25.9.12

El verdadero origen del mito del DIABLO - DEMONIO



El dios Pan tenía un aspecto mitad humano mitad animal del género caprino. Lo cubría una espesa mata de pelo, y sus piernas no eran piernas, sino robustas patas finalizadas en pezuñas hendidas. De su frente partían dos cuernos que daban un aire bestial a su rostro, el cual, sin embargo, adquirió con el tiempo una expresión de taimada astucia.

Según la versión más difundida de entre las muchas existentes acerca de su origen, lo primero que Pan escuchó en su vida fueron los gritos de horror de su madre, la hija de Driope, al ver la criatura a la que acababa de dar a luz. Después de que ella saliese huyendo, Hermes, que era el padre del nuevo dios, lo envolvió en una piel de liebre y lo llevó al Monte Olimpo para que los demás dioses se regocijaran con su visión. Sus risas burlonas lo rodearon durante los primeros momentos de existencia.

Al crecer, Pan se convirtió, en uno de los semidioses, del panteón griego. Bien por elección o porque su naturaleza especial le inclinaba a ello, vivió al margen del Olimpo, haciendo de los bosques, las cuevas y las fuentes de la Arcadia su hogar. 
Ninguna guerra, humana o divina, contó con su participación. 

Pan nunca escuchó los lamentos de los héroes ni les ayudó a realizar sus vanas ambiciones. Solo los pastores y los cazadores podían obtener su auxilio.





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Sátiros, silenos y faunos
  
 La hibridación de hombres y animales es una de las más habituales formas de inventar un monstruo. El zoo-antropomorfismo simboliza generalmente estados superiores del ser, predominando  el aspecto racional, cuando la naturaleza animal corresponde a la parte superior del cuerpo. Por el contrario, si el animal está asumido a la parte inferior del cuerpo,  las implicaciones simbólicas asociadas a aspectos psicológicos o a actitudes  irracionales, son mucho más fuertes.  Figura antropomorfa con cabeza de chivo que posteriormente pasara a formar parte del "diablo". 

En éste que se presenta representa mas la forma contraria, la más habitual en el ámbito de las religiones griega y romana y cuyo máximo exponente es el sátiro.
Sátiros y ménades en la vendimia previa a las fiestas de Dionisios. Plato cerámico del siglo IV a.C.
En su origen, los sátiros y silenos eran criaturas rudas y desvergonzadas que sobreponían a su naturaleza humana las más groseras cualidades animales. Lucían cuernos y orejas de cabra, cola de caballo y un falo siempre erecto que aludía a su sexualidad desmedida. Más adelante, ya en época Helenística, se les añadieron patas, pezuñas y cola de macho cabrío. Parece que al principio los sátiros y silenos no eran exactamente iguales. 

La leyenda de estos últimos se origina en Asia Menor , fruto de la unión de algunas tribus de humanos con seres equinos; los sátiros, en cambio, procedían del Peloponeso o de alguna de las islas del Egeo y siempre fueron humanos con transmutaciones cabrunas. Sin embargo muy pronto estas diferencias dejaron de existir y ambos –sátiros y silenos- adquirieron las mismas características y quedaron adscritos al culto dionisiaco.

En las leyendas griegas, los sátiros habitaban en la Arcadia, paraíso de la vida bucólica y agreste. 
Eran seres lujuriosos de potencia sexual descontrolada. Su afán principal era seducir a las ninfas, pero como eran groseros y burdos, ellas los rechazaban. Sin embargo el rechazo no lograba sino exacerbar el interés de los sátiros -que eran terriblemente rijosos- así que mientras las bellas ninfas cuidaban de sus rebaños, ellos las acechaban y raptaban para violarlas.

Por eso han sido siempre símbolo de lascivia e incontinencia. Tenían el torso, los brazos y el rostro humano, pero con las orejas, los cuernos, las piernas y la cola de macho cabrío. Se les representaba como seres despreocupados, salvajes y alegres, amantes de la música y propensos a la embriaguez, casi siempre desnudos, pero portando pieles de cabra y coronados de pámpanos y racimos.
 
Pintura sobre cerámica de los siglos V y IV a.C. Las dos primeras representan a los sátiros en relación con la música. En la última aparecen un sileno,  un grifo y un arimaspo, los tres representantes de los monstruos que habitan más allá de las tierras de Escitia.
La representación de los sátiros como seres feos y brutales asociados a las ninfas, a las cuales perseguían y raptaban con el afán de violarlas o a las ménades en las fiestas dionisíacas, son muy frecuentes en iconografía griega, especialmente en la pintura cerámica. La escultura clásica presenta, sin embargo, una variación iconográfica excepcional. De la mano del escultor griego Praxiteles nació un sátiro joven y hermoso en el que las partes animales apenas están insinuadas. Más adelante, siguiendo el camino marcado por Praxiteles, encontraremos esculturas de sátiros que presentan una salvaje belleza.
Escultura clásica y helenística. La primera es una copia romana del sátiro de Praxiteles, del s. IV a.C; la segunda es una copia en mármol de un bronce helenístico del siglo II a.C, conocida como el Fauno Barberini.  La tercera es también una copia romana de un original helenístico realizado en el siglo II a.C, representa a un fauno danzando.

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