28.5.14

LA INVENCION DEL PASADO - Miguel-Anxo Murado






“La historia está siempre distorsionada, es parte de su naturaleza”

Miguel-Anxo Murado
Con ‘La invención del pasado’, este periodista, escritor, guionista y realizador de documentales desmonta muchos clichés sobre la importancia de los relatos históricos. Dice que los tenemos casi sacralizados, que los poderes los usan como sustitutos de la religión; que están llenos de concesiones a lo que la gente pide, sobre todo, para justificar nacionalismos. Que están llenos de fetichismos. El valor de su análisis es que logra darle la vuelta a muchas percepciones automáticas.
Miguel-Anxo Murado (Lugo, 1965) es escritor, guionista de cine y televisión, realizador de documentales, periodista y traductor. Hace cinco años desmontó en Otra idea de Galicia los tópicos y mitos historiográficos y populares de su tierra, ahora acomete una labor semejante con La invención del pasado. Verdad y ficción en la historia de España (Editorial Debate). Un libro apasionante y bien documentado en el que el autor busca restar la trascendencia que a veces le damos a la historia y despertar en el lector un sano escepticismo respecto a ella, máxime cuando acostumbra a utilizarse como arma arrojadiza en los agrios debates políticos nacionales. Murado hace hincapié en que la historia es inevitablemente imperfecta: su relato cambia con el tiempo, ficción y realidad tienden a confundirse, tiene enormes lagunas y es más un reflejo de nuestro presente y de las expectativas actuales que de nuestro pasado.
En el primer capítulo, a modo de prólogo, expresas la vocación de este libro: “que, cuando el lector termine estas páginas, su confianza en la historia haya disminuido considerablemente”. He de decir que yo ya era un desconfiado, pero ahora soy un desconfiado con datos. Si se me permite la maldad, a tenor de lo leído, no parecen mucho más precisos los libros de historia que las novelas históricas o las telenovelas.
Eso requiere un matiz. Por supuesto que la historia se basa en hechos, muchos comprobados, contrastables. El problema es que tendemos a pensar que la historia consiste en eso, en comprobar hechos. Y la historia no es eso, son las interpretaciones de esos hechos y las relaciones que establecemos entre ellos. El argumento del libro es que, puesto que nuestra mente es una mente literaria, nuestra manera de ver esos hechos y de ordenarlos acaba teniendo más que ver con nuestra imaginación, con nuestra fantasía, que con algo completamente objetivo y racional. La diferencia entre literatura e historia es que la literatura es un mundo en el que ni siquiera los hechos son reales, son imaginarios, se los hace verosímiles, y en la historia los hechos son verosímiles -por lo menos muchos de ellos-, pero, en el fondo, las relaciones entre ellos son parecidas a las de la literatura. Es una relación narrativa.
Cuando uno asiste a un acontecimiento que tiene reflejo en los medios de comunicación son muchas las ocasiones en que no reconoce el relato de lo vivido personalmente. Si esa distorsión se produce con lo vivido ayer, ¿qué grado de distorsión cabe suponerle a la historia?
Es la misma. En el fondo la historia no es muy diferente, en cuanto a memoria, de la memoria individual. Con la diferencia de que en la memoria individual nosotros somos testigos presenciales. El problema es que precisamente de nuestra experiencia como testigos presenciales, de nuestra experiencia al recordar cosas, extraemos esas conclusiones escépticas. El hecho de que no siempre recordamos bien, de que tendemos a reconstruir lo que recordamos. De hecho, cuando lo contrastamos con otras personas que también estaban presentes siempre hay una discusión, nunca hay la posibilidad de establecer con seguridad un recuerdo. La historia es parecida, en algunos sentidos peor. Es una memoria colectiva, ni siquiera la de un individuo, con lo cual tiene que haber una especie de acuerdo entre memorias. Y está además el problema de los textos, el hecho de que sólo podemos conocer las cosas a través de los textos; de los documentos, en general. Habría que hablar también de la arqueología pero, en realidad, en la práctica es con los textos con los que se hace historia. La arqueología u otras fuentes, como las orales, son una apoyatura, no son independientes, no pueden contar historia por sí mismas. Ese es otro aspecto del que quiero llamar la atención en el libro, que si no hay textos no hay historia y los textos son muy imperfectos, sobre todo cuanto más atrás vamos en el tiempo. Y cuanto más cerca estamos en el tiempo se produce un fenómeno distinto, pero también muy distorsionador, que es que hay demasiados textos. Hay un exceso de voces y hacer una selección de ellos es, al final, casi igual de arbitrario que cuando uno tiene muy poco donde elegir.
Uno de los hechos para la desconfianza en la fiabilidad del relato histórico, sobre todo cuando hablamos de acontecimientos más alejados en el tiempo, es que la interpretación se produce a partir de documentos que rara vez son contemporáneos a los hechos. ¿Qué fiabilidad tienen ese tipo de documentos?
Ese es un problema muy serio para partes enormes de la historia, del pasado. No tenemos documentos contemporáneos para muchos de los hechos importantes de la historia. Tenemos textos tardíos, a veces separados por cientos de años de los hechos que cuentan. Basta que pensemos ahora en cómo sería intentar entender algo que haya ocurrido hace 200 años en nuestra familia, simplemente a partir de la memoria oral. Ese es un experimento que puede hacer cualquiera. ¿Qué nos ha llegado, por ejemplo, a través de la memoria oral familiar, de nuestros bisabuelos? Y no hablamos más que de dos o tres generaciones. No nos ha llegado prácticamente nada, como mucho el nombre, quizá una fotografía, alguna anécdota, pero prácticamente nada. Si no tenemos textos contemporáneos no podemos estar nunca seguros de que quien ha escrito ese texto a posteriori tuviera realmente información. Si no aparecen textos intermedios, muchas veces hay que pensar que el que ha escrito ese pasado tan remoto simplemente se lo ha imaginado o lo ha inventado o ha utilizado clichés para construirlo por asociación, por intuición. Yo pongo el ejemplo de las vidas de santos. El hecho de que se parezcan tanto se debe a que los que las escribían no tenían lógicamente ni idea de las vidas de las personas sobre las que escribían porque habían ocurrido muchísimo antes, porque no había documentos, y lo que hacían era tirar de un arsenal de anécdotas, de milagros, que se repiten porque son buenos, porque funcionan, porque tienen éxito. Hay tendencia a imaginarlo todo siempre de la misma manera.

¿De qué periodos históricos de la historia de España tenemos una idea más distorsionada?
Lógicamente cuanto más atrás más distorsionada está. Por ejemplo, de todo lo que es anterior a la conquista romana no tenemos documentos o tenemos muy pocos, arqueología. Pero, como decía antes, la arqueología no es una ciencia independiente, necesita un marco para interpretarla y ese marco lo proporcionan los textos. Cuando no los hay, es muy difícil hacer historia. Se puede hacer etnología retrospectiva, antropología retrospectiva. Se puede deducir cómo vivía este pueblo que vamos a llamar los celtíberos, qué tipo de instrumentos tenían, cómo era más o menos su sociedad… ¡Bueno! Algo se puede saber de eso. Lo que no podemos saber es su historia, los hechos, los detalles, no podemos conocer el transcurso de su historia. A partir de la conquista romana tenemos documentos, pero son documentos que conciernen a la manera de entender la historia de los romanos, que eran escritores, no historiadores como nosotros los entendemos. Ahí tenemos otro problema. También tenemos vacíos historiográficos gravísimos a lo largo de la Alta Edad Media. Yo diría que hasta la modernidad, hasta que empieza a haber un uso sistemático de registros, de archivos, etcétera, lo que tenemos es muy poco. Y a partir de ahí, lo que tenemos es más pero tampoco es la panacea. Cuando no es el tiempo el que hace la selección de los documentos -destruyendo documentación, si es que la había-, se hace de otra manera. Por ejemplo, de Isabel la Católica tenemos muchas crónicas, pero son las crónicas que se permitió que sobreviviieran, aquellas que la legitimaban, no las que daban el otro punto de vista. De eso tenemos muy poco. Y así sucesivamente. Cuanto más atrás vamos en el tiempo más distorsionada está, pero la historia reciente también está distorsionada por otros motivos. Dicho esto en el sentido de que la historia está siempre distorsionada, es inevitable que lo esté, es su naturaleza. No creo que eso sea en sí algo malo, que se pueda corregir. Está en la naturaleza de la historia el estar distorsionada, ser un reflejo siempre deformante.
Cuanto más detallado y detallista es un documento, más sospechoso resulta. Parece un contrasentido.
Sí, parece un contrasentido pero no es exactamente que cuanto más detallado es sino que, el fenómeno de la paradoja del detalle, a lo que se refiere es a que conforme va pasando el tiempo, y sin que aparezcan otros documentos, otros datos, se observa este fenómeno curioso, en la Edad Media sobre todo, de que el relato se va adornando con detalles nuevos que evidentemente no salen de ningún lado más que de la imaginación o porque se contagian de otro texto o lo que sea, pero está claro que no es que alguien en el siglo XV sepa más que alguien en el siglo XII. Si no hay documentos de por medio no se puede saber más. ¿Por qué se va haciendo más detallado? Por lo mismo que cuando a nosotros nos cuentan un rumor. Nosotros lo transmitimos, lo adornamos para hacerlo más interesante y esa persona a la que se lo contamos vuelve a adornarlo también, vuelve a añadirle detalles. Eso sucede mucho en la actualidad con el periodismo, no hay que irse necesariamente a la Edad Media. En el periodismo actual una noticia a veces se adorna con hipótesis, aclarando que son hipótesis, pero en la siguiente transmisión la idea de que son hipótesis desaparece y eso ya se incorpora a los datos, se convierte en parte de las noticias. Muchas noticias que vemos todos los días en la televisión, en los periódicos, contienen ese elemento de leyenda urbana que, naturalmente, los buenos periodistas procuran evitar y muchas veces consiguen desmentir pero el problema -y esto vale para el rumor, para la leyenda urbana, para el periodismo- es que el rumor siempre se expande más rápidamente que la noticia porque es más interesante, tiene más elementos que llaman la atención del público.
Una historia más seria, más certera, quizá sería una historia menos interesante para el público…
Sí, de hecho así es. La historia más científica, la más académica, la más rigurosa, es minoritaria, no sale realmente de un ámbito muy reducido de especialistas y eso es, en gran parte, porque es difícil de leer, es muy seca, no tiene esos elementos narrativos o muy pocos de esos que llaman la atención de la gente. De hecho, es muy significativo que, cuando se escribe divulgación histórica, se insiste mucho en que se haga divertida la historia. Porque, efectivamente, la historia en crudo, la historia más científica, es aburrida para la mayor parte de la gente, sólo es interesante para los especialistas.
La historia de Pelayo y la ‘batalla de Covadonga’ es un cuento moral de redención con analogías en la Biblia y en las vidas de santos. El relato de la transformación de la península en reino musulmán está configurado con “leyendas creadas a partir de leyendas”. El asedio de Numancia es “un calco del episodio anterior de Sagunto” y el relato del suicidio de todo un pueblo ante el cerco de los invasores es el mismo que el del asedio romano de Masada y otros semejantes. Supongamos que todo son leyendas y cuentos morales. Esas leyendas, esos cuentos morales, ¿qué nos dicen del pasado? ¿Nos ayudan en algo a descifrarlo?
Sí nos ayudan pero hay que entender qué uso les podemos dar. La historia de Numancia no nos dice nada sobre lo que ocurrió en Numancia. A lo mejor Numancia fue destruida en una batalla, pero evidentemente no fue destruida de la manera que cuenta Tito Livio, como conocemos en la historia convencional, tradicional, del asedio de Numancia. Pero, en cambio, para un historiador de Roma sí es interesante ver el hecho de que ese cliché se repita en la historiografía romana. Nos dice algo sobre los romanos, no nos dice nada sobre los celtíberos, pero sí nos dice que los romanos tenían, vamos a decir, esa fantasía, que quizás es bastante transparente, fácil de entender. Significaba que los bárbaros eran valientes y por tanto para Roma tenía mérito derrotarlos, no era una cosa fácil. Por otra parte, en cambio, decía que su valor era muy grande pero que era un valor irracional, absurdo, no era racional como el de los romanos y, por lo tanto, en el fondo eran bárbaros, no eran tan civilizados como los romanos. ¡Eso es lo que quiere decir la historia de Masada y la historia de Numancia! Eso y que es una buena historia y que Tito Livio quería que le leyeran y que le leyeran con interés, por lo que tenía que darle gracia a sus relatos. Y además tenía que contar algo, porque hay que pensar que sabían muy poco de las cosas que ocurrían. No era fácil conseguir información. Y además no importaba. De la misma manera que hoy en día un guionista de cine histórico te dirá: “Sí, tenía documentación muy precisa sobre cómo fue esta batalla, pero tal y como estaba no era lo suficientemente espectacular, la hemos hecho más todavía”. Pues igual que hacemos nosotros ahora hacía Tito Livio. Eso es lo que nos dice el episodio de Numancia. Lo que no nos dice nada, efectivamente, es sobre Numancia en sí misma.
Aseguras que “todo relato histórico tiende también a ajustarse a un esquema predeterminado que lo condiciona, a veces hasta el extremo de deformarlo”. Añades más adelante que “esta es la razón por la que las narrativas nacionales se parecen tanto”. Y concluyes: “Cuando nos encontramos con que un universo de datos tan caótico como la historia repite siempre una pauta, podemos estar casi seguros de que estamos ante un fenómeno construido, en el sentido de que no refleja la realidad sino nuestras expectativas”. ¿Cómo funciona ese esquema predeterminado del que hablas, cómo llega a deformar la historia y por qué la historia es un reflejo de nuestras expectativas?
Para empezar, la historia es un género de escritura. No voy a decir un género literario, porque se puede prestar a malentendidos, pero es un género de escritura o, por lo menos, está compuesto por varios géneros. Cuando uno escribe historia escribe de determinada manera y dentro de unos moldes. Esos moldes hacen que esos relatos se acaben pareciendo mucho. Los historiadores se fijan nada más en determinados hechos que a nosotros nos interesan. A lo mejor no eran los que más interesaban a los que los vivieron pero para nosotros ahora son los más interesantes. Y claro, todos los historiadores de todo el mundo se fijan en las mismas cosas, las cuentan de una manera parecida, con una narrativa parecida, y las historias se acaban pareciendo mucho. Y la historia nacional, que es a la que se refiere esa parte del libro, los relatos nacionales, son muy parecidos porque todos cumplen la misma función de legitimar el Estado, de legitimar la idea de la nación. Es un tipo de historia que nació con el nacionalismo, porque toda historia nacional es nacionalista por definición, por esencia. Antes de eso había otros tipos de historia. El padre Flórez escribió una historia eclesiástica de España, toda la historia está centrada en qué hace o deja de hacer la iglesia. Hoy en día ya no se escriben ese tipo de historias o se escriben otras historias sectoriales. Por ejemplo, desde que existe el feminismo, la historia de las mujeres. Hay historias económicas… La historia nacional, como género, tiene esa finalidad de legitimar el Estado, la de hacer ver que los Estados que existen en el periodo de los Estados nación son antiguos, que tienen continuidad y, por lo tanto, tienen legitimidad, que su territorio legítimo es el máximo que ha llegado a tener en algún punto de la historia –lo cual es un problema porque eso hace que se solapen varios Estados a la vez-; todas esas cosas son las que se busca con la historia nacional. Y puesto que todas las historias nacionales buscan lo mismo también es otra razón por la que tienden a parecerse.
Si nos atenemos al relato dominante del nacionalismo español, a la historia canónica de España, ¿en qué medida se ha modificado el pasado para satisfacer unas expectativas?
Es curioso porque ya no se estudia la historia nacionalista. Es decir, el discurso nacionalista clásico de la historia, el que construyó (Ramón Menéndez) Pidal y luego se refinó, o más bien se distorsionó más durante el franquismo, ya no se estudia desde hace muchos años. Y sin embargo, a mí me parece un fenómeno interesante ver que es el que está presente, es la historia que la gente sabe. Los historiadores lo desprecian, consideran que es una visión trasnochada y superada de la historia, pero esa opinión no trasciende apenas a la gente de a pie. La historia que todavía le gusta y, si sabe algo de historia, la que conoce, es esa historia mítica. Yo creo que la razón es la de antes, que es una historia literaria, que está pensada para gustar, para convencer, para crear grandes ejemplos, grandes héroes, batallas… La gente, cuando habla de esa historia, habla casi como de un culebrón o de una película, de que si Alfonso VI dijo o hizo tal cosa… Todo eso son, por supuesto, fantasías, es literatura más que historia, pero esa es la historia que la gente sabe. Por tanto, no importa mucho que ya no se enseñe, que no haya un proyecto colectivo y deliberado de convertir eso en el imaginario histórico español porque ya lo es. Fue un éxito y no tan sólo a través de la enseñanza sino también a través de la pintura, del cine –cuyas imágenes históricas son consecuencia de la pintura histórica-, se ha creado una imagen histórica, una imagen del pasado español, que es muy nacionalista. Lo es también en los demás países. Y ya no importa que los historiadores serios, académicos, le nieguen validez. No importa porque ha tomado vida propia, ya es la manera en la que la gente entiende el pasado. Esa gente rechaza otra manera de entender la historia y además de una manera a veces beligerante. Por ejemplo, padres de alumnos piden que se vuelva a enseñar una historia cronológica de reyes y batallas, de hechos gloriosos, etcétera. Lo que están pidiendo es eso, que se vuelva a oficializar. ¡Por supuesto es imposible! Es la historia que saben, que les gusta y que además les parece que es el pasado de verdad y no esas cosas de los catedráticos que lo discuten todo, que ponen en cuestión glorias del pasado y nos hablan nada más de la economía. Ese tipo de debate, que nos parece ingenuo, revela que el discurso nacionalista de la historia ha tenido tanto éxito que incluso los propios historiadores no son capaces de cambiarlo por otro más científico, más riguroso.

Con Carlos V y con Felipe II “no estamos ante la historia de España, sino ante la de Europa”. Vamos, que nunca hemos sido gran cosa ni hemos jugado en la Champions imperial de la historia.
Esa parte sirve para entender que todo es una cuestión de perspectivas y que es un error proyectar las categorías del presente en el pasado y hablar de España. Ya en la Edad Media es absurdo, pero incluso en épocas más recientes. En la época de Carlos V hablar de España como hablamos hoy en día, como si fuera un Estado nación soberano, no tiene ningún sentido. La manera como entendía Carlos V sus posesiones era la de unas posesiones dinásticas, inmobiliarias, como unos territorios que pertenecían a su familia y de los cuales él era el propietario, nada más. No podemos hablar del Imperio español, era el Imperio Sacro Romano Germánico en el que Castilla y Aragón, no España en sí –que era más un concepto geográfico-, pero también el Milanesado, Flandes…, eran partes de ese imperio universal, de esa monarquía universal, que era en realidad como se le llamaba. Normalmente no se le llamaba siquiera imperio. Se utilizaba a veces el término, pero el preferido era siempre “monarquía universal”.
“La historia es un combate entre narrativas en conflicto en el que gana la que cuenta con más poder para imponerse”. Las demás versiones “se vuelven inverosímiles a fuerza de resultarnos poco familiares”. Resulta obvio que de la historia se utiliza hoy con el propósito de refrendar y reforzar idearios propios y debilitar ajenos. Los diferentes nacionalismos españoles hacen en ese sentido un uso utilitarista de la historia. ¿Alguno de esos relatos está libre de sospecha?
No, realmente no, porque un relato nacional, un relato nacionalista, parte ya de una premisa que es abusiva: la idea de que los protagonistas de la historia son las naciones. Ya sólo esa idea en sí misma es anacrónica para la mayor parte de la historia, para cualquier periodo anterior por lo menos al siglo XVIII e incluso al XIX. Hablar de naciones antes de ese periodo es incurrir en un anacronismo. La idea de que hay un hilo que nos conecta con un pasado tan remoto, como puede ser la Edad Media, es una idea absurda, es una fantasía, no tiene nada que ver con la realidad. Por supuesto que estamos condicionados por el pasado, pero no de la misma manera que por un pasado reciente, por el pasado de la Transición o incluso de la Guerra Civil. Pero cuando nos vamos más atrás es absurdo pensar que nos puede haber condicionado algo que sucediera en el siglo XVIII, XVII, XVI, XII, XIII… Y pensar que de los íberos o de los celtas o de lo que fuera, nosotros tenemos algo; que el que fueran de una manera u otra o que ocuparan un terreno u otro nos condiciona en algo es una idea disparatada, es realmente una locura. Lo gracioso es que es una locura verosímil para la mayor parte de la gente y hay personas que dicen que el carácter español es el carácter de Viriato y que los gallegos somos como somos porque los celtas… Ese tipo de cosas que son un poco de chiste, pero que están realmente muy extendidas, es realmente como la gente ve la historia. La ve como una cárcel, como una condena, parece que uno está condenado a ser lo que fueron sus antepasados. Y es una idea que los políticos refuerzan y los historiadores a veces también con una retórica, que es retórica, que muchas veces no lo dicen completamente en serio pero que, al final, a base de decirlo, la gente se lo acaba creyendo. Esa idea de que somos los que fuimos, de que nuestro presente es incomprensible si no comprendemos nuestro pasado y ese pasado al que se refieren es el siglo XII o el XIII. Es un disparate, primero porque ha pasado muchísimo tiempo. Segundo, porque era un mundo diferente al nuestro. Y tercero, porque no lo conocemos tanto como para saber cómo era exactamente. Siempre será una cuestión de discusiones, de opiniones. En cada generación los historiadores revisan el pasado, lo que quiere decir que no hay una imagen fija de ese pasado.
Es decir, de ‘La cárcel identitaria’ de Eugenio García Gascón a la cárcel de la historia en la que vivimos con estos relatos interesados.
Sí, efectivamente. Es una cárcel para muchos gozosa porque hay mucha gente que disfruta imaginando que está conectada con ese pasado. Pero yo creo que ese tipo de creencias hacen más mal que bien. Hay determinadas personas que por su carácter, por su manera de ser, se sienten atraídas por esta nostalgia del pasado. Por otra parte es un escapismo, una sensación trascendente ponerse a pensar que uno tiene que ver con el mundo del siglo XVI, es una forma de escapismo.
La historia como asignatura académica. Un arma muy golosa para tratar de configurar un ideario en mentes en formación. ¿Cómo debería enfocarse esta asignatura y cómo se enfoca a día de hoy en España?
Hay una paradoja y es que la enseñanza de la historia nació en el contexto del nacionalismo del siglo XIX y nació para ser una enseñanza nacionalista, la enseñanza nacionalista por antonomasia. Nació para educar al ciudadano en los valores de la patria. Eso lo dicen literalmente los manuales de historia de la época y a todo el mundo le parecía lo más lógico porque, además, como el nacionalismo, en gran medida, fue un sustituto de la religión, se veía como algo sagrado, algo indiscutible, que la historia era eso y no tenía que ser ninguna otra cosa. Cuando ha remitido la forma más radical de ese nacionalismo, de ese estatalismo, los historiadores -por ejemplo en España ya en los años setenta- sustituyeron en la enseñanza esa historia nacionalista por otra muy distinta, más crítica, más reflexiva, que tiene en cuenta la economía, la sociedad, que no estudia exactamente las naciones sino también las clases sociales, otro tipo de grupos, etcétera. ¿Cuál es el problema? Que, como decíamos antes, esa historia no gusta. Gusta a muy pocos, a los que al final acaban siendo historiadores. La mayor parte de la gente la rechaza. ¿Qué ha ocurrido? Que esa historia nacionalista se ha refugiado en el cine, en la televisión, en la literatura, y ahí es donde se consume y donde se aprende mientras que la historia que se enseña en el sistema de enseñanza se queda como una materia un tanto abstrusa que no tiene mucho impacto en la manera en cómo la gente ve después el pasado. ¿Qué se podría hacer? No tengo ni idea. Lo único que puedo hacer es constatar el hecho de que es así, de que hay esa dicotomía y de que pasan los años y las décadas y no se ha resuelto nunca del todo. La historia que se enseña sigue siendo muy criticada por los alumnos, por los padres, de vez en cuando incluso los gobiernos –sobre todo los partidos conservadores- entran en un debate populista diciendo que, efectivamente, hay que volver a hacer una historia más patriótica que eduque ciudadanos. No sé qué se podría hacer porque lo cierto es que la historia es así, la historia científica no tiene la misma capacidad de fascinar a todo el mundo como la tiene la historia mítica.
Acabas de mencionarlos, el cine y televisión. Comentas en el libro que estas series y estas películas se nutren en su ideario visual de la pintura de historia del siglo XIX que, en su detallismo, está plagada de errores o modifica situaciones históricas al servicio del interés político y moral del momento en que fueron realizadas. ¿En qué medida películas y series de televisión son -no sé si con comillas o no- cómplices en la consolidación y privilegio de una narrativa histórica?
Yo no diría que son cómplices. Tiendo a ser lo más objetivo posible al analizar el fenómeno. Me parece que, para empezar, el anacronismo es inevitable. Es imposible imaginar y reflejar el pasado con rigor, con exactitud. Se puede ser más o menos riguroso pero ser completamente riguroso es imposible, porque hay barreras que hacen insalvable recuperar el pasado. Cuando uno hace ficción histórica, series de televisión y cine, tiene que saber y sabe que lo que está haciendo es un espectáculo de televisión moderno, que tiene elementos de la historia pero que no es nunca la historia. No puede serlo. Son las reglas del juego en cuanto a la ficción histórica, es inevitable. Luego, en cuanto al tipo de discurso que promueve, pues sí. Es un discurso que es obsoleto. Lo que pasa es que no es fácil hacer otra cosa porque eso es lo que el público exige. Y en el mundo del espectáculo es en esa dirección en la que van las exigencias. El público exige determinadas cosas. Se han hecho experimentos de ofrecer otro tipo de visión histórica. El regreso de Martin Guerre, aquella película de los años 80, estaba hecha con mucho cuidado para reproducir exactamente la época. Hay algunos experimentos pero, en general, lo que acaba triunfando es la sal gruesa, el brochazo gordo. Es inevitable, es lo que a la gente le gusta. No creo tanto que se pueda culpar a los medios de comunicación como al hecho de que es así, de que a la gente le gustan las historias. Y de la misma manera que los griegos tenían historia pero también tenían mitología -y la gente prefería la mitología, evidentemente-, sucede lo mismo ahora, tenemos una historia más bien académica con todos sus problemas y todas sus dificultades, y tenemos una historia mítica. La gente en general prefiere la historia mítica y la busca. Y eso hace que mucha gente la escriba y de ahí el éxito enorme de las novelas históricas, que además ha sido un boom en los últimos veinte años en España. Es quizás el género literario con más crecimiento en estos últimos años. Está claro que hay una demanda, a nadie le obligan a comprar esos libros. Se podría pensar que lo que muestran en televisión no tiene muchas alternativas, pero en cambio esos libros la gente los compra, le gustan, disfruta con ellos. Yo, sinceramente, no lo entiendo. A mí me parecen impostados pero a la gente le gusta, le apasiona esa fantasía del pasado, escapista, que presenta, además, un pasado a la medida de la gente, en el que sólo hay heroísmo, no hay enfermedades. Es eso, es una fantasía escapista.
El ministro Montoro decía en ‘El País’ que la serie ‘Isabel’ le parece “extraordinaria”. ¿Debería extrañarnos su opinión?
Yo no entiendo muy bien exactamente a qué se refieren cuando se dice que es rigurosa. Es una serie que sigue, al pie de la letra prácticamente, las crónicas. Si se refieren a eso -y yo creo que es a lo que se refieren-, sí, efectivamente, sigue al pie de la letra varias de las crónicas de la época de la reina Isabel. Lo que pasa es que esas crónicas eran propaganda, entonces lo que sigue al pie de la letra es la propaganda de la época. Eso en cuanto al discurso que se cuenta. Por otro lado, el vestuario es un vestuario magnífico, es muy bonito, está muy bien hecho, está copiado de pintura de la época, etcétera. Pero ocurre que, claro, si uno va a los detalles, lo que piensa es: ¿sabemos si realmente usaban este vestuario? Porque el hecho de que aparezca en las pinturas de la época no quiere decir que ese fuera el vestuario que utilizaban. Pensemos que tenemos un montón de fotografías de principios del siglo XX en Galicia de campesinos gallegos vestidos de traje. Un arqueólogo del futuro, que no supiera más que eso, podría pensar que así era como vestían los campesinos gallegos en esa época. La realidad es que se vestían así para hacerse la foto. De hecho los trajes eran alquilados, los alquilaban los propios fotógrafos. Ese tipo de detalles sobre la imagen del pasado a veces se nos escapan. Cada vez sabemos más pero cada vez nos hacemos más preguntas, cada vez hay cosas que nos suscitan dudas. Por eso decía que el rigor absoluto es imposible y yo diría que en la serie Isabel, como en otras series históricas que se hacen ahora, si se dice que son rigurosas es porque eso es un valor de las producciones, porque se considera que deben serlo. Pero los personajes hablan como hoy en día con algunas pinceladas de anacronismos, porque si hablaran como se hablaba en la época sería incomprensible y aburrido. Lo que decíamos antes, que reproducir el pasado con exactitud es siempre imposible. Por supuesto se puede hacer mejor y peor. En Televisión Española, donde ponen Isabel, ponen también Águila Roja, que es exactamente el ejemplo contrario. Una serie en la que deliberadamente renuncian al realismo histórico. Ya ni siquiera lo intentan. Al contrario, se enorgullecen de incurrir en anacronismos para que el espectador no se distancie, para que se sienta cómodo siempre viendo todo lo que ve, para que nada le distancie. Es otra manera de verlo. Las dos, en mi opinión, son dos impostaciones pero de distinto tipo.
Antonio Muñoz Molina advertía, en lo que bautizó como ‘Pasados interactivos’, del riesgo de las “ficciones sentimentales” que hacen más llevadera la historia en casos como las películas  ‘La vida es bella’ o ‘El niño con el pijama de rayas’; también advertía del riesgo de esos “relatos maleables” en películas como ‘Malditos bastardos’, de Tarantino, en la que Hitler moría ametrallado en un cine de París y que, por lo tanto, modifican y juegan a su antojo con la historia. ¿Es peligrosa la distorsión de la historia al servicio de un entretenimiento de masas como el cine?
Yo creo que no. Tiendo a ser bastante benévolo con el cine, con la literatura, y su influencia en la gente. Quizás porque como soy de los que lo escriben me conviene decir eso, pero también porque sinceramente es lo que veo. Creo que la influencia de los medios de comunicación no es tan grande como pensamos, que tendemos a exagerarla. Esas películas que utilizan la historia sí tienen algo de malo y es que consiguen que la gente no entienda la historia, no entienda el pasado y lo imagine en forma de clichés. Pero nada más que eso, tampoco pienso que sea algo tan terrible. Porque realmente la idea que da Tarantino sobre los nazis es un disparate, es completa e intencionadamente estrambótica y absurda, pero lo mismo se puede decir de muchas otras series y películas que tratan de ese periodo y pretenden ser serias. Porque la realidad es que al final siempre se proyecta el presente en el pasado. En  otras series que hay sobre el mismo tema de los nazis, lo que hacemos, desde la ideología de hoy en día, lo que sabemos ahora de los nazis, lo proyectamos entonces. En aquella época, en cambio, la realidad era muy distinta, los parámetros eran otros. Por ejemplo, ahora se imagina a los conservadores alemanes hostiles al nazismo porque ahora los cristianodemócratas lo son. En la época eran simpatizantes. Todas las personas de derechas del mundo simpatizaban con el nazismo. Esa es una modificación que vemos. O presentamos a las víctimas de los nazis como personas de clase media y la mayor parte de la gente era muy pobre, la mayor parte de las víctimas de los campos eran gente muy pobre y, en cambio, en el cine americano se los refleja como la típica familia americana. Y así sucesivamente. Proyectamos el presente en el pasado, por lo que si hay algo malo en ellas es algo que hay malo en nuestro presente. Tampoco es culpa de la historia ni es culpa del reflejo que se hace de ella.
Otras formas de entretenimiento y a la vez de conformación de un ideario: las conmemoraciones con sus recreaciones (este mismo fin de semana pasado en Pamplona se recreaban las batallas de la “liberación” de la ciudad en 1813); las rutas que dicen seguir el rastro de un personaje histórico (como las del Cid o el Quijote); los lugares que se procuran escenarios de un hecho histórico (sean estos mitológicos o demostradamente falsos), etcétera. La vivencia directa de la historia se empieza a parecer, no sé si peligrosamente, a un parque temático.
Sí, es que es un parque temático y los parques temáticos son herederos de este tipo de rutas. A mí lo que me interesa del fenómeno es esa fascinación que despierta, ese fetichismo de la historia, por los lugares… Las mismas calles que pisó Jesucristo, el mismo camino que tomó tal personaje de la historia. Ese tipo de fascinación fetichista es lo que a mí me fascina, lo que me parece curioso. Y sobre todo me parece curioso que cuando uno explica los problemas que tienen ese tipo de cosas, las incoherencias que hay, la gente se lo toma mal, muy mal. Para la gente es muy importante que eso sea real. Creo que la razón es que establecemos de manera instintiva esa conexión con el pasado. Es una conexión muy fuerte, en cierto modo lógica porque todos necesitamos sentir una continuidad de nuestra vida con el pasado y con el futuro, pero a veces llega a ser insana cuando uno le da una importancia excesiva, que es quizá la conclusión de todo el libro: que no se le puede dar tanta importancia a la historia como se le da, que no es tan extremadamente importante y que esa idea de la importancia de la historia viene de cuando apareció como una religión del Estado, como un sustitutivo de la religión.
Así que tu libro se dirige a una sociedad teóricamente reacia a entender, a admitir, lo que cuentas en él.
Sí, esa es la cuestión, cómo explicarle algo a alguien que en principio no está predispuesto a aceptarlo o a creerlo. La manera en cómo lo he hecho es intentando mostrar que, primero, es un hecho universal, no es algo que sea culpa de nadie en particular, que es algo que forma parte de la mente humana, de la manera en cómo nos relacionamos con el pasado, con las ideas, etcétera. Hacer verlo y explicarlo sin esforzarme mucho en juzgarlo, porque tampoco soy ningún juez de nada. Y después, que a mí personalmente me interesa el fenómeno, el por qué es así. No tanto cuáles son las consecuencias o cómo se podría cambiar. En ese sentido no soy un activista de la historia, yo mismo no propongo ninguna alternativa. No sé si la hay, yo creo que no. En ese sentido soy bastante pesimista, creo que la historia responde a algo que hay profundo en el ser humano. Pero sí pienso que hay que ser consciente de lo que es para no utilizarla mal, para que no tenga efectos nocivos, que puede llegar a tenerlos. Yo no diría que por sí misma la historia puede ser nociva. Yo no creo que haya ninguna guerra que estalle por razones históricas. Es más bien al revés. Cuando una guerra, un conflicto, estalla… Bueno, no hace falta una guerra. Cuando un conflicto político, se llama a la historia como testigo y en apoyo de la propia argumentación, pero incluso eso se debería de poder evitar si uno relativiza el valor y la importancia de la historia.

Sobre el autor

Carlos Pérez Cruz
Carlos Pérez Cruz, músico y periodista. Desde 2001 dirige el programa ‘Club de Jazz’, a su vez sección de ‘Carne Cruda 2.0’ que dirige Javier Gallego en la Cadena SER (antes en RNE3). Colabora con Radio Vitoria (EiTB) y la revista ‘Cuadernos de Jazz’. Desde 2012 mantiene el blog/podcast ‘Todos los caminos están cerrados’, dedicado a los Territorios Ocupados de Palestina.
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15 comentarios

  • Juan Luis dice:
    25.11.2013
    Con todos los respetos hacia el señor Miguel Murado y su trabajo que, sin duda, es muy interesante: no dice nada que no conozcamos en el mundo profesional de la Historia, que no hablemos en nuestras clases, que no se contenga en muchas publicaciones científicas y que no trabajen nuestros alumnos de máster.
    Quizá es mejor dejar la Historia a los profesionales como nosotros dejamos el periodismo a los que se dedican a ello.
    • Niceratos dice:
      25.11.2013
      El periodismo para los periodistas, la historia para los historiadores, la política para los políticos… Y así nos va!!!
      • White dice:
        25.11.2013
        Pues si, la historia para los historiadores, que saben del tema. Los periodistas corren el riesgo de decir algo que ya se lleva diciendo desde los ’70 y asombrarse de que sea el primero en darse cuenta. Y, por supuesto, hacerlo peor. Por ejemplo.
        Pero vamos, me ofrezco muy amablemente a operarle la próxima vez que tenga un problema. Total ¿por qué vamos a dejar la medicina a los médicos?
    • ana dice:
      08.02.2014
      Bueno, Juan Luis, Murado es licenciado en Geografía e Historia, especialidad de Arqueología. Puede ahora publicar ese libro, según tu criterio?
  • Agraska dice:
    25.11.2013
    Afirmar que el imperio formado por el conjunto de posesiones y títulos de Carlos V era el Sacro Imperio Romano Germánico es completamente inexacto y no tiene ningún sentido. Castilla y Aragón jamás estuvieron incluidas en el Sacro Imperio, una entidad bien definida territorialmente, ni tampoco Nápoles o Flandes (lo que habría implicado tener un elector imperial cada uno). Tan sólo el Milanesado era patrimonio del Emperador, pero nominalmente nada más, puesto que estaba administrado por un gobernador militar español. La base del poder de Carlos V no era Alemania, sino Castilla y Flandes, como él mismo sabía y reconocía. En cuanto al cansino debate sobre si España existía o no, si era un pájaro o un avión, es evidente que en los títulos oficiales no aparecía, y que la unificación era más patente en unos aspectos (cancillería, diplomacia, milicia, religión) que en otros (económico, administrativo). Pero también lo es, si uno se molesta un poco en leerse documentación del XVI-XVII, que en toda Europa se empleaba el término “españoles”, el rey era “el rey de España” y que los que hacían la distinción interna eran más bien los propios súbditos de la Monarquía Hispánica, y no siempre (por ejemplo, cuando se refería el asunto a política exterior). Que no fuera un Estado centralizado no significa que no existiera, parece que viniera un señor el siglo pasado a inventarse el término de la nada y no es así, es una idea bastante vieja. Ya que estamos señalando la inexactitud o la deformación de la Historia, que es evidente que es el pan nuestro de cada día en el gremio, no deja de ser curioso que el propio señalador caiga en lo mismo.
    • historiador dice:
      15.03.2014
      Y que más. El primer rey de España es reina, y es Isabel II. Hasta Fernando VII era “rey de las Españas”, es decir: era rey de Galizia, de Leon, de Castilla, de Toledo, del Algarve, de Huelva,de Jaen, de Sevilla, de Granada, de Aragón, de Valencia, del reino de Baleares, de Navarra y conde de Barcelona, así como señor de varios territorios menores de la Península. Y tambien se reclamaba el título de rey de Portugal. Lo de “España” en esta época es una traducción nacionalista, en parte para dar imagen de que existia España entonces, y en parte para eliminar parrafada.
  • carlos dice:
    25.11.2013
    Muy interesante entrevista. Lo único, que el Quijote no es un personaje histórico, aunque lo parezca cuando se viaja por La Mancha
  • Chapaprieta dice:
    25.11.2013
    Cuando ese “sano escepticismo” se extienda a la economía, la sociología, la política, la física, la química y demás ciencias o disciplinas, me lo tomaré en serio. A lo mejor el autor debería no confundir las vulgatas con la investigación histórica y arqueológica en sentido estricto. No es lo mismo hacer un manual, que meterse en archivos y excavaciones. Si el personal tuviera más interés en leer las investigaciones concretas que en las obras de divulgación hechas a base de cartas y memorias de los “grandes hombres” y sus batallas, la opinión de que la historia es un cuento chino no se expresaría con esa contundencia y audacia que muestra el entrevistado. Pero, claro, eso exige tomarse el trabajo de leer estudios de caso basados en trabajo de campo. Y eso es muy cansado.
  • Marc dice:
    25.11.2013
    Yo creo que lo que se dice en este artículo es algo totalmente asumido y superado por la comunidad académica. No así, es cierto, por el público en general pero vamos, que no descubre la sopa de ajo.
  • pausanias dice:
    25.11.2013
    decir que el conocimiento historico esta limitado porque solo se basa en los textos conservados es tan estupido como decir que la biologia esta limitada porque solo puede estudiar los seres vivos que conocemos.
    Otra cosa, la arqueología es una disciplina CIENTIFICA por derecho propio, tanto o mas que la historia. Lo de que necesite un marco historico para interpretar sus datos es una tonteria. Ejemplos?? Sumerio e hititas, por decir algunos…la historia es la que es, los que son poco de fiar son los historiadores.
  • Albinia dice:
    26.11.2013
    Este señor no sabe que la investigación histórica tiene sus propios métodos y técnicas.
    Quizá no sabe a lo que nos dedicamos muchos historiadores cada día, pero desde luego ni trabajamos sólo con textos, ni consideramos que todo lo que dicen los textos haya que creerlo tal cual, ni nos basamos en fantasías y especulaciones. ¿Se cree que ha descubierto las Américas por decir que hay que tener cautela con las fuentes? ¿Pero qué broma es esta?
    Más le valdría informarse un poco antes de hablar y dejar de enmendar la plana a un mundo profesional que desconoce.
    A lo mejor él al redactar un artículo periodístico se deja llevar por recuerdos y ensoñaciones, o se vende por unos euros a alguna corriente ideológica, pero ese no es el caso de los investigadores que se dedican con rigor a un oficio que no es fácil. Un respeto, por favor.
  • flipante (que flipa) dice:
    27.11.2013
    UUUUU como nos ponemos de nerviosos cuando se nos ponen en cuestión nuestros mantras….
  • Teresa dice:
    29.11.2013
    A mí también me parece que hay comentarios bastante dolidos. Y no es para tanto. Como se ha señalado, este autor apunta a grietas que existen en la ciencia histórica, como existen (y se aceptan) en todas las ciencias.
    En relación a dos comentarios: no parece que su obra busque iluminar a los hitoriadores, sino que es divulgativa. Y sería muy orgulloso decir que no tiene nada que aportar al público en general, incluso a los historiadores.
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Miguel-Anxo Murado, sobre la invención de nuestro pasado





ricardo garcía cárcel @ABC_Cultural
Día 21/11/2013 - 18.45h

Nuestra Historia incluye tópicos insostenibles desde una óptica científica. Miguel-Anxo Murado, autor de «Otra idea de Galicia», se centra en la España medieval y bucea en mitos y clichés para ilustrar «La invención del pasado»

Desde el ya clásico libro de Julio Caro Baroja sobre las falsificaciones históricas (1992) se han escrito no pocas obras dedicadas a cuestionar los fundamentos míticos del discurso oficial de la Historia de España. El concepto de «invención de la tradición» acuñado por Hobsbawm y Ranger se ha institucionalizado en nuestro país. Ciertamente, hay muchos mitos en la Historia de España, mitos entendidos como distorsiones interesadas de la realidad, construidas al servicio de unos determinados intereses ideológicos o de otra naturaleza. La Historia tradicional de España plantea multitud de tópicos y agujeros negros repetidos hasta la saciedad y difícilmente sostenibles desde una óptica científica.
El vendaval desmitificador, momentáneamente, lo cierra el libro del joven historiador gallego Miguel-Anxo Murado, autor de «Otra idea de Galicia». Su último ensayo se centra prioritariamente en la España medieval y desde luego busca demostrar los usos políticos y mediáticos de la Historia, la arqueología tramposa de muchos relatos, los problemas de acceso a la verdad que aspira a alcanzar el historiador.
Murado empieza por cuestionar la legitimidad científica de muchas de las fuentes consideradas como primigenias en la España altomedieval (fuentes árabes tardías, fuentes cristianas tan discutibles como la «Crónica mozárabe» de 754, fechas de identificación equivocadas, fraudes del obispo Pelayo en el siglo XII), que suponen el cuestionamiento de hitos básicos (significación de Guadalete y Covadonga, con toda la literatura de la traición de Don Julián o de don Opas, la historia de Abderramán I, etcétera).

Repetición de clichés

Después denuncia las repeticiones y analogías (anécdotas clónicas) que existen en la construcción de mitos tan operativos como la defensa de Numancia, la quema de naves de Cortés o frases arquetípicas como la de Felipe II tras el fracaso de la Gran Armada. Detrás de estos relatos se demuestra que hay una repetición de clichés que proceden de la «Biblia» o de la literatura clásica grecolatina, adaptados para la ocasión.
Asimismo se constata cómo se aplican las técnicas narrativas (caída-lucha-redención o esplendor-decadencia) a la construcción de los relatos. El autor del libro se detiene en los abundantes ejemplos de invención de un pasado de orígenes remotos para un reino nuevo, tanto en Castilla (los jueces de Castilla, la jura de Santa Gadea) como en Aragón (fueros de Sobrarbe), y recorre el proceso de la solidificación del canon histórico desde Mariana a Lafuente.
Demuestra tener auténtica obsesión por Menéndez Pidal como el gran arquitecto del discurso histórico español. Incluso denuncia los vínculos de la arqueología goticista con el nazismo y pone en solfa el mito del crisol de las tres culturastan castrista. Su descalificación de la película del Cid rodada en Peñíscola es implacable.

La Tizona del Cid

Muy interesantes son las observaciones acerca de la visualización del relato en las pinturas históricas del siglo XIX y en el cine histórico. El cruzamiento del canon iconográfico con el discurso histórico hace que realidad e imaginario no tengan las fronteras bien delimitadas. Se demuestra el falso realismo de cuadros como la rendición de Breda o los fusilamientos de Goya.
Su desmitificación alcanza al significado de restos arqueológicos como la dama de Elche o la Tizona del Cid, y desde luego a los presuntos lugares de la memoria, para acabar concluyendo deducciones muy pesimistas respecto a la utilidad de la Historia.
El libro de Murado se lee con auténtica delectación. Solo desearía destacar que me hubiera gustado que aplicara su fino análisis crítico a los mitos que los llamados nacionalismos periféricos han ido construyendo y que tenga en cuenta que más allá de tanta distorsión falsificadora y manipuladora existe una Historia crítica científica y veraz, que hemos de reivindicar. El libro puede hacer pensar que toda la Historia de España es una pura invención y, desde luego, no es así.

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 Miguel-Anxo Murado en su La invención del pasado (Ed. Debate), pone en duda ante el lector muchos de los mitos históricos que generalmente se dan por válidos e incluso forman parte del pasado aceptado de los españoles. Y lo hace vehementemente:
“El escepticismo es también un conocimiento. Puesto que la historia es algo natural e instintivo, una carga que estamos obligados a llevar, queramos o no, es importante saber quitarle importancia para que no nos aplaste. Junto a la imaginación, ese escepticismo ha sido siempre una de las herramientas de los historiadores. Lo único que falta es que la utilicen también los lectores.” Comienzo por su conclusión, da una buena idea de lo que es un libro que sabe llegar a cualquier lector no necesariamente habituado a la lectura histórica.
Y es que ya desde las primeras páginas Murado recupera a autores entre tantos que en su día fueron tan polémicos como Ignacio Olagüe que en los setenta argumentó magistralmente la imposibilidad de que en el 711 se produjera una invasión ni árabe ni musulmana e iba más allá sosteniendo que, en realidad se habría tratado de una sustitución de la casta gobernante en la Península Ibérica desde el más desarrollado culturalmente norte de África, que ello explicaría la rapidez y la ausencia de resistencia a este hecho, entre otras cosas porque ni tan siquiera habría habido un cambio forzoso religioso, que este habría llegado más adelante por la vía del proselitismo por parte de predicadores y comerciantes. Quizá ello explique que no exista texto alguno contemporáneo al 711 que cite invasión árabe alguna de la Península, tampoco de cronistas musulmanes o europeos de la época. ¿No resulta extraño en uno de los hechos fundamentales del imaginario histórico de los españoles? Y disculpen que me haya extendido en esta cuestión, pero aquel La revolución islámica en Occidente, tuvo una notable repercusión en quienes aprendimos a tratar la historia con el escepticismo que propone Murado.
Pero esperen, que casi todo lo que sabemos del Reino de Asturias (718-925) lo tenemos a través de los textos realizados en el siglo XII por el Obispo Pelayo de Oviedo, que tanto interés puso en inventar un pasado de siglos atrás molestándose hasta en imitar la caligrafía visigoda para hacerlos pasar por más antiguos. Ya ven, ateniéndose a la documentación real, podríamos poner en duda la misma existencia del Reino de Asturias.
Por entonces, a mediados del siglo XII, Alfonso VIII reina en la emergente Castilla y requiere un pasado legitimador que se encargará de hacer otro obispo, en este caso Ximénez de Rada, que imitando la que con ese fin había realizado su similar Lucas de Tui para entroncar la monarquía leonesa con la asturiana, no será diferente a las crónicas inventadas de Navarra, Aragón… y de otros reinos europeos. No solo se buscaba legitimar y adular al monarca de turno, a través de estos relatos unos territorios se arrogaban derechos y primacías frente a otros; la cuestión es que hasta hace muy poco tiempo han sido aceptados de manera literal como correctos y las consecuencias a la vista están.
Los ejemplos se suceden en este La invención del pasado, su autor explica como en relatos épicos de nuestra historia, como es el caso del suicidio heroico y colectivo de Numancia que probablemente no se produjera dado que aparece en diferentes cronistas romanos entre el siglo I a.C. y el II d.C. como lugar común a las ciudades asediadas: se trataría de un cliché literario, no de un hecho real.
“Este proceso metafórico es universal. Se da en los geógrafos antiguos y los cronistas medievales, pero también entre los historiadores modernos, aunque sea de un modo más sutil. Nuestra mente, la de los cronistas y la nuestra, opera por medio de analogías, paralelismos y reiteraciones. No somos seres “científicos” sino literarios, y nuestra manera de recordar, también la del historiador, funciona más como la de un novelista o un poeta que como la de un científico.”
Miguel-Anxo Murado sigue poniendo en cuestión el relato histórico común: la Armada Invencible de Felipe II no sufrió una tormenta destructora, muy al contrario, la acción de los barcos incendiarios y la artillería inglesa no logró destruirla en su totalidad gracias a otra tormenta menor. De vuelta tuvieron más problemas por el clima de la zona.
De cualquier manera será el siglo XIX el que reescriba sobre mitos la historia de España. El autor pone a la cabeza en ello a Modesto Lafuente, que en su Historia General de España,  será el máximo exponente en la dotación de relato histórico a la identidad española. Entre otros mitos, aquí se apunta la invención del concepto de Reconquista nunca utilizado hasta entonces, que “convertía la presencia musulmana en algo provisional y en constante retirada, y desplazaba el foco de la acción hacia los reinos cristianos. El resultado es una gran narrativa clásica, de unidad (reino visigodo), pérdida (conquista musulmana), lucha (Reconquista), y redención (toma de Granada).”
Peor lo tiene Menéndez Pidal en este libro, Murado no puede disimular cierta obsesión por tan erudito medievalista, aparece a lo largo del texto, incluida su portada, como la representación misma del mito y le acusa abiertamente además de fantasioso de manipular una idea castellanocéntrica de nuestra historia, no solo se habría inventado toda su aportación sobre el Cid Campeador, es que también sería entre otras muchas más manipulaciones, el autor de la idea del Imperio español que hoy tenemos hecha a medida del franquismo.
Tampoco se libra Sánchez Albornoz, que partía de “la historiografía alemana de las décadas de 1920 y 1930, fuertemente influida por el nacionalismo o incluso por el nacionalsocialismo.”  A él le atribuye la equivocada idea que de los godos tenemos, incluida la dichosa lista de reyes que trajo de cabeza a nuestros padres en las escuelas, y aquí se llega a plantear la posibilidad de que no fueran ni tan siquiera un pueblo como tal, sino simplemente un ejército nómada de mercenarios de diferentes procedencias.  Como habrá podido notar a estas alturas el lector hay momentos de la lectura en los que da la sensación de que Murado exagera tanto el juicio y revela una incapacidad para leer la historiografía en su contexto histórico que puede resultar excesivo, pero ello en ningún caso priva a quien lo lee de una divertida y provocadora puesta en duda de casi todo aquello que creía saber. Pero ciertamente, en la decostrucción de los mitos que aquí se hace hay que poner en práctica el mismo escepticismo que el autor solicita en la lectura de la historia, en esta también.
Y ahora le toca a Américo Castro, aquí toma partido por su enemigo Sánchez Albornoz  (solo a medias, niega la posibilidad de debatir sobre “el origen de los españoles”) y califica al mito de las “tres culturas” como inexistente; sostiene el autor que intercambio entre cristianos, musulmanes y judíos hubo, pero que Castro lo eleva a niveles disparatados.
Una conclusión insostenible y gratuita del autor que confunde la visión esencialista de la historia de parte del siglo XX con la del franquismo, simplemente resulta incomprensible que esta frase haya superado la más mínima revisión:
“El propio Pidal regresó pronto a la España de Franco y recuperó su cátedra en 1947. Sánchez Albornoz y Castro prefirieron no regresar nunca, pero sus ideas sobre el pasado fueron las del franquismo (también las de Castro, más de lo que sus admiradores están dispuestos a aceptar.”
Llegamos a los relatos ilustrados, la importancia de la pintura de historia del siglo XIX, fuente de las imágenes mentales de apoyo al relato histórico creado y premeditadamente reforzado artísticamente. Por ejemplo, durante el reinado de Isabel II se suceden las representaciones pictóricas de Isabel la Católica motivadas porque ambas llegarían al trono tras dudosas interpretaciones del derecho dinástico y además coincidían en el nombre, pero se citan numerosos casos de escenas que teniendo orígenes literarios se han convertido en testimonio del pasado y transformado en documentos.
La fotografía también ha cumplido su papel, comprobar que un clásico de la Guerra Civil como la foto Los caballos de Agustí Centelles en realidad es un posado, me ha resultado más decepcionante que las falsedades y anacronismos que encierran cuadros como La rendición de Breda de Velázquez o la imposibilidad de que Goya fuera testigo de las escenas que recrea en Los desastres de la guerra, o peor aún, nuestro imprescindible Los fusilamientos de la Moncloa  (más conocidos como los del tres de mayo), en realidad son una copia de una escena central del anterior Tres de mayo de Juan Carrafa. ¡No dejen de buscar y comparar ambas imágenes!
Objetos y lugares, la famosa Tizona, la espada del Cid que la Junta de Castilla y León pagara en pleno aznarismo por 1,6 millones de euros cuando varios expertos negaban su autenticidad y no valoraban en más de 7000 euros, la falsedad de las viviendas atribuidas a Cervantes en Alcalá de Henares, el Greco en Toledo o a Colón en Las Palmas, las reconstrucciones sin el más mínimo criterio histórico-artístico del siglo XIX donde primó la imaginación sobre la realidad, ¡incluida la Alhambra con la que Miguel-Anxo Murado es implacable!, las rutas turísticas que se identifican con episodios o leyendas históricas, las conmemoraciones y los recuerdos selectivos, cierran un libro que  concluye poniendo a la Historia en una descalificación a mi juicio excesiva y que injustamente ignora la gran cantidad de trabajo serio y riguroso que también se realiza a diario para el conocimiento de nuestro pasado.

La lectura de La invención del pasado es un sanísimo ejercicio de puesta en duda de casi todo, un alegato de independencia intelectual que podía haberse extendido a otras deformaciones de la Historia que padecemos actualmente en España, y ello a pesar de que el autor en su obsesión por destruir el relato histórico aceptado mayoritariamente no duda en descalificar y generalizar, presumir las intenciones maléficas del legado historiográfico recibido sin la más mínima empatía contextual, y en muchas ocasiones escudarse en la negación por duda más que en la afirmación alternativa.
La edición de Debate, impecable, bien dotada de bibliografía, notas, créditos, alguna ilustración… hace justicia a un libro que hará las delicias de los lectores que se acerquen a él con el mismo escepticismo que Miguel-Anxo Murado pide para la historia que pone en cuestión.

 

5.4.14

La ERA AXIAL - 800 a.C. A 200 a.C.

Era Axial

El filósofo alemán Karl Jaspers definió la Era Axial (el periodo que transcurre entre el 800 a. C. y el 200 a. C.) como la línea divisoria más profunda de la historia del hombre, durante la cual apareció la misma línea de pensamiento en tres regiones del mundo: China, India y el Occidente. A partir de la Era Axial, las diferentes regiones de la Tierra no tuvieron ya un paralelismo semejante. Según Jaspers, lo humano, como lo conocemos hoy, nació entonces. No pudo vislumbrar ninguna conexión para este suceso, ni tampoco ninguna señal de interconexión entre los Pueblos mediterraneos, India y China en este periodo.

Características de la Era Axial

  1. El hombre se hace consciente de sí mismo y de sus limitaciones. Su anhelo es la salvación personal.
  2. Intenta ganar esta salvación a través de la actividad reflexiva. Por primera vez en la historia, los filósofos aparecen en público. Surgen los conflictos filosóficos, nacidos del afán de convencer a los demás. Todo acaba en la discusión, la fractura y, finalmente, en el caos.
  3. De este caos nacen todas la corrientes actuales de pensamiento.
  4. Opiniones, modos de actuar y costumbres de los hombres son puestos en tela de juicio y, a la larga, cambian.
Todas estas características aparecen bajo las mismas circunstancias sociológicas: China, India y Occidente, constituido cada uno de ellos por pequeños estados, se enfrascan en luchas interminables. Los estudiantes van de ciudad en ciudad intercambiando ideas. Estos estudiantes eran los hombres sabios de la religión y los sistemas filosóficos. En China, Confucionismo, Taoísmo, las escuelas de Mo-tzu, Zhuangzi, Lie Zi, entre otros. En la India, Brahmanismo, Budismo. En Occidente, el Zoroastrismo, los profetas del Judaísmo como Elías, Isaías, Jeremías y, en Grecia, la sofística, la filosofía de Parménides, Heráclito, Platón, Tucídides y Arquímedes. Todas estas corrientes surgieron de manera casi simultánea durante este periodo -con todo lo que supusieron para el futuro del hombre-, sin que ninguna tuviera contacto con las otras.
LA GRAN TRANSFORMACIÓN
Karen Armstrong
PAIDOS-2007

La autora propone que se puede encontrar en estos momentos una buena inspiración en el periodo que el filósofo alemán Karl Jaspers denominó la ERA AXIAL, porque fue decisiva para el desarrollo espiritual de la humanidad.

“Desde más o menos el año 900 hasta el 200 antes de Cristo, en cuatro regiones distintas vieron la luz las grandes tradiciones mundiales que han continuado nutriendo la humanidad:
 
·        el confucianismo y taoísmo en China,
·        hinduismo y budismo en la India,
·        monoteísmo en Israel
·        racionalismo filosófico en Grecia…
 
La ERA AXIAL fue uno de los periodos más influyentes en los cambios intelectuales, psicológicos, filosóficos y religiosos de la historia que recordamos; no habrá nada comparable hasta la Gran Transformación Occidental que crearía nuestra propia modernidad científica y tecnológica.”
 
“En tiempos de crisis espiritual y social, se ha vuelto constantemente la vista hacia ese periodo en busca de guía y quizás se han interpretado los descubrimientos de la ERA AXIAL de modo diferente, pero nunca se conseguido ir más allá de ellos.
 
El judaísmo rabínico, el cristianismo y el islam, por ejemplo son florecimientos tardíos de la era axial original. Estas tres tradiciones redescubrieron la visión axial y la trasladaron maravillosamente a un lenguaje que hablaba directamente a las circunstancias de su tiempo.”
 
“Todas las tradiciones que se desarrollaron durante la era axial ampliaron enormemente las fronteras de la conciencia humana y descubrieron una dimensión trascendental en lo más hondo de su ser, pero no contemplaron ese hecho como sobrenatural, y la mayoría de ellas incluso se negaron a discutir ese asunto. Lo que importaba no era lo que uno creía sino cómo se comportaba. La religión consistía en hacer cosas que te cambiaban a un nivel profundo.”
 
Los sabios de la era axial en su continua reformulación de la visión AXIAL de  la Regla de oro (“No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti mismo”), ponían por delante una vida ética y luego, la benevolencia disciplinada y habitual, y no una convicción metafísica, era lo que ofrecía indicios de la trascendencia que se buscaba.
 
“La gran transformación” es un libro para amantes de la experiencia religiosa. Es buena noticia para esta humanidad que en estos momentos de la historia se encuentra con un montón de problemas que parecen particularmente intratables.
 
“Muchas de las dificultades que tenemos encubren una crisis espiritual más profunda. Durante el siglo XX hemos visto la erupción de la violencia a una escala sin precedentes. Por desgracia, nuestra capacidad de hacernos daño y matarnos unos a otros ha seguido el mismo ritmo que nuestro extraordinario progreso económico y científico. Parece que carecemos de la sabiduría para controlar nuestra capacidad de agresión y mantenerla dentro de unos límites seguros y apropiados”
 
“La religión, que se supone debe ayudarnos a cultivar una actitud de respeto hacia la inviolabilidad sagrada del ser humano, a menudo parece reflejar la violencia y desesperación de nuestros tiempos. Casi todos los días vemos ejemplos de terrorismo motivado por la religión, por el odio y la intolerancia.”
 
La tesis del libro es que en esta situación actual, algunos buscan nuevas vías para ser religiosos y vivir la espiritualidad y que “desde la década de 1970 se ha dado un renacimiento espiritual en muchos lugares del mundo, y la piedad militante que a menudo llamamos “fundamentalismo” es sólo una manifestación de nuestra búsqueda posmoderna de la iluminación.”
 
El libro tiene 591 paginas y lo he leído con mucho interés por la divulgación documentada que aporta sobre las diferentes tradiciones religiosas que nos han precedido y sobre todo porque he visto que muchísimas de nuestras expectativas actuales en materia de espiritualidad y apertura de conciencia ya vienen de muy lejos, “y que los profetas, místicos, filósofos y poetas de la ERA AXIAL estaban tan avanzados y su visión era tan radical que las generaciones posteriores tendieron a diluirla. En ese proceso, a menudo se produjo precisamente el tipo de religiosidad que los reformadores de la ERA AXIAL querían evitar.”

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Hay muchas cosas sobre la era axial que aún son un misterio. No sabemos por qué afectó sólo a los chinos, indios, griegos y judíos, ni por qué no se desarrolló nada comparable en Mesopotamia ni en Egipto. Es cierto, sin duda, que todas las regiones axiales se encontraban en una época de gran agitación política, social y económica. Había guerras, deportaciones, matanzas y destrucción de ciudades. También surgía una nueva economía de mercado: el poder estaba pasando de los sacerdotes y los reyes a los mercaderes, y eso molestaba a las antiguas jerarquías. Estas nuevas doctrinas no se desarrollaron en remotos desiertos ni en ermitas perdidas en las montañas, sino en un ambiente, digamos, de capitalismo y altas finanzas. Pero la agitación reinante no explica por si sola la revolución axial, que dejó una huella indeleble en el modo en que los seres humanos se relacionaban consigo mismos, entre ellos y con el mundo circundante.
Todos los movimientos axiales compartían sus ingredientes fundamentales. Eran plenamente conscientes del sufrimiento que parecía consustancial a la condición humana, y todos subrayaban la necesidad de una religión más espiritualizada que no dependiera tanto del ceremonial y las prácticas externas. Manifestaban un nuevo interés por la conciencia y la moral individuales. En lo sucesivo no bastaría con observar meticulosamente los ritos convencionales; los practicantes también deberían tratar a sus semejantes con respeto. Todos los sabios axiales rehuían la violencia de su tiempo, y predicaban una ética de solidaridad y justicia. Enseñaban a sus discípulos a buscar la verdad en su interior y a no confiar en las enseñanzas de sacerdotes y religiosos. No había que fiarse de nada, había que ponerlo todo en tela de juicio, y los viejos valores, de los que hasta entonces nunca se había dudado, debían ser sometidos a un escrutinio crítico. Una de las áreas que exigía un nuevo análisis era, por supuesto, la mitología.
Cada uno de los movimientos axiales adoptaba una posición ligeramente diferente con respecto a los mitos antiguos. Algunos manifestaban hostilidad hacia determinadas tendencias míticas; otros adoptaban una actitud más tolerante. Pero todos hacían una interpretación más interior y ética de los mitos de sus respectivas culturas. La aparición de la vida urbana había determinado que la mitología ya no se aceptara como algo indiscutible. La gente la examinaba con un enfoque crítico, pero cuando se enfrentaba al misterio de la psique, instintivamente volvía a recurrir a los antiguos mitos. Quizá hubiera que adaptar las historias, visto que la sociedad todavía las consideraba necesarias. Si los reformadores más exigentes censuraban un mito, a veces éste resurgía ligeramente modificado. Así pues, incluso en estos sistemas religiosos más elaborados, la humanidad no podía pasar sin la mitología.
Pero los humanos ya no vivían lo sagrado con la misma facilidad que sus antepasados. Los dioses habían empezado a abandonar la conciencia de los pobladores de las ciudades. Los pueblos de los países axiales seguían anhelando la trascendencia, pero ahora lo sagrado parecía remoto, incluso ajeno. Ahora había un abismo que separaba a los mortales de sus dioses. Ya no compartían la misma naturaleza, ya no era posible creer que los dioses y los hombres derivaban de la misma sustancia divina. Los primeros mitos hebreos habían imaginado un dios que podía comer y conversar con Abraham como si ambos fueran amigos, pero cuando los profetas de la era axial se encontraron con ese mismo dios, lo vivieron como una espantosa conmoción, que o bien ponía en peligro sus vidas o los dejaba aturdidos y perturbados. Ahora la realidad suprema parecía algo prácticamente inalcanzable. En India, los budistas pensaban que sólo podían acceder a la paz sagrada del Nirvana atacando ferozmente su propia conciencia mediante unos ejercicios de yoga que no estaban al alcance de la gente corriente, mientras que los jainíes practicaban un ascetismo tan riguroso que algunos hasta morían de hambre. En China, Confucio creía que el Tao, la realidad suprema, se había alejado tanto del mundo de los hombres que era mejor no hablar de él. Esta experiencia religiosa, radicalmente distinta, significaba que la mitología ya no podía referirse fácilmente a lo divino empleando el antiguo antropomorfismo.

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Estudio de la Era Axial
Ernesto H. de Casas

1
Estudio de la era axial
V1.3
Ernesto H de Casas, Parque de Toledo
Surge el pensamiento. La religiosidad
Siglos IV-IIV a II-III aea

Contenido
Primera parte
Aspectos principales
1. Surgimiento
2. Surge lo religioso
3. El futuro
4. Observaciones
5. Interpretación
6. Menciones finales
Segunda Parte
- Citas varias
- Notas ampliatorias
- Apéndice I- Citas de K.Jaspers
- Apéndice II – Citas de K. Armstrong
PrimeraParte
Aspectos principales
1. Surgimiento
Este periodo surge el pensamiento como tal, y también la espiritualidad en sentido amplio, con
derivaciones de religión, ética, física, etc.,
Surge en unas zonas precisas, entre los paralelos 40 a 20 del hemisferio norte, en Medio Oriente, Asia
y Europa y se da entre los siglos VIII- a V, III aea (antes era actual).
Específicamente: Irán, pre-Israel, India, China y Grecia, sin que podamos saber los factores que inciden
en este surgimiento y porqué no ocurre algo similar en la Mesopotamia y Egipto, que son focos
civilizatorios previos (o, también, en zonas próximas, como será en la Europa eslava y germánica, por
ej.)
El campo es muy amplio, variado y de abundantes detalles.
Utilizamos el concepto de tiempo axial (Achsenzeit) acuñado por Karl Jaspers
1
y expuesto en un
capítulo de su libro Origen y meta de la historia (Ursprung und Ziel der Geschiste). Sabido es a qué se
refiere este autor bajo la categoría de tiempo axial: la historia entre los siglos VIII y V, aea
(aproximadamente) cuando surge en diferentes zonas
expresiones del pensa-miento filosófico y
religioso del que de alguna manera todavía hoy vivimos.
Según Jaspers, en ese corto lapso de tiempo (visto desde una perspectiva histórica más global)
podemos comprobar la emergencia de un pensamiento
autorreflexivo, de un sentido ético y político
universal, de una noción metafísica de unidad, de un sentimiento religioso de lo Inmutable. Los lugares
privilegiados considerados en este enfoque son la Grecia de los presocráticos hasta Platón, Palestina
1
Lo indica en un capítulo de su libro Origen y meta de la hist
oria (Ursprung und Ziel der Geschis
te), Karl Jasper, ‘The Origin
and Goal of History, London 1953, Origen
y meta de la historia, Altaya 1995. 1)
Estudio de la Era Axial
Ernesto H. de Casas
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con los profetas y fundamentalmente con el segundo Isaías, el Irán de Zaratustra, la India de los
Upanishads, Buda y Mahavira; por fin la China de Lao-tsé y Confucio.
Hay que decir que hay más autores considerando estos siglos cruciales, que han destacado la
‘sorprendente simultaneidad del proceso en estos puntos sin contacto sólido entre ellos’ y lo súbito del
fenómeno como surgimiento y declive, pues posteri
ormente no hay nada en esos sitios, ya que el
pensar continua por otros derroteros.
Se dan unos cuantos temas fundamentales en los que unánimemente coincidirán; de todos ellos el de
la unidad es, a nuestro entender, el más importante, el más esencial (unidad que desde luego es
concebida y aplicada de manera diversa y a ámbitos diversos). Esto es así toda vez que los diferentes
descubrimientos que acaecen en el tiempo axial inciden sobre lo unitario y permanente como
componente esencial de toda realidad: unidad en el ámbito del ser, en el ámbito de lo diverso, en el
ámbito de la naturaleza, en el hombre mismo y en su interioridad, en la vida civil y social, unidad del
lenguaje mismo en cuanto que ordenación del mundo (según ensayo sobre el Tiempo Axial de José
Antonio Antón, profesor de Filosofía de la Universidad de Sevilla).
Todas las corrientes de esta época crucial que estamos tratando surgen, de una u otra forma, como
reacción ante una situación precedente considerada como de anquilosamiento, neclive, que no propicia
el pensar y sentir vivos. Así, pues, el tiempo axial se nos presenta como algo novedoso, pero que lo es
en la medida en que quiere ser, y es, una rectificación de concepciones y situaciones anteriores.
Unidad respecto a la multiplicidad
En occidente surgen las nociones de Logos y
nous
(pensamiento o razón según Anaxágoras), que es
como designan en la Grecia arcaica el aspecto unitario de la realidad, la cualidad de unidad y cada
cosa en cuanto que una.
El logos
es la palabra de cada cosa y por tanto su determinación
inconfundible, la realidad que hace que cada cosa se presente como tal.
El
logos y el nous
designan el carácter ordenado, reunido y determinado de todo lo real
2
.
Estas nociones se vinculan con los que entendemos por palabra y conocimiento.
Esta misma intención de responder a la multiplicidad con conceptos únicos se presenta en la filosofía upanishádica de los hindúes como Brahman y Atman.
Para la, donde Brahman es la unidad que subyace a todo cambio, el substrato permanente que posibilita el paso continuo de la impermanencia y Atman es una suerte de unidad interna personal (en palabras conocidas se suele hablar del ‘alma universal’ y el ‘alma individual’, como aproximación).

Aunque podemos precisar que siempre que se nos menciona una categoría metafísica suprema (como Logos, Nous, Tao...) encontramos como correlato esencial de ella misma otra categoría que supone la
presencia de aquella en el hombre. Así el Logos universal y el logos en el hombre, el Nous universal y el nous en el hombre, el Atman universal y el atman en el hombre, Purusa universal y Purusa en el hombre.

También, aunque con matices, también veremos esto en el pensamiento chino. La correlación metafísica de Tao puede ser el Tao de cada cosa (por tanto, también del hombre), o bien Te, la manifestación o dinámica de Tao entre los diez mil seres (lo múltiple); en el caso del confucionismo esta relación metafísica se establece entre Li (Ley universal) y Ye, que es el ideal o modelo de hombre: valedecir, la presencia de Li en el ser humano. Esto mismo se verá con Jehová en los hebreos y ‘La Ley’ o Pneuma:

1.Aliento racional que, en la filosofía estoica, informa y ordena el universo. Logos: Discurso que da razón de las cosas.
Razón, principio racional del universo.) Hay pensadores contemporáneos que considera de muy difícil definición el concepto ‘nous’.

Los Upanishads se consideran de los años 400 a 200 a. ne. – y algunos aspectos del siglo VI a ne. –se agrupan en los Aranyakas, parte de los Vedas, y sirvieron de base a uno de los seis sistema filosóficos ortodoxos hindúes, el vedanta.

Puede ser “persona,” o “espíritu”), alma o el ‘uno mismo’ en la filosofía de India. Se acepta que haya una entidad eterna, no cambiante en la mayoría de las escuelas filosóficas indias, aunque difieren en sus descripciones y demás. También es un rito originario en el que se basan ritos posteriores védicos e hinduistas.

Tao en filosofía china es ‘camino’ o ‘vía’, puede aludir al ‘correcto camino’ o ‘vía del cielo’, en el confucionismo implica una corrección moral, de la conducta humana, pero en el taoísmo, adquiere una dimensión metafísica que va mas allá de lo humano. Datan del siglo IV a. ne. con Aura Mazda (Ormuz) y Ahriman de Zarathustra, es decir reducir a conceptos únicos realidades complejas.

Según José Antonio Antón, ‘estos corolarios de las entidades supremas desempeñan dos papeles ontológicos de gran importancia: suponen la presencia actuante del Ser en las cosas y desproveen a éste de cualquier connotación abstracta, sino que por el contrario lo concretizan y lo muestran en su fuerza determinadora’.

A nosotros nos vasta comprender como la inteligencia humana en un momento dado, en diversos sitios y simultáneamente comienza a tener concepciones unitarias de cosas muy complejas y diversas - piénsese en los mitos egipcios, que tenían cientos (o miles) de deidades para cada cosa que el individuo deseaba a temía -. Este inicio de la aplicación de los mecanismos abstractivos de la conciencia, acompañados a veces de verdaderas inspira-ciones, es lo que ha llevado a los avances (con sus más y sus menos) del pensar en su proceso.

2. Surge lo religioso
Entre los estudiosos abordan el tema con diversos enfoques, actualmente está el aporte titulado como Gran Transformación de Karen Armostrong que destaca el aspecto fundacional de las religiones, ampliando el periodo al siglo IX aea. y sumando variadas observaciones, donde ella insiste en que hay como una tendencia al ‘ahimsha’. 

Es decir, hacia dejar la violencia, de diversos modos y se apela a la
compasión en todo este proceso.

En el Apéndice II se incluyen numerosas notas, quizás extensas,
para dar información erudita sobre numerosos aspectos de este período tan crucial.

Aparte, en todos esos casos los autores hablan de ‘valores o ideales axiales’ que guardan coincidencia, en estos períodos, algo que nosotros comprenderíamos como ‘momentos humanistas’ y valores humanistas en contraste con el antihumanismo tan frecuente en todas estas épocas.

Continuando con esta noción de reducir lo múltiple a lo complejo, que surge en estos siglos y culturas cruciales, vemos como se da en las concepciones de fondo, una reducción interesante - que se presenta en esta época, aparte de lo variopinta de las manifestaciones en cada zona - con la tendencia mencionada de querer explicar lo ‘múltiple y variable con lo único,’ aplicado a diversos campos; lo que es muy evidente en el caso de los términos de logos y tao, en lo que hace al conocimiento o a la conducta, pero también con Yahvé y la Torah, con lo que trata de dar orden y sentido social, yendo más lejos que solo dar unidad a lo más variado y cambiante.

Otra aspecto muy mencionada es la relación mitos-logos, es decir se dejan las explicaciones mitológicas por otras más reflexivas – aunque coexistan en las poblaciones- y la expresión en diversos campos; lo que es muy propio de en Grecia donde tenemos el surgir de la fisis y la filosofía con los llamados presocráticos (buscando la unidad con aquello del fuego, agua etc. como origen de todas las cosas y del ser parmenidiano), pero los mitos se siguen manifestando con el surgir de la tragedia (Sófocles, Esquilo etc.) que tiene raigambre popular, y, además, también está el comienzo de la técnica (el teknos), algo que no sucede tan claramente en otros sitios.

En el fenómeno judío tenemos el enfoque religioso-monoteísta-nación, pues se afirma el dios único, frente a otros en la religión (con los profetas, en la salida de Babilonia) y la fundación complicada de su nación. En la india el periodo védico es de una riqueza abrumadora, fundiendo las ideas unitivas con deidades principales como Brahma Shiva y Vishnu (que hemos vinculado a los pasos de síntesis, complementación y diferenciación). 

Pero irrumpen Buda y Mahvaira (budismo y Jainismo) Y en china, la vasta China, da lugar a la a las ‘100 escuelas chinas’ y a Confucio y Lao-tsé, pero también a otros, con un paisaje distinto, pues no hablamos de dioses ni de razones, sino de fuerzas reduciendo todo a ying, yang y Tao, por una parte y por otra, a los antepasados, las virtudes y reglas morales (surge por vez primera el concepto de reciprocidad con aquello de ‘no hagas a otros...’).

 Esta obra de la autora se titula La gran transformación, obra que lleva por subtítulo El principio de nuestras tradiciones religiosas, donde hace un amplio recorrido con mucha erudición de los siglos cruciales en donde se registra el surgimiento de los pilares del pensamiento y religiosidad que alcanzan hasta hoy. 2) . 

También menciona como se ha discriminado a la mujer en estas
época cruciales, siendo un caso representativo el mito de Pandora, en donde deja a la mujer muy mal, al ser responsable de ‘esparcir los males por el mundo’; siendo que la mujer tiene una presencia muy destacada en épocas arcaicas anteriores (como desarrolla Marija Gimbutas la importancia femenina en su texto El Lenguaje de la Diosa).

No deja de ser llamativo la vigencia de la esclavitud y la se
rvidumbre en estas épocas de avances cruciales, lo que no deja de
llamar la atención, que se tomara como algo ‘natural’.

En los griegos se observa claramente como los mitos continuaron concomitantes a las explicaciones filosóficas pre y post socráticas. En los años 530 a 300 aprox. a. ne. se da el periodo de surgimiento de las filosofías, pero las creencias griegas, mitológicas y religiosas siguen hasta el siglo VI de ne., cuando son abolidas como paganismo por las autoridades romano-cristianas.


Zoroastro por su parte modifica la religión de esa zona dándole más espiritualidad, con su reforma, con
sus características de revelación y monolatría que se anticipa a lo que vendrá luego. Se puede captar
además, claramente, la tendencia a reducir los rituales y sacrificios excesivos de la época

Esto es otra característica de la era: las reformas, las modificaciones, donde todos lo hacen de diverso modo. Una muy destacada es la de Buda, lo que hace es como ‘talar un bosque’: a la frondosidad de las propuestas védicas y pre-védicas, propone la simpleza de reducir todo a liberarse de dukka, (sufrimiento) y conseguir al evasivo nirvana, donde la idea de liberación cobra suma importancia. Y será la una producción hindú que se internacionalice, aunque a la larga no se quede en la India en que surge.

En general, en esta era, se produce un viraje al a interioridad y al comportamiento personal, a la respuesta única frente a lo múltiple. Surgen por primera vez los individuos-pensadores (antes son legendarios), con nombre y apellidos, frente al preferible anonimato anterior, los nombres conocidos aparecen casi al mismo tiempo y sin contacto entre sí, en estas vastas extensiones. Proceso que llega a nuestros días con las extensiones de los siglos I y VI de ea., Cristianismo e Islam, respectivamente.

Algunos estudiosos dicen que es en el siglo XVIII de ea., cuando se reproduce algo similar, aunque centrado en la ciencia y técnica, quedando pendiente el avance correspondiente a lo espiritual en sentido amplio.

Un aspecto que no es menor y queda por verse, es la resonancia que estos planteos tienen en las poblaciones, que sin un relativo arraigo, no hubieran tenido mayor impacto. Cabe suponer que cuando se expresan los promotores principales hay una resonancia con la gente, porque de algún modo lo esperan o anhelan; algo que es evidente en casos de una difusión casi súbita del fenómeno, especialmente en lo religioso.

El surgimiento en sí parece que se produce cuando hay una combinación de fenómenos, como una situación crítica pero dentro de ciertas libertades (donde ha habido rígidas tiranías o mucho peso del clero sacerdotal, no ha surgido nada), en donde el pensar inspirado pueda emerger, siendo el talento de algunos un detalle capital para que los fenómenos se pro-duzcan, porque hay muchos casos en donde habiendo condiciones humanas de muchas urgencia, no se produce nada, ha de pasar el tiempo hasta que reciben una influencia de otra parte, foránea a ellos, pero no generada por ellos mismos.

Así es que hay muchos aspectos a estudiar y desvelar aun.
Lo cierto es que todos estos aportes se han producido y ahí están, en muchos casos vigentes como hace centurias, o milenios, otros con muchos cambios, pero siguen presentes de algún modo.

Llegados hasta aquí, todo esto nos lleva a tratar de ver - como parte de este estudio – como podría ser la continuación del proceso iniciado, donde los autores consultados no se ponen de acuerdo ni arriesgasen hipótesis de lo porvenir; aunque Jasper augura que ‘habrá otra era axial’ sin poder precisarla.

Nos dicen que la primera expresión del principio de reciprocidad es el de Confucio con su enfoque en negativo de No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti. Esto implica una clara insistencia en percibirse a si mismo tanto como a los demás, un enfoque nuevo, solidario si se quiere.

Recordemos que en los himnos sagrados, los Gathas un aspecto dist
intivo es ’El lamento de la vaca’, donde se trasluce lo mal que lo pasaban los pastores con sus animales en una época de sacrificios desmedidos. Además, todo empieza aquí en referencia a Aura Mazda, ’Señor de la Sabiduría’,

es decir, una tendencia esta que sería simultánea a lo de jonia.
En China surgió la llamada ‘Escuela legista’ que justificaba lo dictatorial.3)

Un reciente estudio del fin de las religiones agrarias, sugiere que “Emerge un tipo nuevo de sociedad, con unos fundamentos distintos –sobre todo epistemológicos- que resultan incompatibles con el
"sistema operativo” milenario neolítico. Se impone, por ello, un cambio sistémico tanto a nivel epistemológico como a nivel del tipo de conciencia espiritual de la humanidad. Y eso sucede hoy, en el s XXI, pues las religiones agrarias aun siguen por inercia, con un paisaje y propuestas sin encaje para el ser humano de las grandísimas urbes, las aceleraciones temporales y el cotidiano existir.

Como seria ese cambio, ese fin del origen agrario religioso no se especifica.

3. El futuro
Retomando la época de los siglos IX al III a.ne., vemos que después de estos grandes movimientos, con grandes personalidades, llamadas ejemplares, o ‘paradigmáticas’ porque sus vidas suelen representar sus filosofías, son seres excepcionales, algunos con abundante halo de leyenda y poca precisión histórica, hay pocos surgimientos en el campo del pensamiento. Aunque habrá todo un proceso de desarrollo del conocimiento a través de los filósofos de diversas épocas, donde aparecen los primero proto-científicos hasta llegar a la etapa de los pensadores-profesores y el auge tecno científico sin parangón.

Pero ¿y en los espiritual propiamente dicho?
Porque no mencionaremos a las seudo- propuestas oportunistas, que aparte de ser un síntoma más de la necesidad profunda de una nueva respuesta, no podemos considerarlas en serio.

Y frente a ese largo periodo de silencio de fundadores esenciales, digamos, surge en nuestro caso Silo, que irrumpe también cambiando el contexto de todo lo anterior, pues surge sin una tradición local, esta vez en el hemisferio sur, sin antecedentes previos y con vocación plenamente universalista, como no podría ser de otro modo en la era de la mundialización.

Se tuvo que apartar de los causes establecidos para hacer su aporte y avanzar en estos campos, topando con mil prejuicios y resistencias, uno de los cuales, nos resulta de lo más inaudito: el de que en el campo ético-religioso, o espiritual, afirman: ‘pero si en este campo ya está todo dicho’ no hay nada nuevo que agregar.
__
¡Justamente!
, - nos decía -
¡es ahí donde más hay (tenemos) que decir!
De modo que en este caso tenemos varios aspectos: 

a) la crisis del momento, muy acentuada recientemente, 
b) una necesidad de ‘espiritualidad universal’ evidente (ya que hay muchas propuestas
parceladas, que distancian a las poblaciones, cuando no las confrontan), 
c) ha cierta resonancia en las poblaciones con planteos de nuevas propuestas y está el surgimiento 
d) de la ‘personalidad paradigmática’, Silo y su propuesta contundente.

Queda ahora por verse como sigue procesando, como hacemos nuestra parte, los que ya conocemos este aporte y como lo recibe la gente, como se ha dicho: ‘Si aprovecha la oportunidad y lo hace suyo, o la deja pasar...’

4. Observaciones:
1. El fenómeno observado parece como una parte de algo más amplio, pues poco se dice de la recepción del fenómeno. Es decir, es claro que si un profeta o un pensador o moralizador se expresa, y con contundencia, es porque hay un campo de recepción, de resonancia; en suma hay gente que adhiere y gente que rechaza (sobre todo los poderes establecidos) y gente indiferente. Además surge como una necesidad histórica, humana, profunda. No es un ‘acaso’. Lo captan primero unos pocos y después, lo que es minoría emergente, se convierte en mayoría y se establece el fenómeno con cierta vigencia, hasta que declina.

Pero de cómo sucede todo esto es algo que llama a reflexionar, ¿obedece a unos ciclos del desarrollo de la conciencia humana? ¿Surge en épocas críticas?, ¿es por los fundadores?
Y ¿por qué en algunos casos no sucede nada, habiendo condiciones?

2. Otro Aspecto a destacar es la relación con el poder de estas corrientes, en especial las de tipo religioso, muy al principio se dirigen a influir o acordar con el poder político establecido, ya que con el
religioso se dan diferencias. Es claro con Zarathustra que se relaciona con un jefe tribal, o rey quien ‘después de pensárselo todo un día’ acepta la propuesta y se difunde desde ahí. Toda la obra confuciana estriba en dar normativa a la gente común pero también indicaciones a los reyes o príncipes. También en el Platón de la república se nota esta tendencia cuando propone un estado aristocrático ‘de los mejores.

3. El ciclo imperial no es tampoco ajeno al fenómeno, quizás por la tendencia antes indicada, se observa que en un momento avanzado del ciclo se produce una relación total con el sistema imperial del momento y lugar, un caso evidente es cuando el emperador Asoka se convierte al budismo y lo impulsa considerablemente, que es cuando por única vez el budismo llega a toda la india (con su sistema de monasterios en los cruces de camino donde dan además de sus credos, educación y medicinas, por lo que se expanden también a otros sitios, como China, Japón y demás). Y el caso más notorio es en el occidente romano cuando Justiniano hace del cristianismo religión oficial de estado (después de combatirla seria-mente)
Luego la caída del fenómeno es también algo llamativo, porque de una elevada moralidad se suele caer a dogmas o supersticiones tremendas, o de una alta abstracción conceptual, se cae a secundariedades y el silencio. O también, a la mera costumbre, la simple creencia que continúa por inercia.

4. La escritura es un factor muy importante en esta época porque al irse desarrollando y arraigando permite a los pensadores, profetas, y demás que se explayen por escrito y el hecho de saber q llega a otros y queda en el tiempo sirvió de acicate para expresar ‘cuestiones importantes’ que fueron de más a más.

5. La tensión mitos-logos es relativa, pues los mitos servían para dar explicaciones simples a personas muy simples, el pastor griego cuando escuchaba truenos entendía que Zeus iba en su carruaje por los cielos y eso le bastaba, pero no a otros que agudizaron su intelecto y comenzar a incentivar los mecanismos abstractivos para razonar. Sin embargo los mitos sirvieron como lenguaje explicativo, como la caverna platónica u otras alegorías y metáforas o parábolas tan utilizadas para dar a entender ideas más complejas. Pero es claro que lo ‘explicado’ en los mitos no era suficiente, ni mucho menos, para la mente investigativa que se iba gestando y daba paso al razonamiento.

Por otra parte, en los mitos hay que captar también las ideologías que un sector dominante de la sociedad en cuestión trata de imponer y transmitir.

En el hinduismo en una época vemos muy presente a la deidad Indra, el guerrero, que desplaza a Agni, el fuego, sin embargo en otra época, pasa a un segundo plano; quizás se pueda interpretar que los guerreros pasan también a un segundo plano. En el caso griego, los mitos de belicosos varones predominan dejando muy de lado a mujeres y jóvenes, manifestando claramente un tipo de ideología con esos contenidos a transmitir, que después cambiará.
Sin duda es algo a profundizar.

6. En otro sentido, aplicando nuestra noción de la intencionalidad universal que se abre paso, entre azar y necesidad, es evidente q hace su labor avanzando, superando resistencia y haciendo sus aportes, dando una dirección hacia procesos más conscientes que llega a nuestros días.
Además, habría que ver más en detalle cómo ha influido en todo este proceso las manifestaciones de Escuela y el desarrollo mismo de las disciplinas, con las expresiones propias en sus diversos campos.

5. Una interpretación
 Como sabemos fue la conversión de Asoka, (c. 291-232 aea.) en I
ndia lo que permitió, por única vez la expansión del budismo en
India. En el caso del cristianismo, ya se había expandido ampliamente y al no ser combatido Justiniano, hábilmente, lo adopta para mantener el imperio. 4) 

Lo que podemos interpretar es que, observando a la conciencia humana, en determinados momentos y
por cierto tiempo, se activan los mecanismos
abstractivos y de reversibilidad con contactos de
conciencia inspirada y acceso a lo profundo – con sus traducciones particulares - simultáneamente a un
avance del sentimiento religioso

1 . Por ello tenemos el surgir, histórico, del pensar reflexivo que vuelve sobre sí a considerarse y da como resultado la filosofía y la pre-ciencia, pero también al interiorizase la conciencia llega a lo profundo (en diversos grados) y rescata contenido diversos que se exponen de diversos modos. Por otro lado se inicia la observación de la conducta humana y sus consecuencias, tanto para sí como para el otro, surgiendo las diversas morales y la religiosidad se hace prodiga, porque desde un ateísmo riguroso a un monoteísmo también riguroso pero también un politeísmo concomitante (según las zonas que se consideren).

Hay aspectos llamativos para el observador como es el caso de porque surge todo esto en unos sitios y en otros no, o en unos pueblos y en otros no y el ciclo de vigencia, pues después de un cierto tiempo no continúan los esfuerzos, aunque quedan inercias. Otro aspecto importantísimo es como hicieron estos fundadores para ir llegando a unos pocos y después a muchos, hasta que lograran inserción social y
proyección histórica, aun con sus más y sus menos.

El esquema general podría ser que en momentos históricos y en pueblos determinados se da una situación de cambio y surgen propuestas novedosas, interesantes, representadas por individuos
sobresaliente muy dedicados a esta ‘nueva causa’ y logran formar un circulo de interesados y participantes q en un cierto ciclo temporal llegan a una mayoría importante la cual a su vez y en más tiempo llega a grandes conjuntos de población. 

Con sus mas y sus menos, en pocas palabras esto es lo que sucede, pero cambe preguntarse ¿Qué ha sucedido? ¿Es que las propuestas tienen un particular encaje con la sensibilidad del momento, es que responden a necesidades pendientes? 

En fin son muchos aspectos a considerar; lo que parece haber funcionado es una cierta inteligencia conjunta para que esas propuestas de más lucidez, rompedoras de inercias, sean captadas y adoptadas por grandes conjuntos humanos, aun con modificaciones, y los avances sociales se concretan, amén de los individuales.

Ahora se presenta el reto del nuevo surgimiento de este fenómeno que lo resumimos como manifestación de Escuela, con la propuesta de Silo, algo que muchos ni siquiera imaginan que pueda suceder. El desarrollo es tanto de intelección, en cuanto a estudio y reflexión, como de la pulsión religiosidad-sagrado y el desafío está en llegar a importantes sectores sociales que puedan llegar al conjunto de las poblaciones. En nuestras manos está una gran tarea, el inicio que correspondió a Silo, que lo ha hecho con fuerza, profundidad y alcance, nos queda ahora actuar a la altura necesaria.

6. Una menciones finales 

Nos quedamos con algunas referencias de autores o textos de esta era para reflexionar.

- Ortega y Gasset nos comenta que él comenzaba sus días diciéndose por las mañanas algo que leía en un ‘versillo del Rig Veda’:

“¡Señor danos la sabiduría, Señor danos la alegría!”

- Nos documentan que Confucio decía al respecto de la regla de oro, que había que practicarla ‘todo el  día’ y ‘todos los días’, -todo el día, y todos los días- repetía ...

- Una corta historia sobre lo que enseña el Buda nos dice que una pareja de posición noble, muy  compenetrados entre sí, se había acercado al Buda y su comunidad; en cierto momento le comentan al Buda:

“__ Estamos en todo de acuerdo con tus enseñanzas, con las nobles verdades del óctuple sendero y demás, pero respecto a la disolución del yo (‘anatta’ en la lengua de entonces) preferiríamos conservar nuestros yoes.”

A lo que el Buda respondió: (Aprox.)
__ Bien, si prefieren conservar vuestros yoes pueden hacerlo, pero tened en cuenta que no interfiera con los yoes de los demás”...

Cuando nosotros hablamos de lo religioso no nos estamos refiriendo a la relación con un supuesto dios, sino que nos estamos refiriendo a un sentimiento. De manera que no se trata de que dios exista o no exista. Se trata de que subjetivamente puede registrarse la existencia del sentimiento religioso. (5)