21.12.10

Göbekli Tepe - TURQUIA

En una época donde el ser humano sólo tenía en mente su propia supervivencia, se erigía el que para muchos historiadores es el primer templo de culto de la historia.
Para hablar de él debemos irnos hasta el sur de Anatolia (Turquía) donde se halla este magistral templo construido por simples cazadores recolectores,

Este yacimiento ha supuesto un shock para la arqueologia. Las pruebas irrefutables del radiocarbono situan la construccion antes de la invencion de la ceramica, de la metalurgia, de la escritura, la rueda y el desarrollo neolitico.
el lugar es unos 6500 años anterior a Stonehenge y 7000 mas antiguo que las piramides de Egipto.
Este hallazgo es casi ignorado por los medios de comunicacion.

Göbekli Tepe.
Y esto es lo sorprendente de la historia, porque según el orden que se ha llevado a cabo durante milenios en la progresión de cualquier civilización conocida ha sido uno muy diferente al que se da en este caso, es decir, primero los cazadores recolectores han tenido que descubrir la agricultura para a continuación crear asentamientos y pequeñas comunidades. Al estar asentado en un lugar y teniendo más tiempo para pensar se desarrollaron las creencias, adoración a deidades o lo que hoy conocemos como religión. Posteriormente vendría la creación de templos en honor a esos Dioses y más tarde la proliferación de las ciudades y la civilización en general.

Y por eso es tan curioso que un grupo de cazadores recolectores crease tal monumento saltándose por completo el orden llevado por tantas civilizaciones diferentes.
No es esa la única rareza en el tema, ya que el colosal tamaño de este monumento es tal, que la organización, trabajo y tiempo de construcción es sumamente complicado para unas personas que solo tenían como objetivo alimentarse y sobrevivir.
Aquellos hombres de Göbekli, hace 11.000 años (del 9.000 a.C, datado por el carbono 14) eran cazadores y recolectores, aún no tenían ciudades ni cultivos, pero ya habían edificado templos y santuarios. Si recordamos que el famoso santuario de Stonehenge en Inglaterra fue construido por culturas campesinas neolíticas (en tres fases, entre el 3.000 aC y el 1.600 aC) podemos entender la antigüedad de estos santuarios.

Y no sólo por su antigüedad destaca este templo, sino por su tamaño y formación.
Con escaneos de radar en el subsuelo de la zona, constataron que al menos otros 16 anillos están aún enterrados a lo largo de 8,9 hectáreas de terreno, según el artículo del Smithsonian del año 2008.
En los megalitos se encuentran tallas de imágenes de buitres, aves acuáticas, arañas y muchos otros animales. Unos megalitos en forma de “T” que miden entre 3 y 5 metros de altura.
Se disponen diferentes pilares en dicha estructura, habiendo dos, los más grandes, en el centro de cada anillo.



Entre el material extraído se han hallado además multitud de objetos, como estatuas de diferentes tamaños (jabalíes y otros cuadrúpedos sin identificar, e incluso una figura humana con un poderoso falo erecto), infinidad de herramientas de sílex y una buena provisión de botones líticos, quién sabe si procedentes de antiguas prendas ceremoniales. Pero el testimonio más abundante lo forma la extraordinaria cantidad de huesos de animales salvajes encontrada. Según los arqueólogos, hay más fósiles en un metro cuadrado de Göbekli Tepe que en el conjunto de muchos otros yacimientos. La especie más frecuente es la gacela, aunque también hay uros, onagros, jabalíes, ciervos o aves. Los huesos aparecen machacados y con el tuétano extraído, lo que indica que son restos de comidas e identifica a los comensales como un pueblo de cazadores-recolectores.
Una de las dudas que tenemos es cómo pudieron transportar estos monolitos un pequeño grupo de personas.
Bien, en este caso, puesto que el lugar donde extraían estas piezas estaba relativamente cerca y no eran monolitos extremadamente pesados se acepta que pudiesen, poco a poco, transportar estas enormes rocas hasta la colina donde se halla el templo. Los monolitos se esculpían y tallaban en el lugar de extracción antes de ser transportados y se estima que harían falta unas 50 personas para poder trasladarlo.

El arqueólogo alemán Klaus Schmidt que lleva trabajando en las ruinas de este lugar desde 1994 ha llegado a diferentes conclusiones.
Puesto que en ninguna zona cercana en un radio de 15 kilómetros se ha hallado ningún resto de población o asentamiento, cree que el lugar era un templo de peregrinación espiritual.
Y aquí llegamos a otro punto interesante porque vemos que un grupo de cazadores-recolectores, sin haber creado asentamientos ni haber descubierto la agricultura ya tenía unas creencias marcadas.
Si observamos pinturas rupestres en diferentes cuevas alrededor del mundo podemos observar que el hombre se dibuja en ellas como algo en segundo plano, poniendo a los animales y la naturaleza por delante.
Es decir, el ser humano, a sí mismo se consideraba una pieza más en la Tierra, nunca por encima de la naturaleza.
Pero en los enormes pilares en forma de T, aparte de las figuras de animales cinceladas, el monolito en forma de T en sí es un ser humano. Representando su torso, sus brazos, e incluso la hebilla del cinturón, algo curioso cuanto menos.


Y en este caso las figuras de los animales por debajo de los seres humanos representados. Además en los diferentes anillos desenterrados se han hallado multitud de huesos de animales salvajes como gacelas o jabalíes, también representados en los pilares.
Y este podría ser el primer chispazo de la creencia o espiritualidad del ser humano, donde dejaba de representar como una pieza más de la naturaleza y pasaba a creer que estaba por encima de ella.
Este pudo ser el detonante para descubrir la agricultura y la ganadería.
Podríamos estar hablando la primera creencia o religión en la historia de la humanidad, al borde de la última glaciación y miles de años antes de la cultura mesopotámica o egipcia.
Pero Göbekli Tepe guarda un misterio todavía que aún no ha conseguido descifrarse.

Se encuentra en una colina, pero una colina artificial. Ya que en su base se encuentran multitud de anillos con estos monolitos y figuras esculpidas, pero según iban pasando los años, sus gentes enterraban por completo estos anillos para construir otros encima exactamente iguales pero de un tamaño más reducido.
Y así sucesivamente, uno encima de otro hasta crear una enorme colina artificial con multitud de templos sepultados.
¿Por qué? No lo sabemos.



Oldest Temple in the World



Covering an area the size of three tennis courts, the archaeological site known as Göbekli Tepe in South-east Turkey is known as the oldest temple in the world. 


Consisting of a series of sub-surface cult buildings, it is to be found on the top of a ridge overlooking a fertile agricultural landscape, north-east of the modern city of Saniurfa. According to the German archaeologists who have been excavating here since 1995, Göbekli Tepe, as much as 11,500 years old, was constructed by faceless individuals (+/- 500 years) belonging to an epoch known as the Pre-Pottery Neolithic. This was a transitional stage between the hunter gatherers of the still present Ice Age, and the more settled agricultural communities that emerged on the banks of the Euphrates river shortly after the ice sheets receded, causing a gradual change in temperature and environment.


Gobekli Tepe ( Kurdish: Girê Navokê) is a hilltop sanctuary built on the highest point of an elongated mountain ridge about 15 km northeast of the Kurdish town of Urfa in northern Kurdistan. The site, currently undergoing excavation by German archaeologists,and was erected by hunter-gatherers in the 10th millennium BC (ca 11,500 years ago), before the advent of sedentism. . Göbekli Tepe is the oldest human-made place of worship yet discovered. Until excavations began, a complex on this scale was not thought possible for a community so ancient. The oldest occupation layer (stratum III) contains monolithic pillars linked by coarsely built walls to form circular or oval structures. So far, four such buildings, with diameters between 10 and 30m have been uncovered. Geophysical surveys indicate the existence of 16 additional structures.Stratum II, dated to Pre-Pottery Neolithic B (PPNB) (7500 - 6000 BC), has revealed several adjacent rectangular rooms with floors of polished lime, reminiscent of Roman terrazzo floors. The most recent layer consists of sediment deposited as the result of agricultural activity.The monoliths are decorated with carved reliefs of animals and of abstract pictograms. These signs cannot be classed as writing, but may represent commonly understood sacred symbols, as known from Neolithic cave paintings elsewhere. The very carefully carved reliefs depict lions, bulls, boars, foxes, gazelles, asses, snakes and other reptiles, insects, arachnids, and birds, particularly vultures and water fowl.
Vultures also feature in the iconography of the Neolithic sites of Çatalhöyük and Jericho; it is believed that in the early Neolithic culture of Kurdistan and the Near East the deceased were deliberately exposed in order to be excarnated by vultures and other birds of prey. (The head of the deceased was sometimes removed and preserved—possibly a sign of ancestor worship.) There are freestanding sculptures as well that may represent wild boars or foxes. As they are heavily encrusted with lime, it is sometimes difficult to tell. Comparable statues have been discovered at Nevalı Çori and Nahal Hemar.The quarries for the statues are located on the plateau itself; some unfinished pillars have been found there in situ. The biggest unfinished pillar is still 6.9 m long; a length of 9m has been reconstructed. This is much larger than any of the finished pillars found so far. The stone was quarried with stone picks. Bowl-like depressions in the limestone rocks may already have served as mortars or fire-starting bowls in the epipalaeolithic.
While the structures are primarily temples, more recently smaller domestic buildings have been uncovered. Despite this, it is clear that the primary use of the site was cultic and not domestic. Schmidt believes this "cathedral on a hill" was a pilgrimage destination attracting worshipers up to a hundred miles distant. Butchered bones found in large numbers from local game such as deer, gazelle, pigs, and geese suggest that ritual feasting (and perhaps sacrifice) were regularly practiced here.Göbekli Tepe is regarded as an archaeological discovery of the greatest importance, since it profoundly changes our understanding of a crucial stage in the development of human societies. Apparently, the erection of monumental complexes was within the capacities of hunter-gatherers and not only of sedentary farming communities as had been previously assumed. In other words, as excavator Klaus Schmidt put it: "First came the temple, then the city." This revolutionary hypothesis will have to be supported or modified by future research.














Why exactly Göbekli Tepe was built even before this took place remains a mystery. All that makes sense is that the various linear structures with roofs supported by carved T-shaped pillars, displaying a wide range of animals, birds, serpents, spiders and anthropomorphs of a quality unequalled thereafter until the emergence of the Sumerian and Akkadian civilizations down in the fertile plains of Iraq thousands of years later. What was the purpose of these incredible prehistoric structures? Might they be aligned to the stars like megalithic monuments worldwide?














Gobekli Tepe

Carlos Delgado | Iniciativa Debate | 04/07/2013

Cuando se habla de monumentos prehistóricos, una suerte de automatismo psíquico aprendido nos lleva a pensar en construcciones megalíticas como la de Stonehenge, con grandes monolitos toscamente tallados, escasamente rematados y con poco o ningún espacio para el detalle y la ornamentación. Sin embargo, recientes hallazgos arqueológicos en Turquía han obligado a los expertos a cuestionarse de raíz algunas hipótesis que la antropología tenía asumidas casi como axiomas desde sus primeros pasos como ciencia. 
Uno de ellos en particular ha conmocionado y conmociona no ya a la comunidad científica y académica, sino a toda persona que toma conocimiento de su existencia. Su nombre: Göbekli Tepe, una soberbia construcción –probablemente, un templo– formada por enormes bloques de caliza tallada y labrada con una habilidad y sofisticación que se nos antojaban hasta ahora inconcebibles para su época. A su lado, el diseño de Stonehenge parece obra del trazo torpe e inseguro de un preescolar; poco más que un montón de menhires apilados en círculo. Pero lo que distingue a esta nueva construcción en la actual Turquía del célebre monumento inglés es algo más que la laboriosidad o la dificultad técnica. Lo que marca la distancia entre ambos y abre las bocas de eruditos y profanos son los casi 7.000 años que los separan. Las mediciones calibradas sitúan el estrato más antiguo –hasta ahora– de Göbekli Tepe en torno al año 9600 antes de Cristo. 
Es, por tanto, 6.500 años anterior a Stonehenge y 7.000 años más viejo que la más vieja de las Pirámides. Se trata, con holgada diferencia, del monumento megalítico más antiguo que la Humanidad ha conocido, y su descubrimiento viene a cambiar de manera drástica la percepción que el Homo sapiens sapiens tiene de la arquitectura neolítica y de su propia evolución como especie.

Un hallazgo entre ríos (μεσο ποταμία)
Göbekli Tepe (Colina Panzuda, en turco) es un pequeño monte orondo y rechoncho que se alza sobre una meseta al sureste de Turquía, en el Kurdistán occidental, a 15 kilómetros de la ciudad de Urfa (oficialmente, Sanliurfa) y cerca de la frontera con Siria. La zona está encuadrada dentro de esa vasta región entre los ríos (meso potamía, en griego) Éufrates y Tigris a la que los árabes llaman Al-Jazira (La Isla) y los turcos, Yukarı Mezopotamya (Alta Mesopotamia). 
Estamos en el centro del llamado Creciente Fértil, la tierra que vio nacer la civilización humana.

Hasta aquí llegó en 1994 el arqueólogo alemán Klaus Schmidt, que hoy dirige la excavación para el Instituto Arqueológico Alemán (Deutsches Archäologisches Institut o DAI), seguramente avisado del extraño hallazgo de Savak Yildiz, un anciano pastor kurdo de la zona. Enterradas en la falda de la colina había unas curiosas piedras de forma sospechosamente rectangular. Según el propio Schmidt, “cuando comenzamos a excavar, supe en seguida que iba a pasar aquí el resto de mi vida”. Los resultados de las mediciones de radiocarbono fueron impresionantes e inapelables: las piedras de Göbekli Tepe tienen entre 10.000 y 12.000 años. 
Desde entonces, las sucesivas excavaciones llevadas a cabo de manera conjunta por el Museo Arqueológico de Sanliurfa y el DAI han ido sacando a la luz el testimonio de un pasado que no deja de maravillar a investigadores del mundo entero.

Con T de monoliTo

Una vez desenterradas, las piedras resultaron ser imponentes pilares en forma de T mayúscula, perfectamente tallados y extraídos de la roca viva en una sola pieza de entre 2 y 3 metros de altura y un peso de hasta 5 toneladas. Están colocados de pie, encastrados cada pocos metros a lo largo de un muro que cierra un recinto circular de 20 metros de diámetro. Aisladas en el centro de este anillo se levantan, erguidas verticalmente sobre dos grandes pedestales planos también de piedra, otras dos T’s de caliza notablemente más grandes que las anteriores, de hasta 6 metros de altura y 10 toneladas de peso. Pero aún más fascinante que el tamaño de estos pilares en T es su superficie. 
En ella aparecen, grabados en bajorrelieve, dibujos de distintos animales: zorros, jabalíes, toros, leones, patos, grullas, buitres, serpientes, arañas, escorpiones y hasta una figura en altorrelieve de una especie de leopardo de aspecto fiero y demoníaco
Algunos pilares tienen brazos tallados a ambos lados y manos que se cruzan sobre el abdomen. En otro aparece una figura humana decapitada y con el falo erecto… Son historias contadas sobre la piedra en una especie de protolenguaje gráfico muy primitivo que ya –o todavía– nadie sabe leer. Todo el conjunto rebosa simbología.

Pero no se trata de un recinto único. Hasta la fecha se han localizado y excavado seis de estos anillos, no todos de forma circular, aunque sí están todos ellos culminados en su centro por un par de T’s más prominentes. El número total de monolitos desenterrados supera ya los 40, pero se sabe que hay muchos más. El escaneado geomagnético del terreno ha detectado bajo tierra al menos dos decenas de estos recintos, de diferentes formas: circulares, ovales, cuadrangulares o poligonales.

Una mina
Entre el material extraído se han hallado además multitud de objetos, como estatuas de diferentes tamaños (jabalíes y otros cuadrúpedos sin identificar, e incluso una figura humana con un poderoso falo erecto), infinidad de herramientas de sílex y una buena provisión de botones líticos, quién sabe si procedentes de antiguas prendas ceremoniales. Pero el testimonio más abundante lo forma la extraordinaria cantidad de huesos de animales salvajes encontrada. Según los arqueólogos, hay más fósiles en un metro cuadrado de Göbekli Tepe que en el conjunto de muchos otros yacimientos. 
La especie más frecuente es la gacela, aunque también hay uros, onagros, jabalíes, ciervos o aves. Los huesos aparecen machacados y con el tuétano extraído, lo que indica que son restos de comidas e identifica a los comensales como un pueblo de cazadores-recolectores.

A pesar de que tal abundancia de restos de presas es señal inequívoca de una presencia humana masiva, hasta ahora no se ha localizado tumba alguna, ni tampoco asentamientos permanentes. Esta circunstancia ha llevado al profesor Schmidt a la convicción de que los pilares representan a deidades prehistóricas y de que Göbekli Tepe fue un lugar de peregrinación espiritual: el primer santuario construido por la Humanidad. Una convicción que para algunos académicos no pasa de ser una hipótesis plausible y para otros –los menos– es, simplemente, una conclusión precipitada. Sea como fuere, el hallazgo es aún reciente, y las excavaciones solo cubren una pequeña parte del yacimiento, por lo que cualquier interpretación debe considerarse preliminar. Costará décadas dar respuesta a todos los interrogantes que el sitio plantea.

Un secreto enterrado bajo una colina artificial
Sea o no un templo, Göbekli Tepe es, sin duda alguna, la obra de arquitectura megalítica más arcaica de la que se tiene noticia. Su tamaño (hasta 15 metros de sedimentos acumulados sobre una superficie de unas 9 hectáreas), la ingente cantidad de fósiles que acumula y, sobre todo, su fabulosa antigüedad (décimo milenio a. C., y no se descarta que pueda haber estratos anteriores a esa fecha) han convertido ya a este yacimiento en uno de los descubrimientos más importantes de la historia de la arqueología.

Pero ahí no acaban las preguntas. Por alguna razón que solo ellos conocieron, los cazadores-recolectores que construyeron Göbekli Tepe decidieron abandonarlo dos milenios más tarde. Por fortuna, antes de eso tuvieron también la exquisita atención de enterrarlo por completo, lo que ha permitido que se conservara hasta nuestros días. Parece ser que durante los 2.000 años en que este lugar permaneció activo, la práctica de enterrar estos presuntos templos para construir otros encima fue habitual cada pocos siglos. Por qué lo abandonaron definitivamente y, sobre todo, por qué se tomaron la colosal molestia de mover toneladas y toneladas de tierra, basura y escombros para taparlo todo y dejarlo convertido en una colina artificial son enigmas apasionantes. Su solución, de momento y dada la escasa información disponible, cae más en el terreno de la fe y la imaginación que en el de la ciencia. De hecho, los motivos espirituales encabezan la lista de las conjeturas más manejadas.

Un móvil en la tumba de Tutankamón
La ciencia, y en particular la antropología, bastante tiene con tratar de encajar este nuevo escenario en su concepción tradicional de Neolítico. Dicho encaje se antoja a primera vista imposible sin hacer también ajustes importantes en esa definición clásica. Y es que una construcción de estas características ubicada en el siglo XCVII a. C. supone un verdadero terremoto para nuestro plácido concepto de civilización. Si se hubiera encontrado un smartphone en la tumba de Tutankamón, el shock cronológico no habría sido mayor: entre los móviles de última generación y el reinado del famoso faraón median poco más de 3.300 años; entre los arquitectos de Göbekli Tepe y Tutankamón transcurrieron 8.300.

El escollo principal consiste en conciliar una obra así en el contexto de un pueblo de cazadores-recolectores. Si los arquitectos y artistas de Göbekli Tepe hubieran podido pasar por un ejemplo muy precoz de pueblo sedentario agrícola o ganadero, las dificultades para encuadrar su descubrimiento habrían sido menores para los antropólogos. Sin embargo, el registro fósil sugiere con fuerza –casi demuestra– que estos antepasados prehistóricos se ceñían a la caza y la recolección estacional como medio de subsistencia. Hasta finales del siglo pasado (hasta que comenzaron a publicarse los resultados de esta y otras excavaciones de la región, como el tristemente anegado yacimiento de Nevali Çori), los cazadores-recolectores eran considerados sociedades muy primitivas que vivían en pequeños grupos o clanes familiares de unas pocas decenas de individuos, seminómadas que habitaban en cuevas o en refugios rudimentarios construidos con madera y pieles. Este supuesto era, a todas luces, erróneo. Las piedras de Göbekli Tepe nos enseñan que las comunidades humanas de finales del Pleistoceno ya poseían la organización social, la capacidad de abstracción y los conocimientos y la pericia técnica y artística necesarios para erigir monumentos como este. Extraer y mover bloques de caliza de más de 10 toneladas sin conocer ni los metales ni la rueda ni las bestias de carga es una hazaña formidable que exige el concurso de varios centenares de personas trabajando de manera coordinada (la media estimada es de unos 50 individuos liberados durante varios meses para cada monolito). Tallarlos, levantarlos y conseguir que permanezcan en pie es toda una obra de ingeniería solo posible aplicando unas aptitudes que requieren siglos, quizá milenios, de especialización. Grabarlos tan primorosamente y con tal profusión de detalles denota una destreza, un talento y una inquietud artística impropios de un grupo de cazadores-recolectores. Quienes construyeron esta Colina Panzuda hace casi 12.000 años hacían algo más que cazar y recolectar. Entre sus gentes había arquitectos, ingenieros, albañiles, artesanos y artistas. Y también, probablemente, sacerdotes o jefes-chamanes que encauzaran voluntades y coordinaran esfuerzos.

Primero el templo, después la ciudad

A la luz de esta nueva evidencia, es obvio que las ideas clásicas sobre el origen de la civilización estaban equivocadas de medio a medio. Tradicionalmente, se ha admitido como válido que fue la agricultura lo que llevó al hombre a adoptar un modo de vida sedentario. Según esto, fue la domesticación de plantas y animales lo que obligó a nuestra especie a vivir en asentamientos que congregaban a comunidades cada vez más numerosas. Ello propició, a su vez, la disponibilidad de los recursos y el tiempo necesarios para dedicarse a otras tareas que no fueran procurarse el sustento. Entre estas tareas figura la de fundar una religión y un gobierno institucionalizados y construir templos y ciudades; en otras palabras: la tarea de civilizarse.
Ahora sabemos que la prehistoria no fue así. Dado que, en nuestro universo conocido, los efectos suceden a las causas y no al revés, hoy es ya insostenible que la sedentarización pudiera ser consecuencia de la agricultura. El ser humano ya estaba organizado en sociedades más o menos complejas y especializadas antes de aprender a trabajar la tierra. Si la tesis de Schmidt se confirma, si Göbekli Tepe resulta ser el primer templo construido por el hombre, la religión (entendida como institución, no como culto totémico) podría no solo no ser un efecto de la sedentarización, sino que incluso podría empezar a considerarse una de sus causas. Una hipótesis que Schmidt resume en una sola frase: «Primero el templo, después la ciudad».

Por otro lado, y con independencia de si Göbekli Tepe es una obra civil o religiosa, ¿podemos, contemplando esos gigantescos pilares grabados hace cerca de 12.000 años con esos símbolos ancestrales, negar a sus artífices el grado de civilizados, aunque no vivieran en ciudades? Resulta complicado sin acotar y revisar primero nuestro concepto de civilización.

¿Con la religión hemos topado?
Aparte su espectacularidad, su pasmosa antigüedad y su misterioso enterramiento, otra de las sorpresas que depara Göbekli Tepe es la discreta difusión que ha conseguido. Fuera de las publicaciones científicas y académicas, este increíble hallazgo ha pasado prácticamente desapercibido. Los periódicos generalistas han informado sobre él en uno o dos artículos –o en ninguno– en los últimos años, y revistas como Smithsonian (2008) oNational Geographic (2011) le han dedicado sendos reportajes. También ha comenzado a aparecer en algunos documentales divulgativos de ciencia y paraciencia. National Geographic ha producido un interesante monográfico de 45 minutos con el sugerente título Lost Civilisation (2012), es decir,Civilización perdida. En Alemania llegó a montarse una exposición con réplicas de algunos pilares. Pero, en líneas generales, Göbekli Tepe o no ha llegado al gran público o ha llegado sin que se le concediera la importancia que merece.

Cabe plantearse si esa falta de entusiasmo y espacio en los divertimedia no tendrá algo que ver con la incomodidad que para las grandes confesiones monoteístas actuales supone la posible existencia de una religión prehistórica muy anterior a ellas. Se da la circunstancia de que La Gloriosa Urfa (Sanliurfa, la ciudad actual más próxima a Göbekli Tepe) presume de ser la cuna del patriarca Abraham, o al menos, una de ellas. Y precisamente las tres primeras religiones abrahámicas, judaísmo, cristianismo e islamismo (cuyos fieles suponen, en total, más de la mitad de la población mundial) comparten el mito de la creación. 
Diferentes autores sitúan la fecha de la creación en los años 3759 a. C. (Ibn Daud, 1161), 3952 a. C. (Beda, 710), 3992 a. C. (Kepler, 1615) ó 4000 a. C. (Newton, 1728). Estas referencias pueden parecer muy antiguas y, ciertamente, lo son; pero también es cierto que los cálculos contemporáneos, si bien no menos eruditos, tampoco han aportado nada nuevo, más allá del innegable mérito de atribuir a Jesús de Nazaret un último milagro póstumo: el de haber nacido entre los años 6 y 4 antes de Cristo. No hay que olvidar que toda estimación de la cronología bíblica toma como base los relatos y el árbol genealógico del Génesis y se elabora sumando las edades de unos grandes patriarcas (héroes o semidioses, para otras mitologías precristianas) divinamente dotados de una longevidad excepcional: Adán (930), Matusalén (969), Noé (950),… Con semejantes premisas, cualquier discusión sobre el rigor empírico de los datos es pura retórica.

El caso es que las tradiciones judía, cristiana y musulmana ubican la creación alrededor de 6.000 años antes de nuestro siglo XXI, o sea, 5.600 años después de la construcción de Göbekli Tepe. Si a los jerarcas de estas tres religiones dominantes ya les cuesta un esfuerzo ímprobo reconocer, entender y aceptar a Darwin, no es difícil imaginar las trabas que son capaces de poner –y que, tal vez, ya estén poniendo– para admitir que las piedras de Göbekli Tepe lo cambian todo. Ya no se trata de que hubiera hombres antes de Adán. Lo que ahora se discute es si había dioses seis milenios antes de Dios, Alá o Jehová. Y eso ya son Palabras Mayores.

[Show as slideshow]
Stone with serpent carving from Karahan Tepe ( photo: Harran University )



gobekli-tepe-3420

Nearby is another Pre-Pottery Neolithic site called Karahan Tepe, which dates to a similar age as Göbekli Tepe. Stone rows, T-shaped stone pillars, and other standing stones cover an area the size of a soccer field. One day it will, I believe, prove to be even more important than Göbekli Tepe. Exactly what the mindset was behind those who created Early Neolithic sites such as Göbekli Tepe and Karahan Tepe is a complete mystery. Who were these faceless individuals, and what inspired them to construct such incredible monuments at the end of the Last Ice Age?
Note similarity of the structure of the sperm to the carving on the stone to the left.


göbekli tepe
Gobek​li Tepe (​Belly​ Hill,​rough​ trans​latio​n)​
"There's more time between Gobekli Tepe and the Sumerian clay tablets [etched in 3300 B.C.] than from Sumer to today,"


Megal​ithic​ cultu​re has alway​s held a deep fasci​natio​n for me, and I am amaze​d that this compl​ex in Turke​y has not recie​ved
more atten​tion.​ Const​ructe​d in 9,​000 B.C it is the oldes​t templ​e we know of, it pre-​dates​ the pyram​ids and stone​henge​ by 7,​000 years​!​ it was first​ disco​vered​ by a farme​r ploug​hing his field​s in 1994.​ work still​ conti​nues on the site under​ the super​visio​n of Germa​n Archa​eolog​ist Klaus​ Scmid​t,​who has uncov​ered many amazi​ng artif​acts.​For me the most aston​ishin​g thing​ about​ it is how close​ly it's const​ructi​on and some of the carvi​ngs resem​ble the megal​ithic​ sites​ of the Boyne​ valle​y in Irela​nd (​circa​ 5,​000 B.​C)​Did the same cultu​re migra​te to Irela​nd?​ Who knows​.​.​.​One inter​estin​g fact is that aroun​d 8,​000 B.C the whole​ compl​ex was cover​ed over with earth​,​ on purpo​se and with great​ effor​t.​ The carvi​ngs of anima​l totem​s are also unusu​al in the choic​e of foxes​,​scorp​ions,​etc.​ There​ are also life size statu​es.​ There​ are some good artic​les and blogs​ out there​,​well worth​ check​ing out if you have the time.​ Youtu​be have 2 short​ video​s (in Germa​n)​ I have made the slide​show below​
in order​ to share​ this wonde​r with you, it start​s with a compu​ter gener​ated image​ of how it looke​d after​ const​ructi​on was compl​eted,​ and then shows​ the scale​ of what has been excav​ated so far,​finis​hing with some of the artif​acts of this myste​rious​ cultu​re.​ There​ are also sever​al more sites​ yet to be excav​ated.​ Enjoy​ the slide​ show I hope it inspi​res you to enqui​re furth​er.



















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- ver minuto 11 al 18 - el resto rrelleno

16.12.10

SIRIO - curiosidades




El célebre mecanismo de Antikythera recreado

El célebre mecanismo de Antikythera recreado por la fábrica danesa de juguetes lego

La computadora más antigua del mundo conocida, un calendario
astronómico construido por los antiguos griegos hace 2.000 años, ha sido
devuelto a la vida por LEGO (empresa de juguetes danesa).

El  mecanismo de Antikythera es un sofisticado y científico instrumento
construido en la antigua Grecia alrededor del año 100 a. C. Se perdió a
continuación, hace 2000 años, en un naufragio romano frente a la isla de
Antikythera, hasta que unos pesacadores lo rescataron en 1901.

Sin  embargo, aunque los historiadores y arqueólogos estaban fascinados con
su complejidad y precisión, la cantidad de corrosión y el número de
piezas perdidas significó que saber su fin exacto estuviera sin
confirmar durante otro siglo.

En 2006 los arqueólogos utilizaron   tomografía de rayos-X de alta resolución para ver con precisión detrás
de las capas de suciedad y óxido, y así leer y traducir las
inscripciones griegas. Los hallazgos llevaron a los historiadores a
darse cuenta de que el equipo era en realidad un calendario celeste
increíblemente preciso, capaz de predecir los eclipses solares y
lunares.

Y ahora, el ingeniero de software de Apple, Andrew Carol, ha diseñado una fiel recreación de la máquina para LEGO. Él recibió la solicitud después de haber construido la compleja calculadora mecánica de Charles Babbage en LEGO.

Sólo  30 días llevo diseñar el mecanismo plástico del artilugio de
Antikythera, así como prototipos y construcción. Se han utilizado 1.500
piezas de Lego Technic y 110 marchas. Un poco más que la
máquina original, pero Carol tuvo que trabajar duro con los tamaños que
el fabricante de juguetes danés producía.

El artefacto final es una hazaña increíble de ingeniería, con cuatro cajas de cambio por separado, todas vnculadas a un par de relojes centrales que pueden
decir, con una precisión de dos horas, la hora exacta y la fecha de los
próximos eclipses solares y lunares. De acuerdo con la máquina, el
próximo eclipse solar se producirá a las 4:30 GMT, el 8 de abril de
2024.

Esta versión es un homenaje a la reliquia, cuyos restos son
precursores de la computación moderna y mecánica. La antigua
computadora, que precedió a dispositivos con tal complejidad y diseño
por varios siglos, no verá surgir de nuevo en Europa mecanismos
astronómicos similares hasta el siglo XIV d. C. El mecanismo original de
Antikythera se conserva en Museo Nacional de Arqueología de Atenas.

http://www.youtube. com/watch? v=RLPVCJjTNgk& feature=player_ embedded
http://www.youtube. com/watch? v=DiQSHiAYt98& feature=player_ embedded
http://www.youtube. com/watch? v=znM0-arQvHc& feature=player_ embedded

15.12.10

CUEVA DE LAS MONAS - Mexico - Chihuahua


Cueva de las Monas

El estado de Chihuahua está caracterizado por contar con arte rupestre plasmada en distintas zonas –todas caracterizadas por estar ser lugares de difícil acceso-. El estilo de estas pinturas es definido como un tanto “infantil”, pero con un gran realismo interpretado.
El máximo exponente del arte rupestre en Chihuahua es, sin lugar a dudas, la Cueva de las Monas. Las pinturas registran presencia humana de, por lo menos, 3000 años atrás (desde el periodo Arcaico hasta el Siglo XVIII).
Imagen:Cuevamonas2.JPG



¿Como llegar?

La Cueva de las Monas está localizada en el Ejido Benito Juárez, en la localidad “El Sauz”, a la cual se accede por un entronque desde la carretera Chihuahua-Juárez.
Para llegar, se toma el entronque (hacía la izquierda, en sentido Chihuahua-Juárez), localizado unos kilómetros después del entronque hacía Majalca-La Soledad. Avanzando unos kilómetros, poco a poco aparecerán señalizaciones (un tanto descuidadas) que llevaran hasta una puerta de último acceso. Ésta está resguardada por la gente de la localidad, la cual pide una pequeña cuota a cambio del acceso.
De ahí en adelante, se sigue el camino de terracería, hasta llegar a la montaña donde se forma la cueva.



Atractivos

Las pinturas relatan toda una historia de generaciones, donde tiene un papel protagónico el peyote, apareciendo en variadas interpretaciones e incluso teniendo una que parece ser una ceremonia hacia el mencionado vegetal. Aparecen figuras humanas, estrellas, cruces cristianas y unas cuantas figuras más.
La montaña y la zona que albergan a la Cueva de las Monas, ofrecen un bello escenario, un tanto protegido por la lejanía y soledad.

Actividades a Desempeñar

Además del acervo y disfrute cultural que se puede cultivar al visitar la cueva, la zona es característica por contar con senderos y relieves ideales para el hiking.
Además de ello, se pueden realizar descensos en rappel, ya que hay buenos puntos de anclaje y el paredón formado por la cueva en la misma montaña es sólido, convirtiéndose en una experiencia grata y con un bello escenario.

Sugerencias y Recomendaciones

Al ser un sitio arqueológico de suma importancia, es siempre importante saber que se debe de cuidar por encima de todas las cosas, la perpetuidad de las pinturas, evitando tocarlas incluso.
En cualquier actividad que se vaya a realizar, se debe de buscar el no dejar ningún rastro, ni dañar el medio.

Antecedentes Históricos

Además de la inmensidad de historia que puede albergar Cueva de las Monas, AN tiene un lazo enorme hacia el lugar. Fue ahí, donde las primeras ceremonias de rango, en toda la historia, fueron realizadas, siendo elementos ahora Águilas Reales los ceremoniados: Luis Legarreta y Arnoldo Reyes.
La cueva es, esporádicamente, una misión integrada en el programa semestral, no sólo para practicar el descenso en rappel, sino para introducir a los nuevos elementos a una de las muchas riquezas culturales que forman parte de la identidad chihuahuense y de las antiguas culturas del norte de México.

14.12.10

Paquimé en Chihuahua

Paquimé es un sitio hecho de adobe, con esquinas redondeadas y puertas en forma de “T”. No se sabe con certeza quiénes la construyeron ni por qué la abandonaron, pero es la zona arqueológica más importante del norte del país.
Parece un laberinto con muros del color de la tierra, sacado de una película de ciencia ficción. Está compuesto de viviendas, templos, hornos y canchas de juego de pelota. Quedan vestigios de edificios que alguna vez fueron de siete pisos.
Se sabe que fue un importante centro de intercambio comercial, surtía turquesa, concha traída por toneladas desde las costas de Sonora, Sinaloa y la Baja California; asimismo, las guacamayas y sus plumas.


Puerta en forma de T de una vivienda en Paquimé. - unblinkingeye
Puerta en forma de T de una vivienda en Paquimé. - unblinkingeye
Situada en la región noroeste de la Sierra Madre, a 350 kilómetros de la ciudad de Chihuahua, capital del estado del mismo nombre, la zona arqueológica de Paquimé se sitúa a tan solo 500 metros de la población de Casas Grandes, abarcando una superficie de más de 70 hectáreas, de las cuales solo una parte ínfima está cercada y no toda ella ha sido excavada.
Este asentamiento prehispánico, que fue considerado en 1998 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, tuvo una gran importancia e influencia en el noroeste de la Sierra Madre Occidental, en todo el oeste del estado de Chihuahua, Sonora, Arizona, Utah, Colorado y Nuevo México. Se cree que esta ciudad pudo llegar a tener 3.500 habitantes, aunque se desconoce a que etnia pertenecían ni que lengua hablaban, ya que del mismo modo que el resto de culturas de la zona, no desarrolló un sistema de escritura.

50 años de estudios arqueológicos en Paquimé

El estudio de este importante yacimiento arqueológico no comenzó hasta aproximadamente 1960, cuando inició los trabajos de excavación Carlos Di Peso, que fueron continuados por Beatriz Braniff en 1990. Durante medio siglo de trabajos se han extraído 24 toneladas de materiales arqueológicos prehispánicos recuperándose piedra tallada, cerámica, restos óseos, turquesas, conchas, cobre, telas y madera. En estas excavaciones se desarrollaron dos líneas de trabajo, la exploración arqueológica de la cultura de Casas Grandes y la preservación del patrimonio arquitectónico de la ciudad.

Según el director del Proyecto Arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Eduardo Gamboa Carrera, Paquimé es un lugar único en México “Paquimé y la cultura Casas Grandes se gestó con las migraciones de los hombres que huían de la sequía desde la gran cuenca de Norteamérica. El suroeste americano se encontraba ya habitado, y la región de Casas Grandes, “La última pradera”, fue el límite de estas migraciones. Los pobladores abarcaron hasta la parte meridional del estado de Chihuahua. No hay más evidencias de estas migraciones en Sonora, Sinaloa ni en Durango”.


Construcciones singulares inéditas en todo México

Respecto a las espectaculares construcciones y la comodidad de las viviendas, muy avanzadas a su época, Gamboa señala que la confortabilidad de las construcciones se debía a que “Paquimé fue una ciudad construida por los hombres para los hombres, a diferencias de las ciudades mesoamericanas, que fueron construidas para los dioses”.
Los edificios presentan rasgos de la cultura conocida como Oasisamérica, construidos con adobe, con alcobas, escaleras interiores y hasta siete pisos de altura. En el interior de estos edificios se han hallado conchas, cuentas de turquesas, objetos de cobre, figuras talladas de piedra, telas de algodón, maguey, pipas, fragmentos de cuarzo tallado, pipas y objetos de barro de forma fálica.

Espectaculares construcciones

El conjunto arquitectónico que ha persistido hasta nuestros días está formado por anchos muros de tierra compactada que abarcan las viviendas con patios, columnas y habitáculos comunicados entre sí, llegando a alcanzar todavía algunas casas las tres plantas de altura y hasta cuatro. En las partes donde ya se han derrumbado los pisos elevados, aún se pueden ver los restos de las vigas de madera y los pisos.
Las edificaciones no solamente eran utilizadas como alojamientos, sino que también servían como taller para tallar turquesas y conchas, fabricar metates o realizar ritos religiosos. En algunas edificaciones, como la Casa de las Guacamayas, se criaban estas aves, que eran traídas de las zonas tropicales a través de sus rutas comerciales.

Una arquitectura para la comodidad de los hombres

Sus peculiares puertas en forma de T no responden tan solo a un ejemplo de diseño arquitectónico, sino que procuraba un eficiente sistema de abastecimiento de agua. Los habitantes de Paquimé desarrollaron grandes obras de ingeniería para evitar la erosión y conducir agua a los campos de cultivo. Todas las viviendas contaban con agua potable procedente de grandes aljibes, alimentados por una acequia procedente de un manantial lejano. Del mismo modo, los patios contaban con avanzados sistemas de drenaje para canalizar el agua de lluvia.
Los centros ceremoniales se localizan en la parte oeste del territorio; es una hilera de estructuras construidas con relleno y piedra que probablemente estuvieron cubiertas con cal pintada. Alguna de las construcciones rituales tenían forma de cono truncado, existían dos juegos de pelota similares a los de las culturas toltecas del sur de México, así como hornos en los que se cocía el agave para la elaboración de mezcal. También han quedado vestigios de la existencia de un mercado en una zona llana entre las viviendas y los edificios civiles.

Cómo vivieron y murieron los habitantes de Paquimé

Por lo que respecta a los vestigios de cómo fueron los habitantes de Paquimé, sus representaciones en las vasijas cerámicas muestran hombres de corta estatura, robustos, pelo negro lacio, cara redondeada, que se vestían con mantas de muchos colores y diseños.
Los restos humanos hallados en la ciudad se dividen en dos grupos, los enterramientos in situ, que se depositaron en una urna que se excavó bajo el primer piso de las viviendas y los individuos que fueron hallados diseminados, sin una tumba y sin asociación alguna, lo que llevó a pensar a Di Pesso que estos individuos murieron en un ataque que provocó el colapso de la civilización de Paquimé.


El descubrimiento de la misteriosa ciudad de Paquimé


Construcciones de Paquimé. - centricphoto.com
Paquimé y sus habitantes son uno de los misterios arqueológicos más importantes que alberga el estado de Chihuahua y la Sierra Madre Occidental.

Paquimé ha guardado los secretos de la cultura que creó su espectacular arquitectura hace 1.300 años, misterios de una cultura singular, que creó una red comercial con el centro y sur del México prehispánico, desarrollando una civilización que dominó un área importante de lo que actualmente son los estados de Chihuahua (zona oeste), Sonora, Arizona, Utah, Colorado y Nuevo México, al noroeste de la Sierra Madre Occidental. Situada en el estado de Chihuahua, al norte de México, a 350 kilómetros al noroeste de la capital del estado y a tan solo 500 metros de la localidad de Casas Grandes, este yacimiento arqueológico guarda innumerables vestigios de una civilización prehispánica, que como tantas otras en México, desapareció en las brumas del tiempo.

El descubrimiento de Don Francisco de Ibarra
Cuando el fundador de la villa de Durango, Don Francisco de Ibarra, nacido en Éibar (Guipúzcoa) en 1539, que murió en Sinaloa (México) en 1575, llegó a Paquimé encontró grandes casas de adobe ocupadas por indios jumas, que se dedicaban a la caza. Ni rastro de sus originales pobladores.

Ibarra venía de una epopeya que le había llevado a la Sierra Madre partiendo de San Juan de Sinaloa en busca de territorios no conquistados y de nuevos horizontes para la explotación minera, aunque el episodio de Paquimé fue considerado un fracaso, acabó con el descubrimiento de uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de México.

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La fecha de partida de esta empresa no está claramente definida, ya que el cronista de Francisco de Ibarra, Baltasar de Obregón, establece la fecha en el 19 de mayo de 1567, aunque una carta escrita por Sotelo de Betanzos, fechada el 5 de julio de 1566 ya hace mención de dicha expedición, según se recoge en el libro “Apuntes para la historia de la Nueva Vizcaya” de Atanasio G. Sarabia, donde se narra de manera somera el azaroso viaje de Don Francisco y sus huestes.

La azarosa expedición a la Sierra Madre
La expedición que encabezaba Don Francisco de Ibarra estaba compuesta por sesenta soldados, la mayoría de ellos arcabuceros, gente veterana, valiente y de fiar, que sufrió dificultades y penurias, ascendiendo por caminos escarpados en los que llegaron a perder algunos caballos.

Cuando llegaron a la cima de la primera cordillera de la sierra tuvieron un encuentro con indígenas, que los recibieron en paz. Tras atravesar espantosas cañadas, peñascos y riscos, sintieron la decepción de estar dirigiéndose irremediablemente a tierras ya descubiertas con anterioridad y pobladas por indios hostiles, a cuyas flechas envenenadas temían los españoles por sus funestas consecuencias.

+ Info
El yacimiento arqueológico de Paquimé en Chihuahua
Barrancas del Cobre: El Ferrocarril de Chihuahua al Pacífico
Historia y leyenda de la fundación de la Ciudad de Chihuahua
Ante la imposibilidad de encontrar nuevos territorios ni villas pobladas en las que abastecerse, los hombres de Don Felipe de Ibarra decidieron mayoritariamente regresar, lo que además de la decepción supuso un calvario, en el que tuvieron que sacrificar a sus monturas para alimentarse, comer bellotas y magueyes, además de resultar intoxicados con hongos que recolectaron para comer.

Una cultura floreciente
La cultura que floreció en Paquimé comenzó en el año 700, con el primer asentamiento humano que introdujo la agricultura y que además construyó uno de los símbolos de esta civilización, junto con las ollas de barro, las casas. Don Francisco de Ibarra y su grupo quedaron maravillados por las construcciones de varios pisos, a las que asemejó con las villas romanas. “Esta gran ciudad... contiene edificios que parecen haber sido construidos por los antiguos romanos. Es impresionante verlos. Hay muchas casas de gran tamaño, fortaleza y altura... Tienen seis y siete pisos, con torres y muros como fortalezas para protección y defensa contra los enemigos... las casas contienen grandes y magníficos patios...”

Paquimé llegó al máximo de su esplendor en los siglos XIV y XV, habiendo desarrollado una potente ruta comercial con las civilizaciones del Centro y Sur de México. Con ellas comerciaba con turquesas de las minas norteñas, traían toneladas de conchas de las playas de Sonora, Sinaloa y Baja California, además de las vistosas guacamayas, que incluso tenían un espacio reservado en sus edificios para su cría, de las cuales distribuían sus preciosas plumas por toda la región. Su extraordinaria cerámica policromada se utilizaba como moneda de pago en sus transacciones comerciales en aquel tiempo.

El ocaso de Paquimé
Sin embargo, esta civilización desapareció sin dejar más rastro que su arquitectura y la huella dejada en forma de restos arqueológicos. Como el resto de culturas de la zona, la cultura que fundó Paquimé no desarrolló un sistema de escritura, por lo que las primeras constancias escritas son las dejadas por los conquistadores españoles, como Don Francisco de Ibarra, de las que dio fe su cronista, Baltasar de Obregón.

La decadencia de Paquimé terminó en 1340, cuando la población que ahora conocemos como Casas Grandes, fue quemada y abandonada por sus habitantes. Según el arqueólogo, Charles Di Peso, Paquimé floreció hacia el año 1200 y su colapso como civilización tuvo lugar sobre el año 1350, sin embargo, según el director del Proyecto Arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Eduardo Gamboa Carrera, actualmente se sabe con precisión gracias a las investigaciones y los avances tecnológicos, que Paquimé floreció y sucumbió 100 años después.




Localización
Se localiza aproximadamente a 350 km. al noroeste de la capital del estado de Chihuahua, a sólo tres horas de Ciudad Juárez y a medio kilómetro del pueblo de Casas Grandes.
Como llegar
Tomar la carretera 16 desde Ciudad Juárez hasta Ciudad Cuauhtémoc y seguir por la ruta 23 hasta llegar a Nuevo Casas Grandes, cerca de ahí encontrará el viejo Casas Grandes que ofrece todos los servicios y donde se encuentra la zona arqueológica.
Es aconsejable llevar ropa ligera porque el clima es caluroso, asi como zapatos muy cómodos pues el camino es largo y hay que descender o ascender por senderos en la montaña.
Clima

Al norte de la zona el clima es desértico, la vegetación es esteparia y los suelos son salinos y erosionados.
Al sur se presentan suelos más fértiles, con lluvias más o menos regulares y una amplia gama de vegetación.
Antecedentes históricos del lugar

La cultura Paquimé dio inicio alrededor del año 700 con la presencia humana que introdujo la agricultura y construcción de pequeñas casas semisubterráneas construidas a la orilla de los ríos Piedras Verdes, San Pedro y San Miguel, dichos ríos al unirse forman el río Casas Grandes.
Paquimé tuvo su apogeo en los siglo XIV y XV , su desarrollo comercial en esta época fue muy importante, surtían turquesa procedente de minas norteñas hasta el centro y sur de México, comercializaban la concha traída por toneladas desde las costas de Sonora, Sinaloa y la Baja California; asi también las guacamayas y sus plumas eran redistribuidas por toda la región. Su extraordinaria cerámica policromada fue igualmente utilizada como bien de pago.
Posteriormente vino una etapa de decadencia hasta su desaparición en 1340, cuando Casas Grandes fue quemada y abandonada.
En 1566 el explorador español Francisco de Ibarra y su tripulación llegaron hasta Paquimé, la zona estaba habitada en ese entonces por los nativos jumas, quienes no practicaban la agricultura y vivían de la caza y de la recolección de frutas y raíces. Al preguntarles a los nativos por el nombre del pueblo, éstos les respondieron "Paquimé" por lo que Don Francisco de Ibarra le otorgó al pueblo el nombre de "Casas Grandes".
Este asentamiento prehispánico tuvo gran influencia en el noroeste de la Sierra Madre Occidental; la mayor parte del oeste de Chihuahua y algunas áreas de los estados de Sonora, Arizona, Utah, Colorado y Nuevo México.
De su extensión total (70 hectáreas) sólo una fracción esta cercada y una menor excavada. Sus edificios tienen rasgos de la cultura de Oasisamérica; fueron construidos de adobe y alcanzaban hasta 7 pisos, contaban con alcobas y escaleras interiores.
Los fragmentos de vigas y maderos que sostenían los pisos superiores de estos edificios, tenian en su interior conchas, cuentas de turquesa, objetos de cobre, figuras talladas en piedra serpentina, textiles de algodón y maguey, panes de sal, fragmentos de trabajo en cuarzo, pipas y objetos de barro de formas fálicas.
Sus puertas en forma de "T" eran obras arquitectónicas muy funcionales, ya que gracias a este diseño sus habitantes contaban con un eficiente sistema de abastecimiento y distribución de agua.
La construcción de enormes obras llevadas a cabo por sus habitantes en las laderas de la sierra, impedían la erosión y llevaban el agua a los terrenos de cultivo.
Los centros ceremoniales se localizan en la parte oeste del territorio; es una hilera de estructuras construidas con relleno y piedra que probablemente estuvieron cubiertas con cal pintada.
Los primeros trabajos importantes de arqueología fueron realizados en la década de 1960 por Carlos Di Peso y al inicio de los años noventa estuvo a cargo de un grupo encabezado por Beatriz Braniff.
Se consideró a Paquimé como un testimonio elocuente y abundante de la evolución cultural del norte de América, y en particular de las ligas comerciales y culturales prehispánicas de la región, es así que este sitio fue declarada en 1998 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), como Patrimonio de la Humanidad.
Atractivos en Paquimé


  • Juego de pelota: Es parecido a los que se conservan de la cultura tolteca. Aquí mismo se descubrieron pectorales formados por cascabeles en forma de tortuga, hechos con la técnica de la cera perdida.
  • Montículo de las ofrendas: En este lugar fue donde se descubrió un altar de piedra roja y algunos collares de huesos humanos.
  • La Casa de los Hornos: Forma parte de un conjunto de nueve cuartos y dos plazas pequeñas. Se cree que los hoyos encontrados en su interior fueron usados para cocer el agave o sotol, empleando piedras calentadas..
  • El Montículo de la Cruz: Mide 15 metros de largo; quizá tuvo alguna función calendárica, pues está orientado astronómicamente según los puntos cardinales.
  • La Casa del Pozo o de la Noria.
  • La Casa de los Muertos.
  • La Casa de las Columnas.
  • La Casas de las Guacamayas: Se le llama así porque en tal sitio fueron desenterrados los restos de guacamayas, sugiriéndose allí un criadero de esas aves muy apreciadas por sus plumas.
  • Vasijas de barro: Otras de las característica que más distinguen a Paquimé son sus vasijas de barro a las que se les denomina OLLA. Esto, porque más que un artículo de uso simple son ceremoniales y/o decorativas. Los pobladores de Paquimé dejaron como legado miles de vasijas decoradas en las que plasmaron sus propios rostros, las formas de sus cuerpos, la decoración de los mismos, los animales de su entorno y muchas otras figuras más.
    A partir de 1970 se inició un movimiento artístico basado en estas Ollas de Barro que dieron origen a la "Cerámica de Mata Ortiz" (nombre de un pueblito vecino a Paquimé), éstos trabajos réplicas de las Vasijas u Ollas de Paquimé, se han convertido en la más grande manifestación de arte en barro en México.
Hallan vestigios de grupos apaches en sitio arqueológico paquimé PDF Imprimir Correo electrónico
* Prosigue el INAH la exploración en Cañón del Embudo, Chihuahua


En la Cueva de Las Jarillas se hallaron objetos prehispánicos de la cultura paquimé, entre los que destacan piezas de turquesa, concha, vasijas de la región de Madera (en la imagen), además de cestería, objetos de adorno personal, como collares elaborados en concha y piedra, y herramientas, como hachas y metates, entre otros.



Foto Eduardo Gamboa/ INAH
Periódico La Jornada
Martes 27 de julio de 2010


Una serie de vestigios de casas cónicas y pintura mural fueron descubiertas por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el sitio Cañón del Embudo, en Chihuahua.


El hallazgo refiere que estos grupos se refugiaron en este rocoso lugar durante la persecución que sufrieron en Estados Unidos hacia 1850.


Además, en este mismo sitio arqueológico, el más grande de la Sierra Madre occidental, también se encontró gran cantidad de piezas de cerámica y cestería, así como herramientas de la cultura paquimé, de los años 900 a 1450 dC.


Estos descubrimientos se realizaron durante los trabajos de investigación y conservación que se realizan en el lugar, que cuenta con más de 20 cuevas dentro de las cuales hay construcciones prehispánicas conocidas como “casas en acantilado”.


La investigación se desarrolla con recursos aportados por la Fundación J.M. Kaplan, por conducto de la World Monuments Fund, que ascienden a 75 mil dólares.


Eduardo Gamboa, director del Centro Cultural Paquimé y responsable de los trabajos de investigación en el Cañón del Embudo, informó que en la meseta de la montaña se localizaron vestigios de antiguos grupos apaches, entre los que resalta una aldea con restos de 20 tipis (casas apaches o tiendas cónicas), que fueron ocupadas de 1850 a principios del siglo XX, como refugio ante la persecución en Estados Unidos.


“Llegaron a ocultarse en este sitio porque lo consideraban un lugar sagrado de sus ancestros. Por eso durante su estancia no habitaron en las casas en acantilado, sino que construyeron sus tipis; en las viviendas prehispánicas que hay en las cuevas sólo hacían ceremonias y en ese contexto pintaron el mural que también encontramos.”
Dicho mural, dijo, está pintado en dos cuartos de uno de los conjuntos habitacionales que los arqueólogos han denominado Cueva de las Pinturas Apaches, donde estos grupos dejaron plasmadas escenas en las que aparecen montados a caballo; en él predomina el color negro porque fue elaborado con ceniza, a diferencia de las pinturas prehispánicas trabajadas con pigmentos de colores.


El arqueólogo dijo que dentro de otras cuevas también se encontraron artefactos de metal y gran cantidad de rastrojo, principalmente para caballos, lo que indica que esos espacios fueron usados por lo apaches para resguardar animales.


Gamboa añadió que durante los trabajos de restauración que se realizan en la Cueva de Las Jarillas –donde se conserva uno de los conjuntos de “casas en acantilado” más grandes de toda la región– se localizaron gran cantidad de objetos prehispánicos de la cultura paquimé, entre los que destacan piezas de turquesa, concha, cerámica de la región de Madera, con imágenes que hacen referencia a la arquitectura y sus deidades totémicas como la del perico.


También fue hallada otra pintura mural, ésta de la cultura paquimé, en la que están plasmadas figuras de humanos con cabezas de animales y seres que combinan diversas partes de aves y peces.


Detalló que las piezas prehispánicas localizadas permiten advertir cómo vivió la cultura Paquimé en las “casas en acantilado”.

11.12.10

MONTE AREO - GIJON

El Monte Areo, o monte de San Pablo , es un monte que se encuentra entre los concejos asturianos de Gijón y Carreño (España). Tiene unos 7 km de longitud y su máxima cota se sitúa en los 264 metros.
La denominación de monte de San Pablo debido a la existencia de una capilla en su cima dedicada al apóstol hoy desaparecida.[1] Este lugar fue emplazamiento de las Aras Sextianas, monmumento en honor a César Augusto emperador de Roma, erigido hacia el año 19 D.C. como monumento sobre el triunfo de las tropas romanas ante las tribus astures que poblaban la zona.
Etimológicamente la palabra Areo podría provenir de monte de Iroba o monte de las Aras[2]
El monte es famoso por su necrópolis (abajo) y por el ramal del camín de la mesa (abajo)

Contenido

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[editar] Necrópolis

La necrópolis situada en el monte Areo es la mayor de Asturias[3] y una de las mayores de España son sus cuatro km2 de superficie total con la existencia de elementos funerarios con una antigüedad de cinco mil a tres mil años en el caso de los dólmenes.
La existencia de los túmulos ya era conocida en el siglo XVIII,[4] sin embargo excavaciones en la zona se iniciaron por González Besada a comienzos del siglo XIX, aunque la mayor parte de ellos se encontraron en las excavaciones dirigidas por Miguel Ángel de Blas Cortina en el siglo XX.
En la actualidad existen cerca de treinta túmulos funerarios del Neolítico repartidos por la mitad de la ladera y la cima, en dos dos zonas denominadas los Llanos y Les Güelgues de San Pablo, lo que nos indica la grandes connotaciones sagradas en la zona desde hace varios milenios.

Dolmen "Monte Areo XV".
Los restos arqueológicos más destacables son dos cámaras funerarias cuya planta es cuadrada, un dolmen de planta trapezoidal y un dolmen de corredor. La Necrópolis megalítica del Monte Areo fue catalogada como Bien de Interés Cultural en 1997.
En la actualidad (año 2007) se han encontrado un total de treinta y cinco túmulos de los que han sido excavados dos permaneciendo a la vista, continuando las labores arqueológicas de investigación por parte de un equipo perteneciente a la Universidad de Oviedo perteneciente al departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Oviedo, bajo la supervisión de Miguel Ángel de Blas Cortina, ha desarrollado diversas fases de investigación.

[editar] Aula del Neolítico

Existe para el estudio y entendimiento de la zona tumular una aula de interpretación del yacimiento arqueológico para visitantes. En esta aula se imparten clases de diferentes tipos entre las que cabe destacar los talleres de arqueología, fabricación de arcos, cerámica, tintes, etnografía, visitas guiadas y construcción de un dolmen.
Hay un túmulo excavado y preparado para la observación.

[editar] Camín de la mesa

En el monte quedan restos de un ramal del camín de La Mesa, calzada romana que unía el asentamiento romano y castrense de la campa de Torres en Gijón con Astorga.
Los mayores vestigios de esta calzada, en el monte, se encuentran en la zona conocida como Peña'l Carru.

[editar] Area recreativa

En el año 1999 se construyó en el monte un área recreativa . El área consta de 22.000 m2 conteniendo veinte conjuntos de mesa con bancos y ocho barbacoas, diversos contenedores de basuras y varios bancos rústicos de descanso. Fue inaugurada el 28 de mayo de 1999 por el presidente del Principado Sergio Marqués Fernández y el alcalde de Carreño Joaquín Raimundo Fernández. La obra tuvo una inversión de diez millones de pesetas.

[editar] Bibliografía

  • De Blas Cortina, Miguel Angel (2000). Monte Areo, en Carreño ( Asturias ), El "Un territorio funerario de los milenios V a III A. de Jc.". Oviedo: Ayuntamiento de Carreño. ISBN 978-84-920488-5-4. 
  • Guía de itinerarios rurales. Monte Areo. Gijón: Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón. 2000. ISBN. 

[editar] Referencias

  1. Jovellanos cita en su diario, el 14 de julio de [1792]
    «Súbese el monte San Pablo (o Areo) y corriendo por él se baja al valle de Carreño, atravesando el camino por la parroquia de Güimarán. Terreno hermoso, fértil, bien cuidado y plantado»
  2. Conclusión de los estudios de Marino Busto
  3. Noticia El Comercio
  4. González de Posada, en su libro manuscrito de 1792 ya cita
    «tumbos» o «mámulas» en medio de las llanuras de la montaña, junto a varias lagunas

[editar] Enlaces externos

Monsacro - DOLMEN - Ntra. Sra. del Monsagro de MORCIN

Monsacro
Situación geográfica: Concejo de Morcín (Asturias)
Tiempo total de la travesía: 2 Horas

DOLMEN DEL MONSACRO
NTRA. SRA. DEL MONSAGRO DE MORCÍN


El Monsacro preside todas las tierras de Morcín. Enclavado en el centro de Asturias, su gran mole se alza sobre los caseríos de este municipio, donde sus moradores le designan tambien con el nombre de la Magdalena. Es una montaña que a trechos enseña su calcarea peña y en otros su cubierta vegetal, herbacea por lo alto y arborea en la base. Desde su cima se contempla, en días de buena visibilidad, la más amplia panorámica de la region, desde el mar hasta la Cordillera Cantábrica. El Monsacro es una montaña plagada de historia, ya en época precristiana se impuso como lugar sagrado. En la montaña existen túmulos funerarios y sepulturas de la era megalítica y se documentan cultos primitivos a Teleno. En la actualidad pueden visitarse las ermitas de la Magdalena y de Santiago (ambas del s. XII).
Para visitar esta montaña (profanada ecológicamente, con la colocación de varias torres de tendido eléctrico) hemos de partir de tres lugares diferenciados: La Collada (ruta más usada), Via Parada y Los Llanos. Desde La Collada tomamos el camino de La Llorera que sube empinadamente hasta la plataforma que sostiene a vega de les Capilles y a la capilla de "Abajo"; atravesamos la vega en dirección a la capilla de "Arriba", ambas recientemente restauradas. Rebasada esta, seguimos al sur para alcanzar la cima. Como travesía, descendemos a La Foz por una pista que enlaza en Los Llanos con una carretera.




En la cumbre del Monsacro y en algunas de sus estribaciones se localizaron varios túmulos y un hacha pulimentada, obra de pastores neolíticos que colonizaron estos territorios. De época posterior, sin mayor precisión a falta de excavaciones, es el castro del Pico Llera, en la parroquia de San Esteban. Más interesante resulta una lápida localizada en la falda del Monsacro hacia 1800, y llevada hasta Castandiello, de donde en 1956 pasó al Tabularium Artis Asturiensis. Se trata de una estela funeraria en la que aparece citado un grupo gentilicio, la gente Abilicorum. Las gentilidades eran organizaciones basadas en el párentesco, características de los astures prerromanos de la zona central y oriental. Tanto los nombres del dedicante Tiogilo, como los del difunto Vianeglo y su padre Segeo, que aparecen en la lápida, son prerromanos. Pone ello de relieve como en época de la dominación romana seguían vigentes algunas formas de organización indígena, quizás aprovechadas por los romanos en su esquema de organización administrativa y territorial.
Una tradición, documentada a partir del siglo XI, refiere como el Arca Santa, conteniendo numerosas reliquias, había sido trasladada desde Jerusalén a Toledo a comienzos del siglo VII, para evitar que cayera en manos paganas. Un siglo después, tras la invasión musulmana, los cristianos huyeron con ella a Asturias, guardándola en una cueva en lo alto del Monsacro, donde permaneció hasta su traslado por Alfonso II a la capilla de San Miguel, a comienzos del siglo IX, capilla que sería por ello conocida como Cámara Santa.
Diversas versiones de este relato, con evidentes contradicciones históricas, se documentan desde finales del siglo XI, recogiéndose una de ellas en el Liber Testamentorum, redactado a comienzos del siglo XII bajo la dirección del obispo Pelayo. La difusión de esta historia generó un movimiento peregrinatorio subsidiario desde Oviedo hacia la cima del Monsacro, ya que la estancia durante un siglo en ese lugar de las sagradas reliquias contenidas en el Arca había transmitido a la tierra y, por extensión, a todo el monte, el carácter de sagrado, razón por la cual los romeros sacaban tierra del pozo llamado de Santo Toribio. Ello no se contradice con que el monte tuviera ya con anterioridad cierto carácter de sacralidad, pues es sabido que en la religión antigua los montes eran divinizados. De hecho, el nombre del Aramo, del que el Monsacro es una estribación, es un teónimo que seguramente designaría a un monte o a un pico determinado y que luego se extendió a todo el cordal. 
El Monsacro preside todas las tierras de Morcín. Enclavado en el centro de Asturias, su gran mole se alza sobre los caserios de este municipio, donde sus moradores le designan también con el nombre de la Magdalena. Es una montaña que a trechos enseña su calcárea peña y en otros su cubierta vegetal, herbácea por lo alto y arbórea en la base. Desde su cima se contempla, en días de buena visibilidad, la mas amplia panorámica de la región, desde el mar hasta la Cordillera Cantábrica. El Monsacro es una montaña plagada de historia, ya en época precristiana se impuso como lugar sagrado. En la montaña existen túmulos funerarios y sepulturas de la era megalítica y se documentan cultos primitivos a Teleno. En la actualidad pueden visitarse las ermitas de la Magdalena y de Santiago (ambas del s. XII).
C. Cabal opina que la ermita octogonal del Monsacro debe su traza poligonal al hecho de haber sido construida sobre la planta de un dolmen o túmulo dolménico cuya cámara funeraria se correspondería con el Pozo de Santo Toribio, antes citado. Y  P. Carvallo nos informa que el recuerdo de Santo Toribio estaba tan enraizado en los dólmenes que la tradición popular asturiana lo consideraba, a efectos devocionales, como patrón de tales monumentos prehistóricos. 
Para visitar esta montaña (hace poco tiempo fue profanada ecológicamente, con la colocación de varias torres de tendido eléctrico) hemos de partir de tres lugares diferenciados: La Collada (ruta mas usada), Via Parada y Los Llanos. Desde La Collada tomamos el camino de La Llorera que sube empinadamente hasta la plataforma que sostiene a vega de les Capilles y a la capilla de "Abajo"; atravesamos la vega en dirección a la capilla de "Arriba", ambas recientemente restauradas. Rebasada esta, seguimos al sur para alcanzar la cima. Como travesía, descendemos a La Foz por una pista que enlaza en Los Llanos con una carretera.
 
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  • Lugar: Monsacro.




  • Provincia o C. Autónoma.: Principado de Asturias




  • Edificaciones atribuidas al Temple:: Capilla de la Magdalena y Capilla de Nuestra Señora del Monsacro.




  • Reliquias: Arca Santa de las Reliquias e imagen románica (Virgen Negra) de Ntra. Sra. de Monsagro.




  • Observaciones: Sin documentación que avale la pertenencia al Temple pero con existencia de indicios inequívocamente templarios. Tradición dolménica en la zona.




  • Bibliografía: ATIENZA, JUAN G., Los enclaves templarios, ed. Martínez Roca, Barcelona, 1995; ALARCÓN, RAFAEL, A la sombra de los Templarios, ed. Martínez Roca, Barcelona, 1998.




  • Hemerografía: DE LUIS, CARLOS Mª, Tras las huellas de los templarios, diario La Voz de Asturias, 17-2-1985, y serie de artículos en el mismo diario de fechas 27/1/85, 3/2/85, 10/2/85, 24/2/85, 3/3/85, 10/3/85, 17/3/85 y 24/3/85.







  • Mapa de situación

    Saliendo de Oviedo en dirección sur, en el concejo de Santa Eulalia de Morcín nos encontramos con la mole rocosa del Monsacro, montaña sagrada ancestral. El itinerario para alcanzar el lugar se encuentra en Rutas de Asturias, de Magín Berenguer, una de las mejores guías existente del Principado. Se puede subir en vehículo por la pequeña carretera de San Sebastián de Morcín y luego a pie, de los 150 a los 800 metros de altura, se alcanza la Silla del Obispo, y, a unos trescientos metros, una pequeña meseta cercana a la cumbre llamada la Majada de las Capillas, por las dos capillas medievales que allí se encuentran, denominadas capilla de abajo y capilla de arriba por su situación geográfica relativa a los extremos que ocupan, las cuales se hallan separadas por el Prau del Ermitaño.
    Carlos María de Luis, en una serie de artículos publicados en 1985 en el diario La Voz de Asturias, y más concretamente en el que lleva por título Tras la huella de los Templarios, describe los templos del Monsacro y explica la tradición dolménica, basada en el pozo de la ermita octogonal, que es un pozo dolménico. También basa esta tradición en el nombre que recibe dicho pozo: el pozo de Santo Toribio. La convergencia fonetica con una lengua indígena prerromana, Taurus, cuyo equivalente medieval es Turo, significa montículo, y de estas raíces saldría el nombre de Toribio.
    En los otros artículos de dicha serie se habla de las leyendas del Monsacro, basadas en el Arca de la catedral de Oviedo, que estuvo en la cima del monte, y de los extraños monjes del Monsacro.

    Vista panorámica del Monsacro

    La capilla de abajo, datada en el siglo XIII, es de nave rectangular y ábside en cabecera semicircular, orientada al este y cuyo estilo denota un románico tardío. Esta dedicada a la Magdalena y probablemente es lo único que queda de una posible encomienda.

    Capilla de abajo o de La Magadalena

    Pero nuestro mayor interés se centra en la capilla de arriba o de Nuestra Señora del Monsacro, que confiere al enclave su mayor misterio.

    Capilla de arriba o de Nustra Señora del Monsacro Aproximación a la capilla octogonal de arriba o de Nuestra Señora del Monsacro
    Es una capilla de planta octogonal que por su estructura corresponde al románico, pero la ausencia de elementos arquitectónicos secundarios hacen imposible saber a que período concreto. Si perteneció al románico primitivo o al románico tardío es cuestión que suscita polémicas actualmente sin solución.
    A lo largo del tiempo a sufrido varias reestructuraciones habiéndole sido añadidas cada una de las cuatro partes de las que consta, siendo la nave octogonal de lados desiguales y mampostería irregular la más antigua.
    La portada situada al Noroeste con signos de haber sido restaurada en diferentes épocas, es sencilla y sin decoración. Al Oeste tiene una pequeña ventana y unos curiosos huecos, dos por cada lado del octógono, en la parte superior de los muros a unos dos tercios del suelo.

    Portada de Nuestra Señora del Monsacro

    En el lado Este del octógono tiene un ábside de dos tramos: uno rectangular y otro semicircular con sillares tallados, aunque en su casi totalidad esté levantado con mampostería irregular. Es también de estilo románico y de no mucho tiempo después a la construcción principal. Interiormente estuvo cubierto de pinturas, algunas de las cuales alcanzó a ver y fotografiar J.M. González en 1958 pero que hoy han desaparecido, representando escenas de la Virgen con el Niño y una curiosa vista de la ermita de abajo por su cara sur.

    Vista lateral de Nuestra Señora del Monsacro

    Junto al ábside, en el lado Sureste, se encuentra un recinto trapezoidal irregular excavado en la propia caliza de la ladera que se denomina la "Cueva del Ermitaño". Su cubierta y arcos son de medio punto, por lo que se deduce su origen igualmente románico.
    En el interior de la capilla el empedrado del suelo parece haber sido retocado recientemente, perdiendo su disposición primitiva, mientras que en el lado Sur conserva un curioso altar hueco que cubre un pozo de un metro de profundidad, el "Pozo de Santo Toribio"; donde se cree estuvo el Arca de las Reliquias de la Cámara Santa de Oviedo, después de su desembarco en Luarca procedente de Tierra Santa, tal como recoge Jesús Evaristo Casariego en su obra El arca de las reliquias... Este pozo actualmente no tiene agua, pero la gente extraía tierra milagrosa. Cerca de las dos capillas se descubrió una necrópolis precristiana de tipo tumular, lo que le confiere al lugar su carácter sagrado más ancestral. En Los enclaves templarios, Juan G. Atienza nos dice que “casi sin lugar a dudas, la religiosidad inspirada por aquel espacio fue asimilada también por anacoretas de los primeros tiempos del Cristianismo”.

    Altar hueco situado sobre el Pozo de Santo Toribio

    Finalmente, la cuarta parte de la construcción son las bóvedas, realizadas en piedra porosa ligera traida de otro sitio, mientras que los muros están elevados utilizando la caliza tan abundante en el Monsacro. Además, la bóveda del octógono se sustenta internamente mediante arcos ojivales cuyos nervios se unen en el centro, solución típicamente gótica y por tanto posterior al resto de la capilla.
    Tal como señala Rafael Alarcón, en A la sombra de los templarios, "esto podría carecer de importancia si no fuera por las consecuencias que de ello se derivan para la estructura general del edificio. Efectivamente, M.A. Cadrecha apunta la hipótesis de que primitivamente la cubierta del octógono fuera de madera con un apoyo central en forma de columna, bien de madera o de piedra, que encajaría en el extraño hueco del suelo en el centro del octógono. Volvemos a encontrar pues -dice Alarcón- el esquema de la columna central, el "Axis Mundi" o "Arbor Vitae", en un edificio poligonal. Pero hay algo más: es muy posible que junto con la existencia de un soporte central ligado a él debamos suponer la presencia de un segundo piso interior en la capilla, realizado en madera, que se sustentaría tanto en la supuesta columna central como en los muros laterales, en éstos mediante los curiosos huecos, ya señalados, que cual mechinales aparecen emparejados en cada lado del octógono.

    Planta del templo de Nuestra Señora del Monsacro
    Con todos los elementos citados obtenemos una composición de conjunto en la que la distribución espacial del edificio en su forma original nos remite al esquema general tantas veces citado en relación con las capillas poligonales del Temple: la cueva, el altar inferior, el árbol central, la estancia superior. Esquema que hemos visto repetido en San Baudelio de Berlanga, la Vera Cruz de Segovia y la Rotonda de Tomar...
    Pero los enigmas de la capilla octogonal del Monsacro no terminan en su peculiar estructura y en sus posibles variantes sobre el modelo original, antes bien, comienzan con dicha estructura y su posible funcionalidad sincrética perpetuando cultos "paganos" ancestrales.
    C. Cabal, en su obra Alfonso II el Casto, opina que la ermita octogonal del Monsacro debe su traza poligonal al hecho de haber sido construida sobre la planta de un dolmen o túmulo dolménico, cuya cámara funeraria se correspondería con el Pozo de Santo Toribio, antes citado. Y P. Luis Alfonso de Carvallo, en Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias, nos informa que el recuerdo de Santo Toribio estaba tan enraizado en los dólmenes que la tradición popular asturiana lo consideraba a efectos devocionales, como patrón de tales monumentos prehistóricos.
    En realidad -continúa refiriéndonos Alarcón- no se trata más que de la cristianización sincrética de antiguas piedras sagradas, tras el "anatema sobre los adoradores de piedras" lanzado en los primeros tiempos del cristianismo. Así, sobre los sagrados dólmenes surgen las sagradas iglesias, como es el caso de las asturianas emplazadas en Abamia, Mian y Cangas de Onís, de cuya cripta dolménica los devotos extraían tierra milagrosa y curandera, tal como nos recuerda Atienza en sus obras Guía de la España Mágica y Los supervivientes de la Atlántida.
    Sobre la historia de este singular enclave, señala el propio Atienza que “el rey Fernando II de León entregó el Monsacro a un fraile, Rodericus Sebastiánez, sin más especificaciones, pero que pudo ser, seguramente, un frater templario, si recordamos los favores que este rey leonés concedió a la Orden.
    Por su parte, Alarcón, nos explica que no existe documentación que atribuya estas capillas a una congregación o comunidad especifica, salvo un documento del Rey Fernando II de León, fechado a 1 de Julio de 1.158, por el cual otorga el territorio comprendido entre la meseta y la cumbre del Monsacro a unos fratres de Monte Sacro, por lo que parecería lógico atribuir a estos fratres la construcción de estas capillas. Pero, ¿quiénes son estos fratres misteriosos? El documento real hace referencia a fratres: hermanos, y no ermitaños o monjes. También dicho documento se refiere a una comunidad ya establecida y no a una que se crea como consecuencia de la donación. ¿Se trata de "fratres milites" o "freyres milites", denominación habitual de los hermanos del Temple durante el medievo?
    Otros indicios que afianzan más la teoría de que estas capillas son de origen templario y que nos encontramos ante una encomienda templaria son:
    1.- El enclave geográfico de origen mágico-sagrado: el hecho de haber descubierto en el asentamiento de la capilla circular un conjunto tumular de origen megalítico, con elementos considerados talismanes y dólmenes de la misma época, uno de los cuales yace debajo de esta capilla, hace pensar en la convergencia sobre este enclave concreto de fuerzas telúricas, aspecto muy valorado por los Templarios a la hora de situar sus capillas octogonales con fines iniciáticos.
    2.- La adoración en esta capilla de una Virgen Negra, Ntra. Sra. del Monsagro, de origen atribuido a varias leyendas y hoy perdida por los avatares de la Guerra Civil, otra característica de los Templarios.