2.4.11

trabajo de la piedra en egipto - diorita - granito


Este trabajo ha sido extraído del libro El Enigma de la Gran Pirámide, de Nacho Ares,
publicado por la editorial Oberon (Madrid 2004).

Los créditos de las fotografías corresponden a Denys A. Stocks y a Nacho Ares.


Aunque la experimentación ha cambiado en las últimas décadas algunos de los mitos que se tenían en relación al trabajo de piedras duras en el antiguo Egipto, todavía quedan muchos problemas por resolver.

Hace bastantes años comencé a interesarme por el mundo de los enigmas históricos de Egipto. Me apasionaba todo lo relacionado con sus pirámides, sus momias, la maldición de los faraones, y especialmente el trabajo de la piedra. Me parecía algo tangible con lo que poder estudiar e investigar; algo que no necesitaba de especulaciones ya que las pruebas, al menos así lo creía yo, estaban allí a la vista de todos y eran públicas. Escuchando en la radio o en programas de televisión al argentino José Alvarez López descubrí esa sugerente otra realidad de Egipto. En lo concerniente al trabajo de la piedra se hablaba de la utilización de unas técnicas de trabajo asombrosas en la diorita y el granito (curiosamente no hablaba de la cuarcita que es mucho más dura que las dos rocas anteriores).

En estos estudios se hablaba de la presencia de rocas trepanadas que mostraban una serie de características sorprendentes en su superficie, demostrando así el empleo de herramientas increíbles o la existencia de un insólito bloque de granito descubierto en la meseta de Gizeh por Petrie en 1880. En el número de agosto de 1883 del Journal of the Anthropological Institute Petrie decía que en una de sus caras se había realizado una perforación empleando para ello un trépano en forma de tubo. Para explicarlo voy a poner un ejemplo muy sencillo. Imaginemos que tenemos un queso redondo encima de la mesa. Introducimos en él un tubo de metal hueco. Si volvemos a sacar el tubo, tendremos dentro de éste la porción de queso que ha vaciado, que aquí llamaremos tarugo, y encima de la mesa un queso con un agujero sobre cuyas paredes interiores podrá verse la marca dejada por el tubo de metal a medida que trepanaba el queso.

Estos trépanos son muy similares a las perforadoras que se utilizan en nuestras aceras para trepanar el bordillo, extraer el tarugo de roca que queda en el interior del tubo taladrador y colocar un bolardo (el peligro de cualquier conductor cuando va a aparcar su vehículo).Pues bien, en el caso de este bloque de granito egipcio, uno más entre los innumerables que hay en el país, se podía ver que la herramienta había realizado una perforación circular de 5,6 centímetros de diámetro, dejando en la pared interior de la roca un surco descendente en espiral a lo largo de 5 vueltas, con una distancia entre una y otra de poco más de 2,3 milímetros. Ello demostraba que la herramienta había penetrado en la roca durante una distancia de casi 30 centímetros, sin levantar su punta de la superficie de la roca. ¿Qué significaba esto? Muy sencillo, si en la actualidad para realizar una trepanación similar empleamos herramientas con puntas de widia, un diamante artificial de dureza 11 en la escala de Möhs, y la progresión entre vuelta y vuelta en el interior de la roca no superamos los 0,05 milímetros, sólo hay dos respuestas. Por un lado los egipcios utilizaban herramientas 50 veces superiores a las nuestras o, por otro, la presión ejercida sobre sus toscas herramientas de cobre era de 500 toneladas, algo que no aguanta ningún material conocido sobre la faz de la Tierra ni en ningún planeta de nuestros alrededores, y ni mucho menos el cobre.Más tarde apareció el investigador francés Joseph Davidovits quien en 1988 publicaría un libro que planteaba la posibilidad de que el trabajo casi industrial de estas piedras se debía a un conocimiento alquímico de los sacerdotes egipcios que les permitía, por medio de una fórmula hoy desconocida, poder licuar la piedra y luego volver a solidificarla.A lo largo de los últimos años se han presentado argumentos totalmente erróneos y exagerados que a base de ser repetidos hasta la saciedad en revistas y medios de comunicación, han llegado incluso convertirse en “verdades” asentadas en la egiptología. Me consta, porque a muchos les conozco, que los motivos que les llevan a ello no son ni económicos ni propagandísticos. Por mucho que se diga, nadie vive sólo de publicar artículos de marcianos en revistas especializadas. Es más, a muchos de ellos los considero buenos amigo míos, como Manuel J. Delgado. Simplemente, disiento de lo que dicen y aquí voy a intentar demostrar por qué. Antes de entrar a desglosar estos apartados, para mí terriblemente suculentos, quiero dejar una cosa bien clara.
El trabajo y sobre todo el transporte de la piedra en el antiguo Egipto está rodeado de innumerables problemas técnicos que hoy no tienen solución. Como he dicho más arriba, siempre ha sido un tema que me ha apasionado. Incluso he publicado multitud de artículos y pasajes de libros en donde yo mismo me he dejado llevar por ese sensacionalismo. Sin embargo, este desconocimiento de las técnicas egipcias no tiene que justificar la existencia de teorías descabelladas, basadas en una errónea observación de las pruebas con que contamos. En absoluto me he convertido en un escéptico, como alguno me ha acusado. Sencillamente, no es necesario vestir con nada al misterio cuando su desnuda belleza es realmente fascinante.Primero voy a presentar unos breves datos técnicos para conocer un poco mejor las piedras de las que voy a hablar. Aquí me voy a referir a rocas magmáticas, es decir, aquellas cuya formación se lleva a cabo cuando el magma de la litosfera, la capa más externa de la Tierra, se solidifica. Estas rocas pueden ser intrusivas si se forman en el subsuelo o extrusivas si lo hacen en superficie. Por ejemplo, el granito y la diorita son intrusivas, mientras que el basalto y la dolerita son extrusivas. A lo largo de estas páginas voy a referirme sobre todo a estas cuatro rocas. A continuación presento la composición mineral de cada una de ellas con la dureza de estos minerales entre paréntesis, según la escala de Möhs. Para hacernos una idea, tenemos que tener presente que en esta escala el número 10 lo tiene el diamante, siendo el mineral más duro de la naturaleza. No es del todo correcto decir, por ejemplo, que la diorita tiene una dureza 7 u 8 ya que la dureza solamente se mide en los minerales, es decir los componentes de la roca.
Sin embargo, se suele presentar así para facilitar y comprender mejor el método de trabajo al que nos vamos a enfrentar.La diorita en su mayor parte es feldespato, normalmente plagioclasa (6,5); un elemento oscuro, como alguno de los piroxenos (5,5-6), anfíbol (5-6), mica (2,5-4), biotita (2,5-3); y un porcentaje mínimo, entre el 0 y el 5 por ciento, de cuarzo (7). Por su parte, el granito está formado entre un 35 y un 60 por ciento de cuarzo (7); un feldespato que le da su característico color, normalmente albita (6,5); y mica negra (2,5-4). El basalto se compone de un feldespato alcalino, plagioclasa o albita (6,5); un piroxeno, normalmente la auguita (5,5-6); y, en ocasiones, una pequeña porción de olivino (6,5-7).Con estos datos y siguiendo el análisis de la dureza de las piedras egipcias podemos decir que las más duras tienen un 7 en la escala de Möhs, dato que no tiene nada que ver con el 9 que en ocasiones se ha llegado a decir —yo el primero— de, por ejemplo, la diorita. Tanto ésta como el basalto, la dolerita, el pedernal, la cuarcita, el porfirio, el granito rosa y la sienita, tienen dureza 7.A su formación mineral hay que añadir la información que nos aporta el grano que forma la roca y su densidad. No todos los granitos son iguales y lo mismo sucede con las dioritas. Por línea general, el granito es más duro que la diorita, pero ésta es más difícil de trabajar gracias a la consistencia de su granulado. Este dato lo podemos conocer por su densidad. Si la del granito es de 2,6 o 2,7 gramos por centímetro cúbico, la diorita llega a superar los 3 gramos por centímetros cúbico.Además hay que añadir un dato final que en muchos casos puede resultar curioso. No es lo mismo dureza que resistencia, términos que se suelen confundir con facilidad. La dureza es la capacidad de una sustancia sólida para resistir deformación o abrasión en su superficie. Por el contrario, resistencia es la oposición que ofrece un mineral a que se rompa, por la acción de un objeto externo. Esto nos quiere decir que, por ejemplo, la diorita es muy dura, es difícil rayarla, pero es poco resistente ya que si la tiras contra el suelo lo que sucede es que se rompe en varios pedazos. Una vez comprendidos estos pequeños datos técnicos que me podían ayudar a conocer algo más sobre las rocas, desde un principio observé que había cosas que no cuadraban.
Uno de los principales argumentos de los defensores de la supertecnología egipcia era que desde la IV dinastía, después de la construcción de la Gran Pirámide, se había perdido el conocimiento del trabajo de las piedras duras. Todo parecía dar a entender que había habido, según ellos, una involución.Tengo que reconocer que este dato nunca lo llegué a comprender cuando veía en cualquier libro de arte que los egipcios no dejaron en ningún momento de trabajar el granito, la diorita, el basalto, o el esquisto en ninguna dinastía. Es más, no solamente eran ellos unos supertecnólogos sino que también en Mesopotamia, Grecia e incluso Roma podíamos descubrir ejemplo idénticos. Fue entonces cuando pensé ¿qué me están contando?Han pasado casi dos décadas desde que leí por primera vez los trabajos de Álvarez López y los que le imitaron. En estos veinte años he tenido tiempo de viajar, ver, estudiar, conocer e incluso experimentar destrozando la superficie de algunas de las sillas de mi casa. En concreto una de ellas tiene decenas de melladuras producto de mi indomable búsqueda de la verdad.
El segundo choque, y el que me hizo abrir de forma definitiva los ojos, fue cuando en la meseta de Gizeh, frente a la entrada original de la Gran Pirámide vi de cerca el bloque de granito en cuya superficie hay restos de varios trépanos. Uno de ellos estaba roto, por lo que podía verse el perfil de todo el recorrido de la herramienta en su interior. Efectivamente, como había leído en algunos informes, la punta de la herramienta dejaba un surco muy claro en la pared interior de la piedra que en ocasiones medía unos 2 milímetros entre vuelta y vuelta. Hasta ahí todo cuadraba con las investigaciones de Álvarez López. Lo que no cuadraba era que entre los 2 milímetros de vuelta y vuelta de ese surco descendente había decenas de microsurcos apenas separados entre sí y que seguramente habían sido dejados allí por la misma herramienta.Empezaba a no entender nada, pero algo tenía muy claro. Eso de que la herramienta había penetrado en la piedra de la manera tan prodigiosa como se había llegado a decir, sencillamente, era faltar a la verdad. De lo contrario, ¿a qué se debían esos microsurcos separados entre sí por apenas unas décimas de milímetro?En ese mismo viaje a Egipto del año 1992 pude descubrir en el Museo de El Cairo que los egipcios vaciaban el interior de los bloques de granito, ya fuera para hacer una sarcófago para un enterramiento o para hacer el hueco sobre el que luego quedarían enganchadas unas pestañas, por medio de trépanos circulares de este tipo. Es el caso del sarcófago de Nefer-kheper-re, del Imperio Nuevo, en donde descubrimos 16 agujeros dejados por un taladro, o en un vaso de porfirio del mismo museo con 8 de estos agujeros (La referencia de estas piezas son JE 6337 A, en el caso del sarcófago y JE 18758 en el del vaso de porfirio).Incluso los trépanos podían llegar a ser muy diminutos, de apenas 1 centímetro de diámetro, si se empleaban para vaciar el espacio que ocupaba la ceja de una estatua. Es el caso de una escultura inacabada de Tutmosis III, del Imperio Nuevo, hecha de obsidiana y descubierta en el templo de Karnak.
El tema me fue fascinando más y más. Mi interés fue creciendo a medida que descubría que efectivamente había cosas que no cuadraban con lo que yo siempre había pensado. Y creció mucho más cuando cayó en mi manos el trabajo de un investigador inglés de la Universidad de Manchester. Su nombre era Denys Allen Stocks y antes de egiptólogo había sido ingeniero, aspecto que daba mayor peso a sus estudios sobre el trabajo de la piedra en el antiguo Egipto que hasta ese momento yo desconocía.Después de 25 años de investigaciones, Stocks es el mayor experto en este tema. Por medio de la arqueología experimental ha conseguido encontrar respuestas satisfactorias a uno de los mayores problemas planteados por la ciencia en las últimas décadas, el trabajo de piedras duras con herramientas primitivas de cobre.Si bien es mucho lo que se ha exagerado sobre la dureza de algunos de los materiales empleados para sus estatuas y vasos, los experimentos realizados en los últimos años por Stocks proporcionan pruebas tecnológicamente irrefutables de que los egipcios manipulaban las herramientas de una forma más hábil a como lo hacemos nosotros. Esto significa que ni existen herramientas de una dureza increíble ni nada parecido.Muy similar al estudio de los trépanos en los bloques de granito o basalto es el de los vasos. Conocer cómo se perforaron los vasos de obsidiana, los platos de diorita o, lo más difícil de todo, cómo se vaciaron los vasos panzudos con cuello estrecho, eran algunos elementos que siempre me habían fascinado. Y precisamente ésta era una de las especialidades de Stocks.Su primer contacto con el mundo egipcio fue en el año 1950 cuando solamente contaba con nueve años de edad años. En aquella fecha su padre pasó cuatro meses en Egipto trabajando en la instalación de un generador diesel. Durante ese tiempo mandó a su familia en Inglaterra algunas postales de los monumentos del país. El resto fue como una especie de flechazo. Al instante quedó cautivado por los problemas de ingeniería de esas construcciones así como por el trabajo en áreas de desarrollo y producción más concretas como el vaciado de vasos de piedra, la ejecución de estatuas de granito o el transporte de los grandes obeliscos de Tebas.A lo largo de los últimos 25 años Denys A. Stocks ha fabricado y probado réplicas de vasos así como de herramientas antiguas, trabajo que le ha valido para conseguir su doctorado en egiptología por la Universidad de Manchester. Toda su investigación y las conclusiones de su trabajo están basadas en el conocimiento fundamental de la ingeniería y los principios artesanales aprendidos de su padre, su propia preparación como ingeniero y su experiencia docente.Stocks también se preguntó cuáles fueron los métodos empleados por los pueblos antiguos para trabajar rocas tan duras como el granito, el basalto o la diorita, empleando para ello herramientas de cobre, de aspecto tosco y primitivo. La respuesta parecía sencilla pero jamás nadie se había molestado en realizar la arqueología experimental necesaria que nos acercara a conocer un poco más este tipo de técnicas, a primera vista asombrosas. Él lo hizo y consiguió resultados sorprendentes.

Según Denys A. Stocks todo el trabajo artesanal y la tecnología que ha investigado indican el establecimiento de una industria social innovadora, compleja, sofisticada e interrelacionada, cuyo desarrollo ya era destacado en la época predinástica. El serrado y perforación de la piedra señala que se emplearon para ello miles de toneladas de cobre para las propias sierras y las herramientas tubulares. Este hecho implica la existencia de una notable organización para administrar los procesos industriales, el trabajo en la mina, la fundición de cobre y la fabricación de las herramientas.Para este ingeniero el avance más importante fue la conversión de las herramientas de piedra en otras idénticas pero de cobre, es decir sierras y tubos giratorios de perforación. De igual forma, una estructura tan complicada obligó a la reestructuración social de Egipto, generando grupos de trabajo muy especializados. Parece claro que los reyes egipcios de aquella época, y por ende sus subordinados, fueron ordenando de forma progresiva diseños más complicados y elegantes debido principalmente a que sus artesanos iban desarrollando la tecnología necesaria para ello. Estos planteamientos, aparentemente teóricos, han levantado en las últimas décadas serias dudas sobre su efectividad real. A las teorías sobre la posibilidad de que los egipcios fueran capaces de ablandar piedras (que dentro de poco veremos) o que utilizaran herramientas increíbles para trepanar y perforar vasos, Denys A. Stocks ha contestado a todas estas hipótesis de trabajo de una forma rotunda mediante un serio estudio en laboratorio gracias al cual ha conseguido demostrar la veracidad de sus métodos. Aunque parezca lo contrario, los egipcios utilizaron el cobre en el Imperio Antiguo para el trabajo de la piedra en la Gran Pirámide.

Según Stocks los antiguos egipcios pudieron haber empleado para vaciar, por ejemplo, sus vasos un taladro-tubo fabricado con cobre que, unido fuertemente a un mango de madera, sería introducido lentamente en la piedra.
Como ya he explicado más arriba, esta herramienta genera en el interior del tubo de cobre un tarugo de piedra que posteriormente es extraído por medio de un cincel también de cobre y un mazo. Para ayudar al taladro-tubo los egipcios, según Stocks, emplearon arena de cuarzo, el mayor abrasivo que existe. De igual manera, el desgaste del taladro-tubo de cobre debió de suponer el cambio continuo de esta herramienta por una nueva al poco tiempo de iniciar el trabajo.Cuando conocí a Stocks en el año 2000 una de las primeras preguntas que le transmití era cómo podían conseguir las antiguas herramientas egipcias esas marcas o surcos en el interior de las piedras trepanadas. También le hice saber, aunque lógicamente ya lo conocía, el hecho de la asombrosa distancia entre una marca y otra, detalle que parecía hablar de una herramienta con una fuerza increíble.Desde su punto de vista de la experiencia, después de tantos años de trabajo vaciando bloques de piedra con sus herramientas de cobre ayudándose de arena de cuarzo, la respuesta podía encontrarse en una especie de “efecto óptico”. Según Stocks, la perforación de piedras con tubos de cobre y arena a modo de abrasivo, demuestra que las marcas dejadas en las paredes interiores del vaso o el bloque de granito o cuarcita están causadas por los propios cristales de cuarzo de la arena que se incrustan en las paredes exteriores del tubo de cobre, recorriendo distancias que en ocasiones alcanzan el metro de longitud a lo largo del perímetro de la piedra. Fin del misterio.

En otras palabras, las decenas de surcos que podíamos encontrar entre cada uno de los surcos gruesos cuya distancia de interlineado alcanzaba los 2,3 milímetros, se debían a la herramienta del tubo de cobre. Por su parte, los surcos gruesos de largo recorrido se debían a los cristales de cuarzo que quedaban incrustados en la pared exterior del tubo de cobre entre éste y la pared de la roca, dejando así una sorprendente y imprevista marca.Tanto Álvarez López como muchos de los que le han seguido en sus fantásticas teorías del trabajo de la piedra, caso de Graham Hancock, siempre han recurrido al trabajo de Flinders Petrie para respaldar sus datos.

No voy a dudar que en el primer libro de este arqueólogo inglés, publicado a su llegada de Gizeh en 1883, se presentan innumerables ejemplos de estos bloques de piedra de sorprendente trazado. Sin embargo, en vez de idolatrar tanto a Petrie y ponerlo en la picota como adalid de sus teorías, mejor leían su obra con detenimiento.
El libro The Pyramids and Temples of Gizeh fue revisado continuamente por Petrie en obras posteriores.
Y si no encontraba respuesta a este enigma arqueológico en su obra de 1883, cuando todavía era prácticamente un debutante en la arqueología, si revisamos su bibliografía posterior, nos topamos con respuestas claras, en muchos casos muy cercanas a las que décadas después Stocks ha demostrado en laboratorio.En su libro The arts & crafts of Ancient Egypt publicado originalmente en 1909, Petrie apunta ya la posibilidad de que las marcas en espiral se deban a la acción del abrasivo, si bien no parece estar del todo convencido. Los elementos que le faltan a Petrie para aceptar esta posibilidad son los que precisamente Stocks ha presentado a la comunidad científica: la experiencia.En definitiva, el trabajo de este ingeniero de Manchester ha tenido resultados positivos en los experimentos que él mismo ha realizado. Para llevarlos a cabo, Stocks empleó modelos de vasos de caliza, granito y diorita de apenas 11 centímetros de altura y un diámetro de 10 centímetros. Los resultados fueron los siguientes. Para vaciar el vaso de piedra caliza, roca bastante blanda, empleó 5 horas, tiempo que se dilató hasta llegar a las 23 horas para acabar en su totalidad el vaso.Auténtico trabajo de chinos, o mejor de egipcios, fue la realización de los otros dos vasos, para los cuales el tiempo se multiplicó por quince; es decir, 75 horas para el vaciado y 345 horas para la ejecución completa de cada uno de los vasos de diorita y granito. Si bien un avezado artesano egipcio, debido a su habilidad, hubiera empleado menos tiempo en la fabricación de estos vasitos de 11 centímetros, aun así, no queremos ni pensar cuánto tiempo hubieran empleado los antiguos egipcios para fabricar vasos de piedra como los que vemos en los museos cuya altura puede alcanzar los 40 o 50 centímetros.Y todo con herramientas de cobre. El mismo material que algunos decían se destruía casi al contacto con estas rocas tan duras. Pero a medida que avanzaban los trabajos de Stocks paulatinamente se iban desvelando muchos de los problemas que desde antaño se habían relacionado con este estudio práctico.Su desarrollo estaba basado, como ha sucedido en otros aspectos de la arqueología experimental relacionados con la tecnología de los antiguos egipcios, en la propia documentación de la época faraónica. En este caso, como sucede en muchas otras ocasiones, no se conservan textos que nos hablen del trabajo de la piedra. Pero sí contamos con numerosas representaciones de los talleres de los artesanos en tumbas del Imperio Antiguo. Quizá una de las más conocidas es la de Mereruka. La tumba de este alto funcionario del faraón Teti (2330 a. de C.), de quien ya hemos tenido oportunidad de conocer algunos detalles de su vida en este mismo Capítulo Tres, conserva unos magníficos relieves que reproducen el trabajo del vaciado de vasos de piedra en un antiguo taller supervisado por Mereruka. En la sala A III de esta tumba, la segunda en el recorrido normal de la visita, sobre la pared este podemos ver varios talleres de antiguos artesanos.
En uno de ellos dos hombres trabajan sentados ante sendos vasos de piedra. En sus manos portan un “jemet”, la herramienta empleada por los antiguos operarios para vaciar estos vasos. Hasta nosotros no ha llegado ninguno de ellos, pero todo parece ser que se trataba de un tubo de madera con una punta bifurcada u otro tubo de cobre en su extremo inferior. La herramienta se manejaba con un mango también de madera junto al cual había un par de bolsitas de tela que seguramente hacían de lastre al estar llenas de arena.En otros lugares, como la calzada de la pirámide de Unas también en Sakkara podemos encontrar más representaciones de artesanos en sus talleres trabajando con el “jemet”, un ideograma que era empleado en la escritura jeroglífica para expresar la idea de habilidad o el concepto de artesano. Otras representaciones las podemos ver en las tumbas de Ukhhotep y en la de Pepionkh, ambos de la XII dinastía, en la de Rekhmire, en la de Nebamón y en la de Puyemre, estas tres del Imperio Nuevo o en la de Aba de la Época Saíta. Junto a este problema nos encontramos también el de cómo sujetar el vaso. Parece algo sencillo pero hasta que uno no se pone a intentar perforar un bloque de piedra con una herramienta, no se da cuenta de que el bloque se pone a girar como un loco en la misma dirección en que lo hace la herramienta. Si nos fijamos en los relieves que he mencionado de talleres, en todos, los obreros aparecen sentados ante el vaso, de lo que se deduce que éste debía de estar fijado al suelo de alguna manera. Cuando le transmití a Stocks la pregunta, si bien no estaba muy seguro de cuál podía ser la respuesta a este enigma, me planteó dos posibilidades. Es posible que los vasos de piedra fueran colocados en agujeros realizados para este fin en trincheras de adobe, o bien que se fijaran sobre una superficie mientras se perforaban. Para ambas posibilidades había cierto respaldo arqueológico a partir de unos hallazgos en antiguos talleres. Para el primer caso el arqueólogo James Quibell encontró unos agujeros en Hieracómpolis cuya finalidad bien podía haber sido ésta. Para la segunda posibilidad sucedía lo mismo pero en esta ocasión con un hallazgo cerca de las tumbas de Meir.Más difícil solución tiene el enigma de los vasos panzudos, los que tienen cuello estrecho y panza muy abultada, perfectamente vaciados en su interior y por cuyo cuello es imposible introducir cualquier tipo de herramienta conocida. Cuando le lancé esta pregunté Stocks también tenía una respuesta para estos vasos. Es cierto que hay algunos que plantean problemas de ejecución muy serios, algo que no es nuevo y que desde hace décadas ha causado irritación entre los egiptólogos.
Stocks ha planteado la posibilidad de que usaran una herramienta que él denomina “taladrador giratorio” y que tenía dos funciones. Por un lado, realizaba una serie de agujeros para vaciar la porción central del vaso, es decir un descenso en vertical. Una vez creado el espacio interior necesario, la misma herramienta era capaz de vaciar la zona de los hombros de la vasija. Para ello lógicamente hay que tener mucha habilidad y, sobre todo, paciencia.Sin embargo, no hay que olvidar una cosa no menos insólita. Se ha exagerado bastante sobre estos vasos panzudos y lo más curioso de todo es que muchos de ellos están fabricados de dos piezas que luego han sido unidas. Normal que en algunos de ellos no pueda entrar ni el brazo de un niño.Negar el trabajo de Stocks es negar la evidencia. Como dice el dicho popular, no hay más ciego que el que no quiere ver. De nada sirve especular con teorías, hipótesis y trabajos de gabinete si luego no se hace lo más mínimo por demostrar que efectivamente trabajar con herramientas de cobre es o no posible. No conozco un solo estudio publicado de ninguna institución que demuestre la imposibilidad del empleo de herramientas de cobre para el trabajo de estas piedras.Lógicamente si se le pregunta a un cantero cómo conseguir una herramienta que trepane el granito penetrando en la roca a razón de 2,5 milímetros por vuelta, todos reconocerán y firmarán que hoy eso es imposible. No obstante si no se tergiversan los datos y se presentan tal y como son, sí nos podemos acercar a una respuesta viable.Lo que no plantea ninguna clase de problemas es el trabajo de los bloques de caliza, es decir, la mayor parte de la piedra empleada en la construcción de la Gran Pirámide. Incluso en época predinástica, cuando ni siquiera existía el cobre en Egipto, esta piedra blanda era perforada y trabajada con herramientas hechas con simples cañas cogidas de los marjales del Nilo.Más problemas plantean los grandes bloques de granito que podemos ver en la Cámara del Rey, así como el sarcófago que allí encontramos. En este sentido Flinders Petrie también era muy claro.El granito y las piedras duras también eran serradas y cortadas con trépanos tubulares. Las sierras eran cuchillas de cobre que tenían puntas cortantes. El material cortante para trabajar las piedras blandas era arena y para las duras, esmeril. Incluso en época primitiva se emplearon bloques de esmeril para machacar y conseguir abalorios. También se extraía del esmeril vasos de piedra como el que se conserva en el University College de Londres. No cabe la menor duda, por lo tanto, de que el esmeril era conocido y usado.
El esmeril es una variedad del corindón, un mineral de dureza 9. En la actualidad es muy utilizado en forma de polvo para fabricar papel de lija, limas de uñas o incluso para el pulido de otras piedras.El empleo de sierras de este tipo está perfectamente constatado no solamente en el sarcófago de Keops sino en otros lugares de su complejo piramidal. Es el caso de las losas de basalto que hoy forman los restos del pavimento del Templo Funerario, levantado en la cara este de la pirámide. La medición, análisis microscópico e investigación de las marcas dejadas en los enormes cantos de estos bloques de basalto ha demostrado que ya en la IV dinastía se empleaba lo que técnicamente se denomina una sierra de balanceo, cuya aparición se creía del siglo V a. de C., es decir 2.000 años después de la Gran Pirámide. Esta sierra estaba formada por una enorme hoja de cobre dentada y endurecida con puntas cortantes de esmeril. La hoja colgaba de los brazos de una especie de caballete enorme levantado sobre el bloque de piedra que se quería cortar. A ambos lados de la sierra grupos de hombres la hacían balancear sobre el caballete haciendo que lentamente fuera serrando la roca. Mientras, junto a la piedra otro grupo de personas arrojaban agua y abrasivos para facilitar el trabajo del serrado. Este hallazgo no solamente demuestra que la tecnología en la Era de las Pirámides fue mucho más sofisticada de lo que habíamos pensado, sino que, además, la industria también estaba más desarrolla.Los argumentos arqueológicos que he propuesto en las últimas páginas cuadran y encajan perfectamente con el legado que hasta nosotros ha llegado de la cultura egipcia. Eso no lo puede negar nadie.
Algunas de esas herramientas de cobre pueden verse en la actualidad en el Museo de El Cairo. Las que descubrió Brian Walter Emery en la región de Sakkara se pueden contemplar en la planta baja del museo en la galería este de sala 43, una especie de pasillo que sirve de almacén y que está situado a pocos metros de donde se encuentra la conocida Paleta del Rey Narmer. No son sierras grandes sino simples hojas dentadas con una mango de madera, pensadas para ser utilizadas por una sola persona. Ciertamente no nos ha llegado tanto como nos hubiera gustado, pero hay que pensar en un detalle lógico. El cobre al igual que el bronce y el hierro, eran metales casi tan preciosos como el oro o la plata. Las herramientas de cobre una vez utilizadas y melladas volvían a ser reutilizadas comenzando así un ciclo, casi natural, de reciclaje y utilización que perfectamente podía durar siglos. No se trata de algo extraordinario ni en Egipto ni en otras culturas de la Antigüedad. Resulta bastante extraño encontrarse con objetos de metal correspondientes a los primeros períodos de la historia en las excavaciones arqueológicas.Otras herramientas parecidas, descubiertas en canteras de trabajo las podemos encontrar, como ya he dicho más arriba, en la sala 34 de la primera planta del mismo museo cairota. Se trata de cinceles de cobre o bronce y de mazos de madera empleados, la mayoría de ellos, en el trabajo de la piedra caliza; piedra que como hemos visto apenas presenta problemas en su desbastado y pulido.La teoría que voy a presentar a continuación fue esgrimida a finales de la década de los 80 como una alternativa al trabajo convencional de la piedra en el antiguo Egipto. Su autor es el francés Joseph Davidovits y se basa, como ya anuncié, en el supuesto conocimiento alquímico de los sacerdotes egipcios para fabricar piedra artificial.
Con ella Davidovits no solamente encontraría solución al trabajo de piedras duras sino que además resolvería por fin el problema que conlleva el traslado de grandes bloques de piedra. Según él, para la construcción de la Gran Pirámide sólo era necesario ir mezclando al pie de la construcción o en el piso correspondiente los ingredientes necesarios, colocar en el molde, dejar secar y depositar en la ubicación deseada. El trabajo de Davidovits no tiene nada que ver con el ablandamiento de piedras y su posterior solidificación, tal y como han llegado a defender algunos de sus seguidores. Él se limita a fabricar piedra nueva con elementos geológicos naturales.Lo que no voy a negar es la efectividad de los materiales geopoliméricos diseñados por Davidovits. Es más, se han llegado a decir argumentos supuestamente esgrimidos por Davidovits que no aparecen por ninguna parte en su obra. Es decir, alguien se ha encargado de exagerar hasta la saciedad una teoría sugerente pero nada más. Por ello no es mi intención criticar la labor de este investigador francés en lo que concierne a la creación de piedra caliza artificial. El éxito de esta idea quedó más que claro en el año 2002 cuando en un documental para la televisión consiguió su objetivo con éxito. Un grupo de 11 personas ataviadas con ropas del antiguo Egipto y dirigidas por Davidovits llenaron una piscina con los ingredientes que había proporcionado el científico francés, consiguiendo fabricar un bloque de caliza con una textura y aspecto idénticos a los que se pueden ver en Gizeh.Sin embargo, como sucedía con los que defienden aún la supertecnología de los antiguos egipcios, en la teoría de Davidovits hay detalles que desde un principio no me cuadraban.En primer lugar, no conservamos ni un solo referente arqueológico ya sea una descripción en un relieve, un texto o cualquier otra referencia indirecta que nos de pistas para demostrar que, efectivamente, los egipcios licuaban la piedra y luego la solidificaban. Tampoco se ha descubierto ninguno de los moldes que supuestamente se debieron de emplear en la construcción de las pirámides. Es más, cualquiera que se dé una vuelta por la Gran Pirámide puede descubrir que sus más de 2 millones de bloques de piedra tienen medidas diferentes. Si los egipcios fueron tan torpes de emplear para cada piedra un molde, estarán conmigo en que es extraño que no haya aparecido ninguno de esos millones de moldes.El estudio químico de la piedra ha demostrado en los últimos años que las canteras de la Gran Pirámide están ubicadas tanto en la propia meseta de Gizeh, en su mayor parte, como en las canteras de Tura y en el Moqattam, estas dos últimas muy cerca de la moderna ciudad de El Cairo.
Además su análisis también ha demostrado que se trata de piedra totalmente natural, que no ha sufrido ninguna clase de proceso químico.La idea de Davidovits no es nueva. A comienzos del XX el americano Donaldson esbozó la posibilidad de que los egipcios ablandaran la piedra si bien se limitó a exponer su hipótesis sin profundizar en ella. Pero la originalidad del trabajo de Davidovits se centra en los diferentes frentes desde los que afronta su investigación.En primer lugar el análisis fotográfico de fragmentos de caliza procedentes del Canal Ascendente recogidos por Jean Philippe Lauer y entregados por Davidovits a tres laboratorios para su investigación dieron resultados sorprendentes. En estos fragmentos aparecieron lo que parecían ser burbujas y una mancha oscura delgada y alargada; algo que más de uno se adelantó a decir que eran restos de cabellos.En este punto hay que decir en favor de Davidovits que cualquiera que lea su libro se puede dar cuenta de la prudencia con la que este científico francés maneja los datos. En ninguna parte del mismo se dice tajantemente que estos restos sean tejidos o cabellos sino que literalmente leemos “los tres laboratorios informaron que la mancha no podía ser otra cosa que un pequeño atadijo de dos o tres fibras orgánicas, posiblemente pelo”. Uno de los “cabellos” medía casi 20 centímetros, algo totalmente inaudito en el antiguo Egipto en donde los sacerdotes iban con la cabeza totalmente afeitada, en la medida de lo posible también, por cuestiones de higiene. Pero nunca, en cualquier caso, nadie llevaba el pelo tan largo.Otro de los argumentos que se han querido meter con calzador a la teoría de Davidovits es la variabilidad de densidad de los bloques de piedra de la Gran Pirámide. En realidad, el francés no menciona en ninguna parte de su libro este hecho, pero una vez más, los que han exagerado su teoría han añadido elementos de su propia cosecha.Algunos de los datos químicos o de análisis de superficie empleados por Davidovits en su obra pertenecen al Dietrich Klemm, del Intitut für Allgemeine und Angewandte Geologie y catedrático de la Universidad Ludwig Maximilians de Munich (Alemania). Me consta la valía de este profesor como investigador en piedras y canteras de Egipto, al ser una referencia habitual en artículos especializados en revistas de egiptología.
Davidovits dice que Klemm presentó un informe sobre las canteras de donde salieron los bloques de la Gran Pirámide en el Segundo Congreso Internacional de Egiptología de Grenoble (Francia) del año 1979. Por más que he buscado en las actas de este congreso, ni el nombre de Klemm ni su trabajo aparecen por ninguna parte. Es más, ni siquiera el propio Davidovits reseña el trabajo del alemán en su libro. No sé por qué será.Donde sí se confunde el científico francés es en la única y supuesta referencia documental del ablandamiento de piedra en el antiguo Egipto. Me estoy refiriendo a la Estela del Hambre de la isla de Sehel, cerca de Aswan.Davidovits cree que entre las líneas de texto jeroglífico de este documento se encuentra la confirmación de que los egipcios conocían la fórmula del mortero para disolver la piedra. La estela se encuentra en la isla de Sehel cerca de Elefantina. Para llegar hasta ella podemos alquilar una faluca o una motora en la ciudad de Aswan. En apenas 15 minutos alcanzamos la orilla del islote en donde ya nos estarán esperando algunos simpáticos indígenas, normalmente mujeres, para vendernos sus artesanías o, incluso, intentar comprarnos como maridos. No es la primera vez que me sucede algo así en Egipto.El recinto arqueológico está cerrado por una cerca de cemento y metal tras la cual podemos ver multitud de grabados realizados sobre la piedra del lugar. Se trata de textos votivos que van desde el reinado de Keops hasta el final de la historia de Egipto. Todos ellos tienen un denominador común. Son ofrendas al dios local Khnum, el dios de la primera catarata y curiosamente, el mismo bajo cuya advocación está la propia figura de Keops, Khnum Khufu, “Khnum me protege”. El texto más conocido de todos es la llamada Estela del Hambre. Para llegar hasta ella hay que ascender toda la altura de la isla. Para ello no hay más que seguir el sendero natural que se abre frente a la puerta del recinto arqueológico.En esta estela podemos leer un texto establecido por los sacerdotes del templo de Khnum en tiempos de Ptolomeo V Epífanes, a principios del siglo II a. de C. Sus 32 columnas de jeroglífico muestran la invención de los sacerdotes locales de una leyenda en la que se describe una supuesta hambruna sufrida en el Imperio Antiguo, durante el reinado del faraón Zoser. Este rey, según el texto, recibió en sueños la visita del dios Khnum, anunciándole el final de las hambrunas en el Alto Egipto.
El texto añade que, en agradecimiento al gesto de Khnum, el faraón Zoser mandó un comunicado real al gobernador del sur, no mencionado en el texto de la estela, en el cual se hacía obligatorio que el templo del dios Khnum en Elefantina recibiera una renta anual procedente de los impuestos de la región. Con esta leyenda, muy común en Época Tardía y Ptolemaica, los sacerdotes pretendían justificar una tradición, seguramente inexistente, para obtener dinero de las arcas del Estado. Como contraprestación, en Elefantina se levantaría un majestuoso templo en honor del dios Khnum empleando para su construcción las piedras más exquisitas de las ricas y variadas canteras de la región de Aswan.Davidovits dice que en la línea 11 del texto se puede leer claramente que los egipcios empleaban el aglomerado de piedra para fabricar piedras artificiales.En su parte este , hay muchas montañas con piedras preciosas (para la construcción), todas las piedras necesarias para hacer el aglomerado, todas las cosas requeridas para construir los templos de los dioses del Bajo y Alto Egipto, los establos de los animales sagrados, los palacios de los reyes y las estatuas que se encuentran en los templos y santuarios.Esto es lo que dice Davidovits. Pero si nos molestamos en ir al texto original editado por Heinrich Brugsch y lo comparamos con otras traducciones modernas, podemos comprobar el cambio de sentido en el significado del texto.(11)...Hay una gran montaña en su parte este, con piedras preciosas y piedras de construcción de todas las clases,...¿Dónde está el error de Davidovits? El francés emplea para su investigación no una traducción moderna sino una antigua traducción del año 1891. En ella Heinrich Brugsch añadió de su propia cosecha el término “ungüento” o “aglomerado”, palabra que no aparece por ninguna parte del texto original.Si seguimos avanzando en el estudio de la Estela del Hambre, entre las líneas 15 y 17 descubrimos un listado de rocas y metales que se pueden encontrar entre las numerosas canteras de Aswan. Son el esquisto, granito, cristal, cuarzo, esmeralda, oro, plata, turquesa, feldespato, magnetita, granate, cornalina, ocre y otros ocho elementos todavía no identificados por los egiptólogos. Pues bien, esta enumeración aparece en la estela como simple muestra de la riqueza natural de Elefantina y por ende, del beneficio que puede obtener por ello el lujoso templo de Khnum que se le va a construir. Pero no tiene nada que ver, tal y como defiende Davidovits, con que sean los componentes de esa fórmula para el aglomerado.
El texto de la Estela del Hambre no tiene nada que ver con una fórmula para conseguir el aglomerado sino con el texto fundacional de un templo. Un ejemplo idéntico lo encontramos en el antiguo Templo Funerario de Amenofis III (1360 a. de C.) en la orilla oeste de Tebas, la actual Luxor. Tras los conocidos colosos de Memnón se abre un enorme patio. Justo al final de este lugar se levanta una estela sobre la que se grabó un texto alusivo a la erección de un templo en honor de Amón y para el cual se emplearon las piedras más excelentes de la zona, es decir, un texto muy parecido al de la estela de Sehel.Ven Amón Ra, Señor de Tebas, mira la casa que te he construido, la he hecho con excelente piedra arenisca blanca, la he llenado de monumentos y de estatuas hechas de montañas, de alabastro, de granito rosa y negro, de oro y de todas las piedras caras y espléndidas sin fin (...) Ven Amenofis, hijo mío, te he escuchado, he visto el monumento. Soy tu padre y acepto lo que has hecho para mí.El último elemento que se ha querido vincular con la licuación de la piedra en el antiguo Egipto son las marcas en forma de “cucharadas” que se pueden ver en algunos monumentos. Los más conocidos son quizá los que hay en la cantera de granito rojo de Aswan. Allí se conserva el obelisco inacabado. Sus medidas son asombrosas: 42 metros de largo y un peso estimado de 1.267 toneladas, superando así a cualquier otro obelisco jamás levantado en el mundo.A ambos lados de la aguja de piedra, en las trincheras que se abren a lo largo del obelisco, podemos ver los característicos surcos, muy similares a los que deja una cuchara cuando rebana una porción de mantequilla.Cuando el americano Reginald Engelbach (también conocido como Rex Engelbach) estudió este obelisco en la década de 1920 se percató de dos cosas. La primera que en ninguna parte del obelisco, datado en el Imperio Nuevo, hacia el reinado de Hatshepsut (1500 a. de C.), aparecía una sola marca de herramientas, ya fueran cinceles de cobre, de bronce o de hierro. El segundo detalle que le llamó la atención fue la abrumadora abundancia de unas extrañas bolas de piedra dura, dolerita, esparcidas por toda la cantera.
Engelbach también descubrió restos de esas “cucharadas” en otros lugares de la cantera. La deducción parecía obvia. Los egipcios no habían empleado cinceles en la extracción de la piedra sino que para rebajar y sacar los bloques utilizaban bolas de dolerita, una piedra mucho más dura que el granito, que permitía rebanar con relativa facilidad la roca.Una vez más la arqueología experimental demostró que aquellas cucharadas no se debían a la acción de ablandamiento de la roca sino a la acción continuada de las bolas de dolerita empleadas como herramientas de percusión. Tanto Engelbach en 1922 como Mark Lehner y Denys Allen Stocks en los 90 han demostrado sobradamente la efectividad y, sobre todo, la realidad del método.Las bolas de dolerita miden entre 20 y 30 centímetros de diámetro, es decir la misma distancia de las marcas con forma de cucharada. Engelbach fue el primero en experimentar en la propia trinchera del obelisco con una de estas bolas. En su trabajo consiguió rebajar 5 milímetros de granito después de una hora de duro trabajo. Sus cálculos le señalaron que un obrero experimentado podría conseguir rebajar unos 7 u 8 milímetros en ese tiempo, por lo que en unas 143 horas podría avanzar un metro. Es decir 18 días de 8 horas diarias de trabajo. Los datos no eran casuales y se aproximaban a los 7 meses de los textos aparecidos en el templo de la reina Hatshepsut en Deir el Bahari en donde se habla de ese período de tiempo para la fabricación de un obelisco.En otras canteras similares se han encontrado los mismos sistemas de trabajo. La región de Aswan cuenta con una de la zonas más ricas desde el punto de vista de la cantería. Allí podemos encontrar no solamente granito rojo sino una variedad muy grande de otros tipos de piedras duras. Recientemente, el Dr. Zahi Hawass ha dirigido una excavación en una cantera de granito negro en Aswan. Allí han aparecido los restos de siete obeliscos inacabados y lo más significativo de todo, miles de estas bolas de dolerita utilizadas por los obreros en el trabajo de la piedra.
Si no servían para esto, ¿para qué, entonces? Estoy seguro de que no se empleaban para jugar a las canicas, ni eran los rodamientos de una gigantesca nave espacial en forma de rueda que llegó desde un planeta lejano a la cantera hace miles de años. Se coja por donde se coja, la teoría de Davidovits no tiene ni sentido ni coincidencia alguna con la cultura egipcia. No se conservan ni los moldes, ni la fórmula, los análisis de la piedra son tajantes en defensa del origen y naturaleza de las piedras, y el esquema en general chirría estrepitosamente cuando se le quiere cotejar con las fuentes egipcias. No tiene sentido que licuaran la piedra y que luego grabaran en sus relieves el trabajo de la piedra de la manera tradicional. Con esta técnica aparentemente primitiva fueron capaces de esculpir y levantar los pesados bloques de granito de la Cámara del Rey, bloques que, por otro lado, no son “nada” comparados con algunos del Templo del Valle de Kefrén, cuyo peso alcanza las 245 toneladas, las 1.000 toneladas de los colosos de Ramsés II en el Rameseum de Tebas y, ni mucho menos, las 1267 que hemos visto que tiene el obelisco inacabado de la cantera de Aswan, el mismo lugar de donde salieron los bloques que hoy recubren el corazón de la Gran Pirámide.Pero dejemos ahora de lado los métodos de construcción y de trabajo de la piedra para centrarnos en otro campo de investigación no menos apasionante y del que todavía tenemos mucho que aprender.
© Nacho Ares 2004


EL AUTOR es licenciado en Historia Antigua por la Universidad de Valladolid. Ha escrito más de una decena de libros asi como también más de 300 artículos en diferentes publicaciones especializadas en arqueología y enigmas históricos. Es en la actualidad director de la Revista de Arqueología, y director y presentador del programa de televisión Enigmas y Misterios. Ha colaborado también en gran cantidad de programas de radio y de televisión
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 Descubrimiento hecho por Flinders Petrie en la aldea de Naqada en 1893. Naqada está a 300 millas al sur de Cairo, y vasijas de cerámica y de piedra fueron descubiertas allí que fueron producidos por medio de alguna técnica que ha creado considerable controversia.

Parece ser que la cerámica de Naqada no tenía ninguna de las estrías que indicarían que fue hecha en un torno. Pero sin un torno de cerámica, es prácticamente imposible hacer vasijas "perfectamente redondas". ¡Pero esta cerámica era tan perfectamente redonda que era absurdo pensar que fue hecha a mano sin un torno!
Petrie, por supuesto, situó la fecha de la cerámica en la 11a dinastía, alrededor del 2000 a.C., basándose en sus observaciones de artesanía, más que en ningún otro criterio. La cerámica era, sin embargo tan "no-egipcia" que llamó a los creadores "la Nueva Raza".

Petrie se enfrentó ante cierta dificultad cuando encontró más adelante algunos ejemplares de este mismo tipo de vasijas de piedra en tumbas de la Primera Dinastía datando de, según egiptólogos, alrededor del 3,000 a.C. En este punto, desechó las vasijas de Naqada de su cronología, prefiriendo ignorar lo que no podía explicar.

¿Crearon los naqadianos estos artefactos?

La gente de Naqada descendía de granjeros paleolíticos que comenzaron a cultivar cosechas en el norte de África alrededor del 5,000 a.C. Enterraban a sus muertos hacia el oeste, y parecían ser una cultura primitiva estándar. El único problema era: las vasijas. Las más sorprendentes de ellas eran "altos jarrones con cuellos delgados, largos y elegantes con finos interiores, incorporando brazos huecos". Incluso más sorprendente, parece que más de 30,000 de esas vasijas fueron encontradas bajo la Pirámide Escalonada de Zoser en Saqqara.

Christopher Dunn, un fabricante de herramientas, escribió un artículo titulado Maquinaria Avanzada en Egipto, donde nota:

Las millones de toneladas de roca que los egipcios sacaron de las canteras para sus pirámides y sus templos - cortando con tan soberbia precisión - revelan atisbos de una gran civilización que era técnicamente más avanzada de lo que generalmente se cree. Aunque se piensa que millones de toneladas de roca fueron cortadas simple herramientas de mano, como cinseles de cobre, hachas y mazos de madera, evidencia substancial muestra que este simplemente no es el caso. Incluso descontando el argumento de que el cobre endurecido para el trabajo no sería adecuado para cortar roca ígnea, la evidencia nos forza a mirar mejor, y más objetivamente, cuando explicamos las marcas de manufactura sobre el granito antiguo por antiguos artesanos de la piedra. [...]

Aunque a los egipcios no se les dio crédito por la rueda simple, las marcas de máquina que dejaron en el granito encontrado en Giza sugiere un grado mucho más alto de alcance técnico. Las conclusiones de Petrie en relación a sus habilidades mecánicas muestran el uso de la sierra recta, cierra circular, taladro de tubo, y sorprendentemente, incluso la moldeadora.

Naturalmente, los egiptólogos no hacen más que desacreditar y atacar tales puntos de vista, pero no son capaces de mostrar ninguna evidencia para sostener sus declaraciones, mientras que hay una creciente montaña de evidencia para respaldar la tecnología antigua. Una vez más, sugiero que se requiera de los egiptólogos tener un grado en ingeniería, así como más amplia educación en otros términos. Son los egiptólogos quienes parecen ser los árbitros fundamentales de nuestra historia, y una y otra vez, encontraremos que son los ciegos guiando a los ciegos.

Regresando a Dunn, él examinó bloques que habían sido ahuecados con algún tipo de taladro en el Templo del Valle en Giza. ¡Notó que las marcas del taladro que quedaron en los huecos muestran que cortaba en la piedra a una frecuencia de un décimo de pulgada por cada revolución del taladro!

¿Qué es tan sorprendente acerca de ello? Ocurre que tal frecuencia no puede ser alcanzada con la mano sin la aplicación de más de una tonelada de presión. ¡Y es obviamente absurdo considerarlo en términos de taladro manual! Dunn consultó con especialistas en maquinaria de taladro y se le informó que los mejores taladros que tenemos hoy en día, girando a una frecuencia de 900 revoluciones por minuto, pueden cortar en piedras similares a una frecuencia de un diezmilésimo de pulgada por revolución. ¿Conclusión? Los constructores de las pirámides y los creadores de las vasijas de piedra o tenían taladros que trabajaban 500 veces más rápido que los que tenemos hoy en día, o tenían un "secreto". Colin Wilson nos dice:

Otro aspecto del problema comenzó a proveer a Dunn de una esperanza de una solución. Un hoyo taladrado en la roca que era mezcla de cuarzo y feldespato mostró que el "taladro" había cortado más rápido a través del cuarzo que el feldespato, aunque el cuarzo es más duro que el feldespato. La solución que sugiere suena casi más allá de lo creíble. Señala que maquinaria ultrasónica moderna utiliza una herramienta que depende de la vibración. [...]

Los cristales de cuarzo son utilizados en la producción de sonido ultrasónico, y a cambio, responden a vibraciones ultrasónicas. Esto explicaría por qué el "taladro" cortó más rápido a través del cuarzo que el feldespato.

Lo que se está sugiriendo suena, hay que admitir, absurdo: que los egipcios tenían algún tipo de fuerza tan poderosa como nuestra electricidad moderna, y que esta fuerza estaba basada en el sonido.

Como Wilson y Hancock señalan, esta explicación va hacia explicar las vasijas con cuellos de cisne que están ahuecadas a partir de materiales tan duros y quebradizos. También señala cuán avergonzado habría estado Petrie de saber que vasijas similares han sido sacadas del estrato fechado como 4000 a.C. cuando Egipto estaba supuestamente ocupado por nómadas en tiendas.

Pero es cierto aún tenemos el hecho de que había nómadas en tiendas en este punto, y la única solución que puedo ver es que éstas gentes eran sobrevivientes de un evento cataclísmico, y que continuaron utilizando lo que fuera que pudieron encontrar de su civilización perdida. De este modo, vasijas y otros artefactos, recuperados de las ruinas, habrían sido encontrados en cualquier cantidad de "estratos" donde cayeron después de tal evento. Parece ser que estas vasijas podrían ser evidencia de que la "Nueva Raza" de Petrie era anterior al Egipto faraónico por miles de años. [...] [Laura Knight-Jadczyk, Secret History of the World]

25.3.11

Un 'tesoro' de piedra con un millón de años

PALEONTOLOGÍA | Hallazgo en La India

Algunos utensilios de piedra encontrados en Tamil Nadú.
Descubren miles de herramientas fabricadas hace más de un millón de años
El hallazgo sitúa a los homínidos al sur de Asia en épocas muy remotas

Algunos utensilios de piedra encontrados en Tamil Nadú. |Science
Algunos utensilios de piedra encontrados en Tamil Nadú. |Science
  • Descubren miles de herramientas fabricadas hace más de un millón de años
  • El hallazgo sitúa a los homínidos al sur de Asia en épocas muy remotas

Algunos utensilios de piedra encontrados en Tamil Nadú. |Science
Descubren miles de herramientas fabricadas hace más de un millón de años
El hallazgo sitúa a los homínidos al sur de Asia en épocas muy remotas
Hachas de piedra con doble filo, cortadores y otros utensilios de la llamada tecnología achelense han sido descubiertos en un yacimiento del sureste de la India, donde un antepasado de nuestra especie los utilizó hace más de un millón de años. Según sus descubridores, se trata de las herramientas de este tipo más antiguas encontradas en el sur de Asia y algunos expertos creen que podrían cambiar ideas previas sobre cómo tuvo lugar la emigración humana desde la salida de África. ¿Fue Asia siempre una etapa previa antes de llegar a Europa?

El equipo de investigadores, dirigidos por el arqueólogo indio Sahti Pappu, localizó más de 3.500 artefactos de roca cuarcita en el yacimiento de Attiramapakkam, uno de los más ricos del Paleolítico, del estado de Tamil Nadu, descubierto en 1863 por el geólogo británico Robert Bruce Foote.

A siete metros de profundidad, en la trinchera T8, salieron a la luz hachas de mano idénticas a las que comenzaron a modelarse en África hace 1,6 millones de años, por lo que, según los autores del hallazgo, publicado en 'Science', éste podría ayudar a entender cómo fue la migración de aquellos homínidos a través de Asia.

Para datar las herramientas, los investigadores tomaron mediciones electromagnéticas de los sedimentos que las cubrían. Todas mostraron la polaridad invertida, es decir, habían sido depositadas allí antes de la última inversión del polo magnético de la Tierra, hace entre un millón y 1,7 millones de años. Con otras medidas de los isótopos de berilio y aluminio pudieron precisar que la edad probable ronda los 1,5 millones de años, si bien en su artículo, por prudencia, se quedan con la edad más reciente.

Bifaces asiáticos

Pappu y sus colegas recuerdan que los bifaces más antiguos encontrados fuera de África son los de un yacimiento israelí (Ubeidiya) con 1,4 millones de años; en China (Bose), con 800.00 años; y en Pakistán (Potwar), con unos 500.000 años. Respecto a los hallazgos en otros yacimientos al sur de Asia, apuntan que deberían ser datados de nuevo.

Los expertos están divididos en cuanto a la importancia y la interpretación del tesoro lítico. El arqueólogo Manuel Domínguez-Rodrigo, que excava en la Garganta de Olduvai (Tanzania), en el valle donde se ha encontrado tecnología achelense africana, apunta que "son las herramientas de este tipo más antiguas encontradas más al sur de la India", si bien recuerda que el sistema de datación utilizado "aún no se sabe si es totalmente fiable" y que era conocido que el Homo erectus, posible autor de las hachas, llegó a Pekín hace 700.000 años.

Para José María Bermúdez de Castro, director del Centro Nacional de Investigación en Evolución Humana (CENIEH), "es de gran interés científico encontrar este achelense en la India, que se supone fue la ruta migratoria que siguieron los humanos hacia Indonesia". Bermúdez de Castro menciona la posibilidad de que esta tecnología se inventara en paralelo en varias zonas del planeta, como pasó durante el Neolítico.

El arqueólogo Robin Donnell, de la Universidad de Sheffield, cree que el hallazgo indio "implica que esta tecnología se extendió por el Sur de Asia cientos de miles de años antes que por Levante" y Europa, donde la industria achelense más vieja tiene 500.000 años.

Según el profesor Donnell, las hachas fueron fabricadas por �Homo erectus�. "Ello supone que los bifaces se extendieron en dos fases y por dos especies: por los �H. erectus� en el sur de Asia, al poco de aparecer en África, y más tarde con los �H. heildebergensis� de Europa". En defintiva, dice, que la migración humana siempre nos llevó antes al este que al oeste.

18.3.11

Arkaim, "ciudad esvástica" de 4.800 años de antigüedad


En esta ciudad de los arios en los Urales rusos, se trabajaba el bronce, poseían una avanzada ingeniería anti-incendio y vivían en un asentamiento donde compartían residencia, templo y observatorio astral



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Al estudiar los restos arquitectónicos de culturas milenarias, surgen muchos enigmas sin resolver y Arkaim, en los montes Urales, se perfila como uno de estos misterios. Este descubrimiento que ha logrado dar un giro a la historia, develó la existencia de una cultura aria (arya) de 4.800 años de antigüedad situada en los Urales rusos. Un pueblo que se caracterizaría por prácticas espirituales, conocimiento del universo y tecnología que los investigadores del sitio arqueológico aún no han logrado comprender.


Trabajaban el bronce, poseían una avanzada ingeniería anti-incendio, vivían en un asentamiento que era a la vez residencia, templo y observatorio astral y poseían un conocimiento de los fenómenos sobrenaturales que asusta algunos arqueólogos pues eran parte integral de su cultura y nosotros lo desconocemos totalmente.


Además, los habitantes del antiguo asentamiento conocido como Arkaim, contaban con sistemas hidráulicos y ventilación, hornos metalúrgicos y mineros, que se desconocía su existencia en esos tiempos, según estudios científicos oficiales anteriores.


Los 'arios', de quienes se habla, es un término que viene de la palabra "arya" que significa "honorable, gentil, espiritual", según el léxico sánscrito 'amarakosha, y eran ya conocidos en la India miles de años atrás a través de los vedas o libros del saber.


En antiguos registros históricos también se los refiere como los aryavata o arios del norte. En el hinduismo, a los religiosos Brahmin, Kshatriya e Vaishyas se los denominaba arya, que significaba gente de honor y respeto por su comportamiento noble.


La palabra arya también era usada junto a la palabra hindú, budista, jainista y zoroastriano, y daba significado de noble y espiritual. Por su parte en Irán eran conocidos los aryas, e 'Irán' significa realmente "Tierra de los arios".


Las costumbres de los arios venían definidas por sus rituales y su conocimiento del cosmos, lo que ayuda reconocerlos como tal. Por su parte de acuerdo a la lengua de origen arya son relacionados dos grupos emparentados entre si, el grupo derivado del sánscrito y el grupo de la antigua lengua Avestan y Persiano antiguo. De la primera derivan las etnias “proto indoeuropeas”, o “indoeuropea precoz” y de las restantes derivan las etnias “proto indoiranianas”.


Los arios “proto indoeuropeos”, de los Urales rusos son descriptos por el arqueólogo jefe de la expedición y del museo Arkaim, Guennadi Zdanovich como un pueblo tranquilo, gentil, como lo dice su nombre, buenos ingenieros que observaban el sol y la luna, y por tener elevados conocimientos del cosmos. Los arios daban mucha importancia al culto y la meditación y en su simbología se encuentran la esvástica y el mandala, al igual que en el budismo y practicas hinduistas.


El desconocimiento de lo que significaba arios provocó cierta polémica en estos descubrimientos y en un programa televisivo surgió esta pregunta: ¿Es ésta la cultura de los antepasados rusos que incluye sentarse a meditar? Guennadi Zdanovich, junto a otros expertos del sitio arqueológico, respondió en el programa “El Quijote” en 2010 que, en contraste a quienes intentaban vincularlos con determinados grupos políticos u otras teorías. Zdanovich señaló reiteradamente que los arios eran un pueblo tranquilo de costumbres muy místicas y que en Arkaim vivían en una ciudad o comunidad que tenía integrada la zona residencial con el templo y el observatorio de los astros. "Esto ya ha sido demostrado por antropólogos y arqueólogos", destaca el arqueólogo Zdanovich, y agregó que el pueblo ario de Arkaim es parte de la historia de Rusia.


En el citado programa televisivo, ante la presión de preguntas relacionadas al partido fascista ruso por el uso de la esvástica y el término ario, Zdanovich explicó que los nacionalistas rusos deben entender que la esvástica aria (arya), ya era ampliamente conocida como parte de una simbología milenaria en la historia budista, e hinduista, y que los arios no tienen ninguna relación con los grupos fascistas u otros partidos políticos relacionados y añadió que es absurdo que los medios estén creando confusión al respecto.

Desde que se descubrieron los restos de la ciudad Arkaim, la llamaron “ciudadesvástica” o “la ciudad mandala”, por su forma característica, pero finalmente se la llamó Arkaim en memoria de la montaña Arkaim que la rodea.

“Un asombroso lugar con una complicada construcción que demuestra tanto su avanzada tecnología como increíblemente exacto observatorio astronómico", señala Konstantin Bistrushki, astro-arqueólogo e investigador experto en la entrevista realizada en el documental de Sergei Alekseiev, y el escritor Mijail Zadornov. Bistrushk, además, resaltó el hecho que en el lugar no se encontró rastro de ningún tipo de escritura.

Konstantin Bistrushki reflexiona: “era una cultura sin escritura, un centro sagrado espiritual donde los conocimientos se cuidaban y transmitían a las siguientes generaciones, no hay textos escritos. Su lenguaje estaba orientado a lo cósmico y se organizaba en base al universo.

“Es asombrosa la exactitud del observatorio astronómico", insistió Bistrushki; es una cultura que hay que tener muy en cuenta. "Es algo serio que no podamos explicar algunos de sus conocimientos", y además muy curioso debido a la ausencia de escrituras.

Gennadi Zdanovich, también citado en dicho documental, coincidió con Alekseiev y Zadornov, indicando en el programa televisivo que “en Arkaim había un observatorio astronómico muy exacto. No es complicado, pero es perfecto y exacto para identificar los fenómenos solares y lunares. Fue además construido 70 años antes que las pirámides de Egipto”.

Antropológicamente hablando se trata de una cultura de indoeuropeos y su cerámica es indoeuropea, pero de una época mucho más precoz que la estudiada de la cultura griega, agregó Konstantin Bistrushki.

A su vez, Bistrushki hizo notar que Arkaim se encuentra en la misma latitud que Stonehenge, y luego de visitar y comparar ambos observatorios, y estudiar en profundidad el sitio arquitectónico de los Urales, descubrió que Arkaim está construida con una exactitud que difícilmente se puede lograr hoy en día.

Guennadi Zdanovich, agregó que “los griegos y Arkaim están relacionados"..."pero Arkain es aún más antiguo, mucho más antiguo”.

Zdanovich narra en el documental de Alekseiev y Zadornov, cómo la ciudad fue destruida en un incendio y la gente se desplazó a vivir a otro lugar para luego volver y reconstruirla en el mismo lugar.

Otra cosa que llama la atención a Zdanovich “es la complicada pared de 5 metros de ancho compuesta por un muro, un componente anti incendio, luego otro muro, y así sucesivamente hasta completar una compleja ingeniería de construcción que contiene elementos muy particulares antes nunca vistos”.

Por su parte, al escritor Mijail Zadonov, no le pasó desapercibido el hecho de conocer que sus antepasados rusos en Arkaim no usaban la escritura.

“¿Para qué escribir?”, señaló Zadonov, “si quizás no había nada malo que registrar, denunciar o nada que ocultar”. “Además hay que considerar que Arkaim era una ciudad mística", y explicó que una de las razones podría estar en que tenían un importante conocimiento astral por lo que quizás no necesitaban textos escritos.

El escritor relató en su documental que compró una revista cuando viajaba, donde leyó sobre el pueblo de Arkaim, cosa que lo conmovió de tal manera que ahora está divulgando sobre esta cultura tan particular del pasado de la civilización europea y del pueblo ruso.

En Arkaim se han medido altos niveles de magnetismo, según señalan los citados arqueólogos, y esto ha atraído a un gran número de místicos, investigadores y personas que buscan un lugar para curar sus enfermedades.

A este respecto el arqueólogo Konstantin Bistrushki, autor del libro "Fenómeno Arkaim", señala con intensidad: "¡Es peligroso! Es peligroso no saber", al referirse a ciertos conocimientos, posiblemente magnéticos, que este pueblo dominaba, y de lo que "no sabemos nada".

"De esto no podemos hablar con nadie, ni con científicos, ni con religiosos, políticos, ni nadie que puedan ayudar en este tema, con nadie podemos hablar", agrega Bistrushki.


Ubicación y características únicas en Arkaim

Arkaim se ubica en los montes Urales, a 8,2 kilómetros al noroeste de Amurski, y a 2,3 kilómetros al suroeste de Alexandrowski, ambos pueblos de Rusia. Fue inaugurado en el verano de 1987, y en 1991 fue declarado territorio protegido, gracias a lo cual se salvó de ser una zona inundada por las represas de agua.

En su documental, Serguei Alekseiev, Zdanovich y Bistrushki explican que la “ciudad esvástica” fue construida por los antiguos arianos, antiguos indoeuropeos, cerca de 4.800 años atrás.




Su descubrimiento cambió la historia al comprobarse que poseían hornos de bronce, minería y una avanzada ingeniería de canalización y construcción anti-incendio, además de ser una ciudad diferente a las otras descubiertas en el mundo.

Corresponde a asentamientos que ocupan unos 25 kilómetros. Una organización en círculos muy inteligente. Círculos de construcciones de unos 170 metros de diámetro y otros de menor tamaño. Hay casas entre los círculos y dentro de los círculos.

En Arkaim, el asentamiento circular que se está estudiando tiene unos 179 metros de circunferencia y se cree que vivían en él unas 1.500 a 2.500 personas según informa Zdanovich.


Las construcciones eran de adobe con cornisas de madera. Los muros reforzados con ladrillos de arcilla de material incombustible de unos 5 metros de espesor y unos 8 metros de alto, tipo fortaleza.

El asentamiento era circundado de un foso de agua protector de 2 metros de profundidad y había cuatro entradas siendo la principal hacia el oeste.

En su interior se encontraron hornos industriales, laboratorios artesanales, sistemas de comunicación y ventilación, así como espacios para ritos sagrados.

La construcción se estructura en dos anillos, uno interno y otro externo entre los cuales hay una calle circular que da a la plaza central. El anillo externo tiene entre 39 a 40 habitaciones. El anillo interno a su vez fue construido con 27 habitaciones con puertas hacia la plaza central y mide unos 25 a 27 metros. La parte central era para rituales e incluía un canal cubierto. Cada una de las habitaciones incluía un sofisticado sistema de ventilación.

Respecto a la simbología esvástica encontrada en los restos de Arkaim, los expertos rusos la relacionan con prácticas budistas e hinduistas que simbolizan el universo girando. Los hinduistas y budistas dicen que este símbolo representa el universo que gira en torno un punto fijo.

Arkaim centro de energia, La Stonehenge Rusa
La antigua fortaleza Arkaim Ural situada en la región de Chelyabinsk se llama "La Stonehenge de Rusia ." Además de calles y edificios los científicos encontraron restos de las ruinas del sistema de agua, hornos metalúrgicos y mineros. También se cree que una de las zonas más fuertes de anomalías en Rusia.
Vale la pena mencionar que Arkaim, un poblado fortificado de la Edad de Bronce fue construido con cuatro entradas de la ciudad estrictamente orientada a los puntos cardinales. Fue construido según un plan previamente diseñado, con un alto nivel de precisión. Todas las circunferencias tienen un centro donde todas las líneas radiales se reúnen. Esta estructura circular está orientado a las estrellas , y el diseño en sí parece un modelo del Universo.
Según la investigación llevada a cabo por el arqueólogo Konstantin Bystrushkin, las pistas Arkaim señalan 18 eventos astronómicos. Estos incluyen los atardeceres y amaneceres en los días del equinoccio y solsticio, así como los atardeceres y amaneceres de la Luna Llena y Nueva .

El famoso Stonehenge, un círculo de piedras en posición vertical misterioso, tiene menos eventos astronómicos trazables. Curiosamente, las dos estructuras arquitectónicas se encuentran en la misma latitud geográfica.

Arkaim es interesante no sólo como un monumento histórico. Hay una gran cantidad de evidencias que sugiere que es una de las zonas más fuertes de anomalías en Rusia.
Los lugareños creen que es un lugar sagrado. Los peregrinos vienen aquí durante todo el año para conseguir un poco de agua que cura desde el río Bolshaya Karaganka, y en el verano se cubren con arcilla. Dicen que ayuda a tratar las enfermedades de la piel.

Hay varios espirales hecha de piedras de la zona junto a la fortaleza . A los turistas se les recomienda caminar descalzo sobre ellas o, mejor aún, desnudo, luego de pie en el centro de la espiral y pedir un deseo.

Las montañas que rodean la fortaleza son también inusuales. la mas famosa es Shamanka (o Montaña Negra ). La gente sube a su cima para reponer energías positivas, rezar o meditar. Las personas en situación médica grave van a la montaña para una sanación.

Los visitantes llegan a la cima de la montaña en arrepentimiento para pedir perdón. El amor de montaña se cree que trae suerte personal. En el Bosque cercano el hombre recibe la visita de las mujeres que tienen problemas de relaciónes.Existe el rumor, una mujer popular entre los hombres se pasea por este bosque.

El crecimiento en la Montaña Grachinaya (también llamado Beato) es infame. los troncos de abedul son anormalmente torcidos en la parte inferior. Dicen que la gente no puede permanecer allí por mucho tiempo, de lo contrario se arriesgan a perder su mente.

Una vez, durante las excavaciones arqueológicas una estudiante escuchó una voz que le llama al centro de la estructura. Se fue sola, y lloró durante mucho tiempo cuando ella regresó. Ella dijo que conoció a los fantasmas de los antiguos residentes de Arkaim. Ella tuvo que ser enviada a un centro psiquiátrico.
Incidentes similares ocurrieron mientras investigaba pirámides de Egipto. Los arqueólogos habían alucinaciones y trastornos psiquiátricos.

Valery Chudinov, presidente del Consejo de investigación de Edad Antigua y Medieval de Rusia, habló para Pravda.ru sobre los misteriosos rincones del complejo Arkaim.

"Hay por lo menos dos lugares que se debe llamar Arkaim. El priemro, el Arkaim convencional , son la ruinas que se muestran a los turistas de hoy.



El segundo Arkaim se encuentra un poco más lejos, en un lugar donde las excavaciones están todavía en curso y donde los visitantes no están permitidos. Y, por último, la tercera Arkaim, donde por alguna razón desconocida, incluso los habitantes locales ni se acercan .

Estamos especialmente impresionados por el denominado "Bosque borracho en el que casi todos los árboles tienen troncos torcidos. Es interesante que hay marcas de quemaduras en algunos árboles en varios lugares, pero no se parecen a las pistas un rayo. Posiblemente, hay fracturas que promueven la corteza de la salida de flujo de energía que dejó las marcas en los árboles.

Usted tiene que tener cuidado porque existen flujos de energía que pueden afectar el cuerpo, tanto de forma positiva como negativa.



























as ciudades alcanzaban. Más aún, Arkaim no sólo era una ciudad notable, sino también un inmenso templo y observatorio astronómico.

El muro externo, con cinco metros de espesor y más de cinco metros de altura, tenía cuatro puertas. La más grande se encontraba al suroeste de la ciudad. Intramuros, una sola calle circular con "pavimento" de troncos envolvía el primer barrio como tal. A lo largo de la misma corría un canal de desagüe. Así, ya en aquellos lejanos tiempos, la ciudad poseía canalización de agua corriente. Cerca del centro, se alzaba el muro principal, aún más macizo. Con siete metros de alturta y tres de espesor, poseía una sola portezuela bastante disimulada en el sureste del muro. Para llegar a la misma, había que recorrer prácticamente toda la calle circunvalar, o en otras palabras, desplazarse en la misma dirección y por similar trayectoria a las del sol(se entiende que en su proyección terrestre). El centro como tal era una plaza cuadrada, que a juzgar por las huellas de infinitas hogueras que otrora allí se encendieran, se empleaba con ciertos fines religiosos. Precisamente ese cuadrado dentro de un círculo da mucho que pensar, pues para los antiguos el círculo simbolizaba el Universo. Y el cuadrado, la Tierra. Así, los arquitectos de Arkaim desde el comienzo mismo planearon construir un Universo en miniatura. Según afirman los científicos, como observatorio, Arkaim permite observar unos 18 movimientos astronómicos, tales como las salidas y las puestas de sol en la época de los solsticios, y también las salidas y las puestas de Luna en los días de luna baja y luna alta.

Además, impresiona comprobar hasta qué extremos llegaban los conocimientos de los antiguos habitantes de Arkaim: ya en esa época, practicaban la agricultura y la ganadería, tenían canalización, utilizaban hornos para fundir el bronce, construían "frigoríficos" naturales, etc. Hoy, Arkaim tiene status de zona vedada, bajo protección estatal. Se calcula que esa misteriosa ciudad fue el centro de una de las más antiguas civilizaciones indoeuropeas. Pero... ¿quiénes la habitaron en realidad? ¿Qué sueños, qué planes albergaron esos habitantes?
arkaim writing
Los antiguos arios de Arkaim no tenian escritura porque tenian danzas, las danzas sagradas védicas, las cuales luego llevaron a la India, los aryabhata, o arios del norte. La tradición de las apsaras, dakinis, Khadroma, las mujeres de sabiduria que danzan en el espacio es la tradición más antigua y poderosa.
el misterio de la mente de Schauberger es lo más grande , creo que en poco tiempo tendremos el modelo preciso antigravitatorio que nos va a permitir ponernos en contacto con otras civilizaciones que ya lo tienen desde hace 60 años, y con otras que lo tienen desde hace miles, el secreto es el agua y en Arkaim se muestra de modo muy preciso. ?

Además de calles y edificios los científicos encontraron restos de las ruinas del sistema de agua, hornos metalúrgicos y mineros.
También se cree que una de las zonas más fuertes de anomalías en Rusia.Los lugareños creen que es un lugar sagrado. Los peregrinos vienen aquí durante todo el año para conseguir un poco de agua que cura desde el río Bolshaya Karaganka, y en el verano se cubren con arcilla. Dicen que ayuda a tratar las enfermedades de la piel.
-Los fenómenos paranormales son algo que muchas personas han experimentado; otras, se muestran escépticas ante ellos. Hay un lugar donde se concentran los fenómenos paranormales, donde se reúnen psíquicos, astrólogos y clarividentes rusos; un lugar en los Urales conocido con el nombre de Arkaím.- *Si el video demora en reproducirse poner "PAUSA" para que cargue y luego pulsar "PLAY"--Fuentes:





Actualidad RT.Com



Al sur de los Urales, cerca de la frontera con Kazaksthan, la ciudad de Arkaim sorprende a los arqueólogos por su estructura en forma de anillos concéntricos, su orientación astronómica, el culto a la esvástica, y su escritura en sánscrito védico.


Situada en los montes Urales, había leído bastante sobre esta ciudad prehistórica del 1700 a.C. y su culto a la esvástica. Lo malo de este tipo de informaciones es que vienen sesgadas por Internet y muy contaminadas por impresiones personales. Así que decidí averiguar la verdad sobre los descubrimientos y misterios que allí se encierran, y pronto acabé descubriendo por qué ningún español se había atrevido a hollar aquellas latitudes.


Rusia no es un país fácil. Hay que solicitar un visado que requiere una invitación procedente de este país, ya sea desde un hotel o un particular, aparte un seguro médico. Luego está el inconveniente del idioma; uno cree erróneamente que con el inglés se va a todas partes. Pero más allá de Moscú, al sur de la antigua Unión Soviética, una vez descendemos en el aeropuerto de Magnitogorsk y ponemos rumbo a la frontera con Kazaksthan, sólo se habla ruso; en el mismo aeropuerto pude comprobarlo. Con mi escaso ruso aprendido meses antes en una escuela de idiomas, llegó otro problema, hay que registrarse cada tres días en la Oficina de Visado del Servicio Federal de Migración, aparte de llevar contigo la tarjeta de inmigración con fecha de entrada y salida que te expiden nada más pisar la nación. El inconveniente estaba en que los poblados próximos a Arkaim, pues no hay ciudades, no cuentan con hoteles; así que tuvimos que hospedarnos en la casa de un conocido, convertida en nuestro hotel particular. Y sin hotel que nos registrara en el SFM eso significaba que un encuentro con la policía podía implicar la deportación del país y una cuantiosa multa. Ahora entendía por qué los españoles no se dirigían al sur.


Por su proximidad a Ufa, ciudad vetada a los extranjeros, ya que aquí se almacenan los útiles necesarios para proteger a la población de una hipotética Tercera Guerra Mundial, conviene no aproximarse por esta zona, si uno quiere visitar los asentamientos prehistóricos de los Urales sin llamar la atención de la policía.


Esta región, conocida como “Tierra de las Ciudades” se ciñe al período de la Edad de Bronce, contemporánea de otras culturas como la egipcia o la minoica. Fue descubierta en el 1987 por un equipo de científicos de Chelyabinsk, a las órdenes de Gennadi Zdanovich. Lo que localizaron les dejó impresionados, pues los utensilios y las cerámicas parecían corresponder a un puente entre Europa y Asia, una mezcla de civilizaciones, adoradora de la esvástica, o sea aria, bajo una única ciudad-estado que evoca las leyendas de la Atlántida de Platón.


La primera vez que los arqueólogos se encontraron con algo parecido fue en Sintashta, también próximo a Chelyabinsk, la ciudad de los carros, donde se creé erróneamente que se inventaron los mismos, para luego expandirse por Mesopotamia y Egipto. Pero la verdad es muy distinta, ya que en nuestra visita al desierto del Tassili, en Argelia, hace unos años, pudimos constatar la presencia de pinturas rupestres de carros con una datación isotópica anterior al 5000 a.C. Estos indoarios ya adoraban la figura de la esvástica, como así se aprecia en las cerámicas encontradas.


Pero lo más curioso de Arkaim es su disposición en forma de un asentamiento de cabañas, totalmente fortificado y circular, con anillos de agua (o canales) que la rodeaban. Hoy en día todo lo que quedan son sus ruinas, y desde que en los años 90 se abandonaron las excavaciones, la maleza ha vuelto a hacer acto de presencia, ocultando el lugar casi en su totalidad; solamente puede verse su forma geométrica a vista de pájaro.


Los artefactos de sus cementerios próximos revelan armas de bronce, y algunos extraños ídolos. Uno de los que encontramos sugiere un enorme falo con rostro, alusión probable a la fecundidad. Otro es harto más extraño, dado que muestra lo que parece un personaje en cuclillas observando las estrellas, de apariencia muy similar a los moai de la Isla de Pascua.


Los arqueólogos rusos no dudan en afirmar que la ciudad de Arkaim fue defensiva, al estar situada en el promontorio de las confluencias de los antiguos ríos Bolshaya Karaganka y Utyaganka. Sin embargo, el lugar no es propiamente una colina, sino una estepa despoblada, con algunas montañas a su alrededor, plagadas de cuevas, más adecuadas para la resistencia. No, lo que Arkaim parece a simple vista es una ciudad construida para aprovechar las crecidas de los ríos y abastecerse de peces, con dos anillos o canales de agua, uno de 150 metros de diámetro y otro de 85. Los muros debieron ser de 5 metros, con canales de 3 de metros de profundidad. Cada casa o cabaña situada en su interior contaba con una longitud máxima de 16 a 20 metros. Toda cabaña disponía de 2 plantas, de las que se cree que una servía para el ganado de cada familia.


Cabe insistir en los canales o círculos de agua, con torres y puertas que vigilaban cada muro; y alrededor de esa llanura, gigantescos canales rectos artificiales irrigaron toda la planicie. Si uno se fija bien en esta descripción, acaba uno advirtiendo que corresponde en cierta media al relato de Platón. ¿Procedían estas gentes del Occidente, recordando los relatos que mencionaban una ciudad-estado similar a la que luego construirían? Es extraño, pero a media que uno más investiga y explora la historia, se advierte rápidamente que los orígenes de la Humanidad no se remontan al África o lo que la paleontología llama “modelo de continuidad regional”, sino que los yacimientos arqueológicos son más antiguos al dirigirse hacia la zona del Atlántico, aunque quizás estén más dispersos. Según mi opinión, la dispersión no se debe a que hubiera menos civilizaciones al Occidente, sino más bien a que nuestra cultura se desarrolló aquí. Y después de tantos períodos de ocupación y guerras, es muy extraño topar con la prehistoria, mientras que en África es más fácil por su menor invasión de poblaciones. Ahora bien, explícale esto a un arqueólogo a ver qué te dice…


Los pocos signos pictográficos encontrados en Arkaim tienen otro extraño misterio, pues corresponden a los Rig Vedas, los himnos en sánscrito védico, dedicados a la alabanza de los dioses. Estos textos también nos hablan de las luchas entre los arios védicos y sus enemigos, los Dasa, una suerte de demonios que aparecieron de los cielos. Tal vez, por ese motivo, la estatuilla del hombre acuclillado mirando los cielos, se trate de un observador esperando la llegada de los Dasa para dar la voz de alarma. O simplemente podría tratarse de un hombre interesado en el Universo, por qué no.


Al darse estar curiosa coincidencia se comprende el culto a la esvástica dextrógira (la que gira en sentido de las agujas del reloj), que ya aparece en el hinduismo.


La conclusión a la que llegan los arqueólogos rusos es que Arkaim era sármata, los mencionados por Herodoto, invasores de los escitas, cuya tecnología militar influenció luego en otros pueblos; de ahí el supuesto uso del carro. Aunque nosotros creemos que no pueden tratarse de los mismos, ya que estos se situaban más hacia el Cáucaso.


Arkaim sigue deparando sorpresas. Cuando uno llega hasta el campamento base, los rusos que allí se congregan mencionan una segunda Arkaim en la que se notan los efectos de energías telúricas. En torno al campamento se congregan grupos new age, orando a los dioses del cielo y realizando laberintos con las pequeñas piedras del suelo. Reconozco que la primera vez que vi a estas personas no les di importancia, pero al segundo día de estar en el lugar, mi compañera observó que nuestros rostros estaban quemados, pese a que la temperatura del lugar no superaba los 17 grados. Junto a Arkaim, luego más tarde, dimos con un grupo de árboles caídos en fila india durante kilómetros, alternados entre sí, es decir, uno a la izquierda y otro a la derecha, como si un enorme rayo los hubiera partido con esa arbitrariedad. Cuando preguntamos a uno de los guías rusos de la zona, no dudó en hacernos saber que se trataba de los extraños rayos atmosféricos que en ocasiones destrozan todo a su paso por Arkaim.


¿Arkaim sería un caso aislado en la zona? Para comprobarlo había que localizar otros complejos prehistóricos por el cinturón de los Urales, con el fin de evidenciar si se trataba de una cultura aislada o había más asentamientos similares.


De esta guisa pasamos por las cuevas de Sakiyaz-Tamaksky, en Satkinksy, localizando petroglifos de la Edad de Bronce. También lo hicimos por Shulgan-Tash, las llamadas cuevas de Kapova, que representan una odisea para llegar hasta allí por caminos no asfaltados durante kilómetros de recorrido, con un conocido que nos hacía de taxista en un destartalado Lada. Habitadas hace 17.000 años nos introducimos cientos de metros en su interior para acabar descubriendo pinturas rupestres que exponen la vida de estas gentes y la caza de mamuts y coelodontes, o sea rinocerontes lanudos enormes con cuernos que superaban el metro de longitud. Lo más singular de las pinturas rupestres es su enorme parecido con las de Altamira o las de Lascaux en Francia, como si el patrón de belleza de la antigüedad fuera el mismo, o todos ellos hubieran estudiado Bellas Artes en la misma escuela. ¿Un indicio más de las migraciones de Occidente?


Paleolítico y la Edad de Bronce, la que va detrás del Neolítico, no tienen nada que ver. Por lo tanto, Arkaim, hasta la fecha, es un caso aislado. No se han dado más ciudades-estado en los Urales. Y las más próximas ya se concentran en el Danubio o en Mesopotamia.


Arkaim es una ciudad radial de dos anillos o canales fluviales, con 35 celdas con cabañas en su anillo exterior y 25 en el interior, situada en las coordenadas 52°37?37?N 59°33?40? y orientada hacia Orión; aunque todo cabe apuntarlo, cualquier edificio de la antigüedad parece estar situado hacia la Constelación de Orión ya que, tarde o temprano, en algún momento del día, ésta pasa por nuestras cabezas. Habría que observar si la ciudad cuenta con alguna puerta u orificio que nos apuntara unas coordenadas de fijación, con las que determinar si la alineación hacia Orión es precisa o una simple coincidencia.


El anillo interno a su vez fue construido con 27 habitaciones con puertas hacia la plaza central y mide unos 25 a 27 metros. La parte central era para rituales e incluía un canal cubierto. Cada una de las habitaciones contenía un sofisticado sistema de ventilación.


Según la investigación llevada a cabo por el arqueólogo Konstantin Bystrushkin, las pistas de Arkaim señalan 18 eventos astronómicos. Estos incluyen los atardeceres y amaneceres en los días del equinoccio y solsticio, así como los atardeceres y amaneceres de la Luna Llena y Nueva.


En su interior se encontraron hornos industriales, laboratorios artesanales, sistemas de comunicación y ventilación, así como espacios para ritos sagrados.


Para los arqueólogos, 2.500 personas habitaron esta singular ciudad de formas extrañas que parecen predecir acontecimientos astronómicos y con estatuillas que miran el cielo. ¿Por qué se construyó Arkaim y por qué es tan distinta al resto de culturas locales es un misterio que todavía está por desvelar?


El rompecabezas de nuestros orígenes


Siempre se dice que el problema de nuestros orígenes se debe a que no encontramos el llamado “eslabón perdido”. Hoy en día se sostiene que como no es localizable saber cuál es nuestro antepasado, la evolución humana tiene muchas ramas distintas, con un mismo final evolutivo. Y se basan en que el Australopitecus, que no era hombre, compartía con nosotros el andar a dos piernas y la fabricación de herramientas de piedra. Mientras que los Neardentales fueron paralelos al Homo Sapiens, con lo que se trataba de una raza diferente a la nuestra.


Los paleontólogos aseguran del Homo Ergaster que era bípedo para reducir la enorme cantidad de radiación solar que recibían los cuerpos, manteniendo una temperatura corporal inferior que les permitía cazar a las horas del Sol.


Con todo lo anterior, la solución propuesta pasa por afirmar que el Homo Sapiens es fruto de las distintas especies del Viejo Mundo, el Neardental (a pesar que era una raza paralela) y del Homo Erectus asiático. ¿Y luego los antropólogos se ríen de quienes argumentan teorías fantásticas sobre una evolución artificial? Pero si los antropólogos dan por válidas las pinturas rupestres y lo que describen, así como la escritura referente a la historia, ¿por qué no dan por ciertos los escritos que hablan de que fueron los dioses quiénes nos crearon? ¿Por qué unos escritos son válidos y otros no? ¿En qué se basan? ¿En qué los orígenes del hombre por parte de los dioses es una explicación demasiado irracional? ¿Acaso no lo es la teoría del eslabón perdido?


¿De dónde procedían los indoeuropeos?


Sólo examinando las lenguas, ya sean latinas, celtas, germánicas, itálicas, bálticas, eslavas, griegas, índicas o tocarías, apercibimos de ciertas similitudes entre palabras. Para la antropología ello significa que derivan de una misma lengua ancestral.


Si existió un idioma protoindoeuropeo ello conlleva que hubo una primera patria original. De ahí que la arqueología sostenga tres teorías diferentes sobre nuestros orígenes.


El primer modelo sugiere que los protoindoeuropeos podían encontrarse antes del Neolítico en la Europa central. No se acepta demasiado porque no explica el vocabulario compartido en la protolengua reconstruida a través de las largas migraciones.


En el segundo modelo las lenguas se expanden junto a la agricultura en la región de Anatolia, expandiéndose luego por Grecia y los Balcanes, para pasar luego hacia el Atlántico.


El tercer modelo sitúa a los primeros indoeuropeos en Asia, entre los mares Negro y Caspio. Se basan en la localización de pinturas rupestres de carros, lo que apunta a determinada movilidad, trasladándose luego al sudeste y centro de Europa. Pero esta teoría no tiene en cuenta los descubrimientos del Sáhara, en donde se han datado vehículos con ruedas más antiguas que los de las estepas.


¿Y si añadiéramos un cuarto modelo? Podríamos introducir un tipo donde las poblaciones partirían de la zona del Atlántico, ya que los yacimientos arqueológicos son más antiguos al aproximarse más hacia el Occidente, lo cual sería lo más lógico.