalonadas, truncadas, con escalones, etc. Las hay de todos tipos, pero todas expresan el mismo mensaje: el que se esconde detrás de la montaña sagrada.
¿El monte Meru?
Como es evidente, las más arquetípicas, o paradigmáticas, son las conocidas tres pirámides de la meseta de Gizeh.
La doctrina oficial asegura que fueron construidas durante la IV dinastía, y por consiguiente tienen una antigüedad de en torno a 4.500 años. Pero lo cierto es que intentos posteriores de imitar a los hipotéticos constructores de la IV dinastía acabaron en fracaso. Es por ello que no son pocos los que se cuestionan si estos monumentos no serían en realidad muy anteriores.
¿Habrían sido construidos por los mismos que levantaron la esfinge, si es que ésta tiene en realidad la antigüedad que le atribuyen los geólogos?
¿Habrían sido empleadas técnicas y estilos similares a los utilizados en las lejanas alturas de los Andes?
Los hipogeos, como las pirámides, jalonan la geografía mundial. Eran centros de iniciación, ligados a la tierra fértil, y por ello están asociados a la diosa madre y al laberinto.
En las cuevas los hombres prehistóricos imprimieron sus manos, en positivo o en negativo; en ellas plasmaron sus pinturas de magia simpática, con las cuales hacerse propicios a la divinidad en la caza o en la fecundidad.
Las cuevas han acompañado la espiritualidad y la religiosidad del ser humano. Las criptas de las catedrales son una reminiscencia de esta antigua tradición.
Hoy día podemos encontrar repartidas por todo el mundo multitud de galerías; algunas enormes, sin propósito definido, con un origen completamente desconocido…
Algunas, como éstas de Jerusalén, tienen proporciones gigantescas.
Ya la Biblia nos habla de ellas. En el libro de los Números se nos dice:
"Y desacreditaron entre los hijos de Israel la tierra que habían visto, diciendo: La tierra que hemos recorrido se traga a sus habitantes; el pueblo que hemos visto es de una altura agigantada.
Allí vimos unos hombres descomunales, hijos de Enac, de raza gigantesca, en cuya comparación nosotros parecíamos langostas".

Así pues, estas galerías eran habitadas por gigantes, y fueron construidas antes de la llegada de los judíos a la Tierra Prometida, en tiempos de Moisés.
A la vista de estas imágenes, es lícito preguntarse. ¿Cómo se las ingeniaron los antiguos para mover, tallar al milímetro, y sobre todo colocar estos imponentes bloques de piedra, a semejantes alturas?
Y sobre todo: ¿Por qué lo hicieron?

6. EL PUEBLO QUE NUNCA EXISTIÓ
Son miles, sino millones
Los que inútilmente buscan el sendero
que conduce a las puertas
del Paraíso Primigenio.
Legiones de idealistas que,
cual sonámbulos,
caminan despiertos
por el mundo de los sueños.
¡Retornad, hermanos!
Abandonad ese vano intento.
El camino de la verdad
no es tortuoso ni secreto.
Lo hallaréis en todo lugar,
en cualquier momento.
En el trino del pájaro,
o en la mirada –dulce y candorosa-
de la madre a su pequeño.

Tanto los megalitos como los hipogeos están asociados a una raza de gigantes. Los vascos los llaman "jentillak", o gentiles, aludiendo a su religión pagana. En Brasil, en la cuenca del Amazonas, eran pelirrojos con ojos azules. Levantaron la ciudad perdida de Manoa, y sus huesos reposan bajo grandes santuarios de rocas con forma ovalada, rodeados de enigmáticas inscripciones.
En el conjuro 141 del Libro egipcio de los muertos egipcio se lee:
"A la venerada diosa de cabellera rojiza; a la diosa, amiga de la Vida, cuyos cabellos flotan en el viento".

Los iroqueses de Norteamérica, los celtas irlandeses, los germanos, los hindúes, los griegos, los egipcios, los cananeos, los hebreos... Todos ellos hablan de gigantes, asociados a menudo a una raza de enanos, por lo general de raza negroide.
Los germanos caracterizan a Njord y a Notl como el primer hombre y la primera mujer, respectivamente. Como indica su nombre, ambos eran de raza negra. También eran negros los gnomos, o trolls, los cuales poseían una inteligencia sobrehumana. El dios egipcio Min, equivalente al Pan griego, compartía estas mismas características.
Gigantes pelirrojos frente a enanos negros. ¿Existe constancia arqueológica de ambas razas conviviendo juntos?
La primera evidencia la encontramos en Europa; en la Grotte des Enfants, no lejos de la ciudad francesa de Cannes. Al lado de dos cadáveres de niños se hallaron ejemplares de una especie de concha (Cassis rufa) que únicamente se puede encontrar en los océanos Índico y Pacífico.
En esa misma gruta, a setenta centímetros de un individuo de raza Crômagnon (europoide y de alta talla), se encontró un especimen de raza Grimaldi, caracterizado por sus rasgos negroides y por su escasa altura.
Como podemos ver en esta imagen, los individuos de la raza Grimaldi son tipológicamente idénticos a los negritos semang de Indonesia, Malasia y Filipinas.
Es precisamente en esta área donde podemos encontrar el hábitat natural de las conchas del tipo Cassis rufa.
Ello indicaría que en la más remota antigüedad, hace más de 20.000 años, existió un contacto directo entre individuos Crômagnon, con una talla media de 1,85 metros de altura, y otros de raza semang, semejantes a los actuales pigmeos del Sudeste de Asia.
Y por tanto, entre Europa y el lejano Extremo Oriente.
¿Estaríamos hablando de los gigantes y los pigmeos de los que habla la tradición? ¿Los mismos que encontramos, repetidamente, en el folklore europeo?
Ya sabemos que en América se pueden encontrar vestigios de pueblos caucasoides y negroides... Generalmente conviviendo juntos y en un plano de igualdad.
No son escasos los restos humanos que demostrarían la presencia de pueblos europoides, de cabellos rojos, en diferentes áreas culturales del mundo...
AMÉRICA
Pedro Pizarro afirmó que los miembros de la familia real inca eran altos, más blancos que los mismos españoles, y tenían los cabellos de color rojo.
Pero es en el norte de África y en el centro de Asia donde son más abundantes. Son los llamados "rutenu" en Egipto, y "arci" (o tocarios), en la provincia china de Xianjiang.
EGIPTO
GUANCHES
TOCARIOS
... Estos últimos se caracterizaban por la confección de prendas con diseños similares a los conocidos "tartanes" escoceses.
En esta imagen observamos cómo las sacerdotisas de este pueblo empleaban un atuendo muy similar al asociado a las brujas de los cuentos infantiles.
En algunos casos, podemos vislumbrar las trazas de esta antigua raza pelirroja por la costumbre, en muchos pueblos, de teñir sus cabellos de rojo.
Todavía quedan restos de esta población, en distintas partes del mundo, conviviendo con otras razas de la zona.
En Asia Central...
O en Polinesia. Aquí vemos a un nativo pelirrojo de la isla de Pascua, acompañando al navegante noruego Thor Heyerdahl. Los polinesios los llaman "urukehu".
Los "pukao", o tocados de los moai de la isla de Pascua, representan a los moños con los que los nativos se recogían el cabello. Como vemos, éstos tienen color rojo.
La tipología racial polinesia se acerca bastante a lo que es habitual en el entorno europeo.
Y encontramos, por último, numerosos ejemplos del arte egipcio o mesopotámico que nos presenta a individuos de estas características raciales.
En definitiva, tanto los restos arqueológicos como las evidencias etnológicas y antropológicas señalan que el mito de los gigantes y los pigmeos, los legendarios constructores de megalitos, hipogeos y montañas sagradas, puede tener un fundamento real.
Lo que está claro es que estas tipologías raciales, europoides y negroides, están repartidas por los cinco continentes, y son asociadas a los constructores de monumentos y de civilizaciones. Pero, ¿cuál es su origen?
Flavio Josefo, en su obra "Antigüedades de los Judíos", nos dice que el paraíso terrenal, donde se encuentra el árbol de la vida y el de la ciencia, se sitúa en el Oriente. El jardín está regado por un río, que corre alrededor de toda la tierra y está dividido en cuatro partes: el Ganges, el Eufrates, el Tigris y el Nilo; los cuatro grandes ríos de la Antigüedad.
Obviamente, dicho gran río es el río Océano del que hablaban los griegos.
Herodoto, en su célebre Historia, sitúa el país de Gerión, más conocido como Tarsis, en el Levante, más allá de las columnas de Hércules. Para llegar allí, partiendo de Grecia, Heracles hubo de atravesar la lejana Escitia, es decir, las estepas rusoasiáticas.
El estrecho de Sunda, en Indonesia, bien podría ser las columnas de Hércules de las que habla Herodoto. Y en el centro encontramos un volcán en activo, el Krakatoa, que según algunos tiene mucho en común con la montaña sagrada Meru.
El libro de Enoc coloca de nuevo el jardín del Edén en el Este del Este, en un país rico en especias, plantas aromáticas y resinas.
Los egipcios sitúan al misterioso país de Punt en un escenario similar.
Algunos de estos mitos ubican al Edén más allá del mar Eritreo; es decir, al Este del Océano Índico, que recibía ese nombre durante la Antigüedad.
Más allá del Índico está la India y, por supuesto, las Indias Orientales: las actuales tierras de Malasia e Indonesia; países por excelencia de las especias, del marfil y de todo tipo de artículos de lujo, que dieron pie a la existencia de la llamada Ruta de la Seda.
Pero hay un pasaje de la Biblia que es a este respecto especialmente significativo:
"Caín se alejó de la presencia de Yahvé y habitó el país en el país de Nod, enfrente del Edén".

Curiosamente, la ciudad de Edo (Tokio) se encuentra a escasos kilómetros de la ciudad de Noda. ¿Sólo una casualidad? Me atrevo a decir que no.
Edén, como Edo y Meru, podrían tener un mismo significado: "río de la montaña". Meru podría estar en la base de topónimos como Sumeria o Samaria, en los que el prefijo "sa" sería simplemente una partícula enfatizadora.
El Meru de la mitología budista, hinduísta o sinoaltaica podría tener algo que ver con el término hebreo "merom", que significa "montaña", o bien con el egipcio "mer", alusivo a la pirámide.
Esto no es todo. La isla de Borneo (o Brunei) tiene dos partículas, "Bor" y "Neo" que significan algo así como "tierra de Noé". Este mismo nombre recibe una región de Nigeria, que se llama literalmente Bornu.
El nombre del Noé bíblico lo encontramos extendido en mitos del Diluvio de todo el mundo. El Noé polinesio se llama Nuu, el Noé chino se llama Nu Gua, el Noé árabe se llama Nuh, el Noé fenicio se llama Uonos, el Noé egipcio se llama nuevamente Nuu, el Noé hindú se llama Manu... Y no olvidemos que el Manaos brasileño podría significar algo así como "agua de Noé", una manera de aludir al Diluvio.
El nombre del dios hebreo podría tener origen en la denominación de la isla principal del archipiélago indonesio: Java. Yava según la pronunciación sundanesa. De aquí derivaría Yahvé.
Son muchos los estudiosos que piensan que el nombre del dios único hebreo hace alusión a un territorio, un emplazamiento: más en concreto, una montaña. El monte Meru, situado en el Oriente. La montaña sagrada por excelencia.
En la isla melanesia de Tanna los nativos rinden culto a un dios llamado Yasur. Éste es un volcán. ¿Podría dicho Yasur representar al dios de los volcanes de los hebreos?
Significativamente, tanto las palabras Tanna como Yasur tienen desinencias en Israel. “Tanna” significa “alabar” en hebreo, y “Yasur” es un gentilicio muy habitual en esta lengua.
Posiblemente sea en esta región, en su mayor parte inundada por el Mar de la China Meridional, donde podamos encontrar los restos de la legendaria civilización atlante, que, hace más de diez mil años, resultó inundada en una noche, sin dejar rastro.
Tal vez de esta zona provendrían los prometeos que, en diversas partes del mundo, difundieron saberes y conocimientos, dando origen a las diferentes civilizaciones que conocemos hoy día.
Para localizarla habremos de adentrarnos en espesas selvas milenarias, donde bajo metros de maleza y sedimentos, quizás se escondan fabulosos tesoros todavía por descubrir.
Y habremos de escudriñar los fondos marinos de ese mar que, hace muchos años, albergaba valles lujuriosos y ríos caudalosos. Y quién sabe, tal vez también ciudades populosas.
Sea como sea, si queremos encontrar el auténtico origen de la civilización, hemos de clavar los ojos en las lejanas tierras de Oriente.
Allí donde se han encontrado las primeras evidencias de cerámica...
... Y de agricultura...
... Donde nació la arquitectura...
... Y tal vez la metalurgia.
Las lejanas tierras de donde brota, a borbotones, el mito y el misterio.